
Toque de queda: ¿es todavía una medida efectiva ante el crimen?
Hay dudas sobre estrategia. Medida daría tiempo para que se reorganicen. Restricciones horarias no desmantelarían bandas
¿Fueron prevenidos para qué? Esta es una de las dudas que tienen expertos en seguridad consultados por EXPRESO. El lunes 2 de marzo, el presidente Daniel Noboa anunció con anticipación un toque de queda en cuatro provincias, el cual se ejecutará a mediados del mes.
Esta medida, analiza Carla Álvarez, docente e investigadora de la Escuela de Seguridad y Defensa del Instituto de Altos Estudios Nacionales, en lugar de ser estratégica, adoptó un tono burocrático, como si se tratara de una disposición rutinaria. Además, alteró el carácter excepcional de un toque de queda, cuyo propósito original es atender fenómenos inmediatamente. Por esta razón, tradicionalmente se ejecuta el mismo día de su anuncio.
El riesgo de dar tiempo de reacción al crimen organizado
Al anunciarse el toque de queda con antelación, lo único que se logró fue dar tiempo a los grupos criminales para prepararse, señala Jean Paul Pinto, consultor en temas de seguridad. “Estas agrupaciones narcocriminales estarían reorganizando su logística para que la medida no les afecte”, advierte.
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En ese punto coincide Álvarez, quien considera que las restricciones horarias no logran desmantelar las redes criminales. “Si anticipas a los criminales que habrá restricciones de movilidad en determinados días, provincias y horarios, simplemente se moverán en otros momentos. No dejarán de cometer ilícitos”.
No obstante, Wilson Goyes, coronel retirado y director de la Escuela de Riesgo de la Universidad Internacional del Ecuador, asegura que esta estrategia permitirá a las fuerzas del orden fortalecer su labor de inteligencia. Además, considera que facilitará que los criminales salgan a la luz en estos días y puedan ser identificados.
Dudas sobre la eficacia del estado de excepción
Sin embargo, Andrés Williams, experto en seguridad, señala que durante el tiempo que lleva Daniel Noboa en el poder, “el 80 % del período hemos estado bajo estado de excepción, pero no ha funcionado; los asesinatos incluso se han incrementado”. Añade que Ecuador cerró 2025 con más de 9.000 muertes violentas.
Por ello, Williams sostiene que si el objetivo es contener al crimen organizado, esta medida no será efectiva, pues se enfocaría solo en las zonas urbanas. Además, si la Policía Nacional no ejerce soberanía en los territorios, como ocurre en San Lorenzo, ciudad fronteriza al norte de Esmeraldas, estas áreas seguirán bajo el control de los grupos criminales.
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Por ello, Jean Paul Pinto enfatiza que este toque de queda no responde a una estrategia de seguridad, sino que, de alguna manera, el régimen busca justificar ante la ciudadanía que está actuando. En ese sentido, advierte que “las autoridades no deben seguir insistiendo en estrategias que no funcionan”.
De manera complementaria, Álvarez asevera que las acciones de seguridad del Gobierno carecen de un objetivo transversal. Los discursos grandilocuentes contra el narcotráfico funcionan más como un instrumento de comunicación para unificar las acciones que como una estrategia efectiva, dice.
El impacto psicológico en la población
Sin embargo, Williams alerta que esta medida solo servirá para generar miedo psicológico en la población, por lo que el régimen no debe abusar de ella. “En un estado de guerra, la gente, en su deseo de recuperar la paz, puede llegar a sacrificar incluso su libertad”.
Goyes afirma que la medida no será suficiente. Por ello, plantea que el Gobierno enfoque sus esfuerzos en atacar la minería ilegal, principal sostén de las estructuras criminales.
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Incógnitas sobre la medida
Que el toque de queda se aplique en las provincias de Guayas, Los Ríos, Santo Domingo de los Tsáchilas y El Oro, según Andrés Williams, respondería al interés del Gobierno por mantener el control político de estos territorios. Además, permitiría al Ejecutivo ejecutar acciones tras las intervenciones que ha hecho en las dependencias de la Agencia Nacional de Tránsito, o responder anticipadamente a posibles conatos de protesta social que se generarían por alguna de sus medidas.
Estas y otras incertidumbres, considera Carla Álvarez, se deben a que el presidente no transparenta sus acciones. Advierte que aunque la ciudadanía le ofrezca el beneficio de la duda, deberá implementar estrategias que respondan de manera contundente a lo que ocurre en la nación.
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