Inseguridad
Expertos en seguridad cuestionan cifras de violencia en Ecuador presentadas por Daniel Noboa
Analistas advierten que una baja de homicidios no implica menor criminalidad y piden evaluar desapariciones, control territorial y sostenibilidad de los datos

En ocasiones, en las calles de Guayaquil se pueden observar militares que recorren la ciudad.
Lo que debes saber
- Ecuador se encuentra en estado de conflicto armado interno oficialmente desde el 9 de enero de 2024.
- Según datos de InSight Crime, Ecuador figura como el tercer país más peligroso de la región. En 2025, el país registró un incremento del 31,2 % en los niveles de violencia.
- El presidente Daniel Noboa publicó un video el viernes 17 de abril de 2026 en el que abordó mejoras en la seguridad y la economía del país.
Apresuradas. Así califican expertos en seguridad las declaraciones del presidente Daniel Noboa sobre la supuesta reducción de muertes violentas en Ecuador. Señalan que el análisis oficial carece de contexto y comparación técnica suficiente.
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El anuncio del Gobierno
El viernes 17 de abril de 2025, a las 07:02, el mandatario publicó un video en su cuenta personal de Facebook. Allí afirmó que las muertes violentas bajaron 14 % frente al primer trimestre de 2025 y agregó que marzo de 2026 registró una caída del 24 %.
Según sus declaraciones, los resultados responden a la aplicación de la tasa de seguridad, al estado de excepción y al toque de queda. También sostuvo que en las provincias fronterizas la violencia ha disminuido.
El mandatario afirmó que estas medidas permitieron actuar a las fuerzas del orden y capturar cabecillas. Con ese argumento, sostuvo que “estamos recuperando es la confianza, la confianza en el país”.
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Cuestionamientos por falta de sustento técnico
Sin embargo, el experto en seguridad Andrés Williams considera que esas declaraciones carecen de credibilidad. Afirma que el mandatario recurre a un enfoque sensacionalista sobre las muertes violentas y sostiene un argumento sin sustento técnico.
“Es un tiempo tan corto”, insiste el analista. Advierte que ese lapso impide evaluar con rigor los resultados en materia de violencia.
El toque de queda rigió del 15 al 30 de marzo de 2024 en Guayas, Santo Domingo de los Tsáchilas, Los Ríos y El Oro. Además, desde el 1 de febrero de 2026, Ecuador aplica la tasa de seguridad a las importaciones desde Colombia.
Advertencias sobre evaluaciones prematuras
Con esa línea crítica, el experto en seguridad Jean Paul Pinto coincide en que aún no existen elementos suficientes para hablar de una mejora. Sostiene que resulta prematuro afirmar una reducción de la violencia cuando los datos corresponden a un periodo tan corto.
“Es muy pronto para decir esto”, advierte. Señala que no tiene sentido hablar de una baja si en el siguiente trimestre las cifras pueden duplicarse.
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El control territorial, la variable ausente
Con ellos coincide Mario Pazmiño, exdirector de Inteligencia Militar. Advierte que el corto plazo impide medir con precisión los efectos de las medidas recientes.
El exjefe de Inteligencia sostiene que el análisis oficial se limita a cifras y deja de lado el control territorial. Plantea que la reducción de muertes no siempre refleja una mejora en la seguridad.
Explica que la violencia puede responder a dinámicas distintas entre organizaciones criminales. Señala que una baja en los homicidios puede evidenciar la consolidación de un grupo dominante en un territorio.
En ese escenario, la disminución de asesinatos no implica menor criminalidad. Más bien, puede indicar que una estructura delictiva controla la zona y regula la violencia.
Por ello, insiste en que el Estado debe evaluar quién ejerce el control real en los territorios. Considera que, sin ese enfoque, las estadísticas ofrecen una lectura incompleta del problema.
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Nuevas formas de medir la violencia
Por otro lado, Williams advierte que el análisis de la violencia ya no puede limitarse a las muertes registradas. Sostiene que el país debe incorporar variables como las desapariciones forzadas y los asesinatos múltiples para entender la magnitud real del fenómeno.
Explica que estas dinámicas reflejan nuevas formas de operación del crimen organizado. Señala que, sin esos indicadores, el diagnóstico queda incompleto y puede distorsionar la lectura de la seguridad.
Williams también cuestiona que una reducción de homicidios implique una mejora real. Afirma que la violencia puede desplazarse o cambiar de modalidad sin desaparecer.
Pinto enfatiza que los verdaderos resultados se medirán al cierre del año. Asegura que toda reducción debe ser sostenida en el tiempo para tener validez.
En ese contexto, insiste en que una caída temporal carece de utilidad para evaluar la seguridad. Reitera que, si las muertes se incrementan después, el balance anual terminará en los mismos niveles.