ENTREVISTA CEVICHERIA (15649582)
El proyecto está a cargo de chef Alejandro Acosta y su esposa Ellen Byun.Leonardo Velasco Palomeque

Taste the film, la experiencia de ‘probar’ una película

El restaurante quiteño sirve un menú construido a partir de escenas, emociones y tiempos narrativos del cine

En la pantalla, el Grinch avanza por Villa Quién mientras mastica una cebolla cruda. La escena es breve, casi un gesto automático del personaje, pero en la sala, minutos después, las luces se atenúan y a la mesa llega una sopa de cebolla francesa, servida en silencio, con una tostada de queso flambeada al instante. El plato aparece sincronizado con la proyección, sin anuncios ni pausas. La película continúa y el comensal prueba una preparación que no replica la imagen, pero dialoga con ella.

Más adelante, cuando Cindy Lou canta “¿Dónde estás Navidad?” y el relato se vuelve introspectivo, el siguiente tiempo rompe con la lógica clásica del menú. El plato se llama Vidrios rotos y se presenta como una composición frágil, elaborada con técnicas contemporáneas. “Quería un plato que se sienta vacío, roto, aunque esté hermoso, aunque sea muy bonito, que se sienta melancólico”, explica el chef Alejandro Acosta. En la pantalla, la canción avanza; en la mesa, la textura cruje y se deshace.

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La experiencia corresponde al menú inspirado en El Grinch, una de las propuestas recientes de Taste The Film, un restaurante ubicado en la avenida Eloy Alfaro y Catalina de Aldaz, en Quito, que combina cine y gastronomía en un formato inmersivo. Cada función se desarrolla con la película completa en proyección y un menú de siete tiempos que aparece en escenas específicas, diseñado para activar distintos sentidos de manera simultánea.

Una apuesta innovadora

Taste The Film abrió sus puertas en noviembre de 2024 y funciona con una sola experiencia diaria, de jueves a domingo, para un máximo de 16 comensales por noche. El proyecto está a cargo de Alejandro Acosta y su esposa Ellen Byun, responsable de la ambientación visual del espacio. “Esto no es un cine. Es un restaurante de alta cocina. La película es uno de los ingredientes de mis platos”, señala Acosta.

La idea surgió a partir de un video viral sobre un restaurante similar en Inglaterra. “Mi esposa me dijo: ‘¿Por qué no hacemos esto?’. Al inicio la idea era algo mucho más casual, pero yo sentía que no podía ser así. Para que la experiencia funcione, detrás tiene que haber una logística muy fuerte”, recuerda el chef, formado en alta cocina y dirección gastronómica en Barcelona.

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La primera prueba se realizó con Ratatouille, elegida por su vínculo directo con la cocina y por su reconocimiento colectivo. “Todo el mundo la ha visto, todo el mundo la ama, y muy poca gente ha probado realmente un ratatouille. Era perfecta para que la gente entienda el concepto”, explica. Esa función piloto se hizo con un grupo reducido y permitió ajustar tiempos, servicio y ritmo del menú.

Desde entonces, la propuesta ha ido evolucionando. “Siempre hemos ido mejorando cada cosita que podamos. La experiencia no puede fallar porque no puedes parar la película si un plato se demora. Todo tiene que salir en el segundo exacto”, dice Acosta. Actualmente, todos los menús incluyen maridaje y no existe opción a la carta: el comensal asiste a una experiencia cerrada y previamente diseñada.

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Cada función se desarrolla con la película completa en proyección y un menú de siete tiempos que aparece en escenas específicas.Cortesía Daniel Torres

Cocinar escenas, emociones y silencios

El proceso creativo cambia según la película. En algunas, como Ratatouille, los platos se inspiran directamente en lo que aparece en pantalla. En otras, donde no hay referencias gastronómicas explícitas, el menú se construye desde la emoción o el ritmo narrativo. “Hay películas donde no hay comida en escena. Ahí se trata de hallar cómo puedo traer la escena que estoy viviendo a través de la cocina, recrear visualmente lo que estoy viendo o trabajar con lo que se escucha”, explica el chef.

En el caso de El Grinch, la narrativa culinaria se desarrolló desde el punto de vista de Cindy Lou. “Para mí ella es la narradora de la película. Me inspiré en sus sensaciones: la pena, el vacío, la calidez, la dulzura. A partir de eso fui creando los platos”, cuenta Acosta. El menú incluye preparaciones que dialogan con la tradición navideña, técnicas francesas y recursos de cocina contemporánea.

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La experiencia más desafiante para Acosta fue diseñar un menú inspirado en El Menú, un filme que sigue a un grupo de comensales que viajan a un restaurante exclusivo en una isla remota donde el chef Julian Slowik ha preparado una serie de platos que se entrelazan con monólogos inquietantes y revelaciones personales, y que culminan en un desenlace estremecedor para todos los invitados. 

“El menú de El Menú es superfuerte porque es una película que sí tiene un montón de alta cocina, que muestra el mejor restaurante del mundo y aparte tiene 11 tiempos en pantalla”, relata Acosta, aludiendo al número de tiempos en la película y a la complejidad de adaptar esa estructura para el público real.

TASTE THE FILM
En 'El Grinch' se integraron técnicas complejas con sabores navideños e ingredientes locales.Cortesía Daniel Torres

El reto del paladar ecuatoriano

Taste The Film recibe adultos y niños desde los 10 años. La relación con el público ha sido parte del aprendizaje del proyecto. “El paladar ecuatoriano es específico. Aquí estamos acostumbrados a ciertos sabores y temperaturas. Ha sido un proceso de adaptar mi cocina, pero también de compartir lo que yo he aprendido”, señala. “Nunca voy a preguntar el término de la carne. Aquí siempre sale término medio, y después muchos me dicen que ahora así la comen”.

Esa interacción constante ha redefinido también algunas decisiones del espacio. Acosta reconoce que al inicio le generaba dudas recibir a niños en una experiencia de alta cocina, pero el resultado fue distinto al esperado. “Ver que muchos niños vienen, disfrutan y entienden la experiencia ha sido de las cosas más bonitas. Mantienen lo lúdico, pero con una actitud muy educada, como en un restaurante de alta cocina”, explica. A partir de esa experiencia, el proyecto abrió sus puertas a comensales jóvenes, bajo la idea de que el cine y la cocina pueden convertirse en una vía para despertar curiosidad, memoria y aprendizaje desde edades tempranas, sin modificar la estructura ni el ritmo de la propuesta.

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Para 2026, el restaurante prevé iniciar el año con Shrek en enero, seguido por Charlie y la fábrica de chocolates, para febrero, el mes del Amor y la Amistad. “Queremos hacer un menú de siete tiempos de chocolate que no sea cansón, que no sea todo dulce, sino un menú bien pensado, bien equilibrado”, adelanta Acosta. El crecimiento del proyecto será gradual. “Queremos llegar a más personas, pero nunca quitarle la excelencia a la experiencia”.

Taste The Film funciona únicamente bajo reserva, que se paga por adelantado. El valor es de 65 dólares por persona, incluido IVA, e incluye bebida de bienvenida, menú de siete tiempos y maridaje completo. “Está diseñado de esa manera para que la gente venga aquí y no piense en nada más que en disfrutar la experiencia”, concluye el chef.

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