
Extorsiones en Guayaquil: La amenaza silenciosa en barrios populares
Denuncias y alertas muestran que la extorsión no cede; expertos advierten que la ‘vacuna’ es uno de los delitos más rentables
Vivir bajo la promesa de que si se paga una determinada cantidad de dinero, los ‘malos’ garantizarán trabajar en paz en cualquier punto de la ciudad es una realidad que se ha ido normalizando con los años en varios barrios de Guayaquil.
“Están cobrando 1.500 dólares por cada persona. Vivo en Monte Sinaí y por acá el miedo es de todos los días”, cuenta una ciudadana a la que por seguridad llamaremos María.
Su testimonio refleja una dinámica que se ha extendido silenciosamente en distintos sectores del país. La declaratoria de estados de excepción y la militarización de varias provincias no han logrado contener uno de los delitos que más se han expandido en Ecuador en los últimos años: la extorsión.
Operativos policiales y la persistencia de las “vacunas”
Mientras los operativos policiales y militares suelen concentrarse en homicidios, incautación de armas o narcotráfico, las llamadas ‘vacunas’ continúan multiplicándose en barrios populares, mercados y rutas de transporte público.
Las cifras muestran que el problema se mantiene en niveles elevados. Según datos de la Fiscalía General del Estado, en 2025 se registraron 16.129 denuncias por extorsión, lo que ubica a este delito entre los más reportados en el país.
El comportamiento ha sido irregular pero sostenido desde 2023. Ese año se registraron más de 17.000 denuncias, mientras que en 2024 la cifra superó las 19.000, lo que evidenció un incremento cercano al 11 %. Los registros de emergencias también reflejan la presión creciente sobre la ciudadanía. El ECU-911 reportó 3.092 alertas por extorsión entre enero y mayo de 2025, un 81 % más que en el mismo periodo de 2023.
Transformación de las economías criminales
Para el analista en seguridad Fernando Rivera, el fenómeno responde a una transformación en las economías criminales. “Las bandas han diversificado sus ingresos. El narcotráfico sigue siendo central, pero la extorsión es una fuente constante de dinero y tiene menos riesgos operativos”, explica.
Los grupos criminales han focalizado sus cobros en actividades con alta circulación de efectivo y baja capacidad de defensa institucional. En ese escenario también emerge lo que especialistas denominan ‘crimen desorganizado’: actos delictivos espontáneos, violentos y fragmentados, ejecutados por bandas locales o incluso por individuos que no forman parte de grandes estructuras jerárquicas.
En sectores como Nueva Prosperina, esta dinámica se mezcla con otras formas de intimidación cotidiana.
Impacto en la vida cotidiana de los ciudadanos
“Familias con carro o moto sufren robos y luego les cobran para devolvérselos. Monte Sinaí va de mal en peor. Y los policías no hacen absolutamente nada porque el mayor que está a cargo está vendido. Vivimos con esa incertidumbre todos los benditos días”, sostiene María.
En las zonas comerciales populares, la situación tampoco es distinta. En la Bahía de Guayaquil, uno de los principales polos comerciales de la urbe, comerciantes denuncian que las amenazas se han vuelto parte de la rutina.
Las llamadas y mensajes exigiendo pagos por “seguridad” son frecuentes. Pedro (nombre protegido), vendedor de accesorios para celulares, asegura haber recibido advertencias directas tras negarse a pagar. “Por acá en la Bahía la situación está complicada. Las llamadas aumentan haciéndose pasar por clientes para compartir información”, revela.
Objetivos frecuentes de las bandas criminales
Tiendas de barrio, restaurantes y pequeños emprendimientos también figuran entre los blancos más recurrentes.
El patrón suele repetirse: una llamada inicial, seguida de mensajes, panfletos o audios con amenazas. En algunos casos, las intimidaciones escalan e incluyen envíos de balas o fotografías de familiares.
La Policía Nacional trabaja junto a la Unidad Antisecuestros y Extorsión (Unase) para investigar estos delitos.
Mientras haya capacidad para cobrar ‘vacunas’, la extorsión seguirá siendo uno de los delitos más extendidos.
Limitaciones institucionales frente a la extorsión
Sin embargo, expertos advierten que la capacidad institucional todavía es limitada frente al crecimiento del fenómeno. Uno de los principales obstáculos es que la mayoría de los casos no se denuncian en flagrancia, lo que complica las detenciones inmediatas.
En 2025, más del 90 % de las denuncias registradas en la Fiscalía correspondieron a hechos no flagrantes. El criminólogo Mauricio Benavides explica que la estructura del delito también dificulta su persecución. “La extorsión funciona como una red. Hay cobradores, intermediarios financieros y líderes que muchas veces operan desde las cárceles”, precisa.
Para los especialistas, la persistencia de este delito revela un problema mucho más profundo: el control territorial que han consolidado ciertas organizaciones criminales, capaces de operar como autoridades paralelas en determinados espacios urbanos.
Extorsión digital y remota: nuevos métodos criminales
Los métodos de extorsión también han evolucionado. Por ejemplo, con los cobros digitales, los pagos se realizan cada vez más mediante transferencias, billeteras móviles o depósitos en cuentas de terceros. Esto dificulta el rastreo financiero.
Por otro lado está la extorsión remota, en la que las amenazas ya no siempre provienen de delincuentes cercanos al negocio. En muchos casos se realizan desde cárceles o desde otras ciudades mediante llamadas o redes sociales.
También aparece la inteligencia criminal previa: las víctimas reciben información detallada sobre su rutina, familiares o ubicación de su negocio.
El sociólogo Jorge Miranda, investigador en seguridad urbana, resume el fenómeno de manera contundente: “Cuando una banda logra dominar un barrio o un mercado, la extorsión deja de ser un hecho aislado. Se convierte en un sistema. Es una forma de gobernanza criminal”.