Luis Alberto Rivas es el Maestro Roshi en Guayaquil
Luis Alberto Rivas, conocido como Maestro Roshi, ofrece plumas de colores en el centro de Guayaquil.ÁLEX LIMA

Maestro Roshi en Guayaquil: La historia del hombre que sorprende en la 9 de Octubre

Luis Rivas, de 72 años, pasó de tenerlo todo en Estados Unidos a ser un ícono viral en Guayaquil

No es un cosplayer ni una alucinación: el Maestro Roshi, del bulevar 9 de Octubre, es real y se pasea por el centro de Guayaquil. Luis Alberto Rivas, de 72 años, cambió su vida como empresario en Estados Unidos por la venta ambulante, enfrentando su batalla más difícil contra la enfermedad y el olvido.

Se hizo famoso y todos lo reconocen en la calle. Se pasea con una vara de madera, un “carapacho” (como él lo llama) y unas gafas oscuras, sin que la gente lo vea como un bicho raro. De hecho, se le acercan a pedirle fotos y saludos por su popularidad.

Luis Alberto Rivas selfie en el centro de Guayaquil
A Luis Alberto Rivas le piden fotos en el centro de Guayaquil, por su parecido al personaje del Maestro Roshi.ÁLEX LIMA

Luis Alberto Rivas Camadel, de 72 años, camina con estilo, bajo la mirada de todos, en el centro de Guayaquil, luego de que en redes sociales se difundió un video de él interpretando al Maestro Roshi, el personaje del manga ‘Dragon Ball’.

¿Quién es el Maestro Roshi de Guayaquil?

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El adulto mayor, “100 % ecuatoriano”, es quien está detrás de la barba que caracteriza al entrenador de artes marciales de la reconocida serie y que, por casualidad, interpreta todos los días en las calles 9 de Octubre, Machala y Quito, mientras vende plumas, de manera ambulante, y otros pequeños artículos.

Roshi fue leyenda por varios días: los internautas reportaban haberlo visto en la intersección de Esmeraldas y 9 de Octubre. 

Sin embargo, pocos minutos después desaparecía sin que nadie diera alguna referencia de su camino. 

No faltó el comentario gracioso de peatones que sugerían que “se fue en su caparazón y se escondió para siempre” (en referencia al personaje), como si se tratara de una alucinación colectiva.

A los pocos días, EXPRESO lo halló fotografiándose con la gente durante el encuentro con la plantilla del Inter Miami, al que cientos de personas asistieron con el fin de ver a Lionel Messi, estrella del equipo, en el centro de Guayaquil.

'Roshi' no soltó sus plumas de ocho colores y aprovechó para venderlas en medio del tumulto. Así como no dejó ir la oportunidad de ganarse un dólar más, también le contó toda su historia a EXPRESO.

Luis Alberto Rivas como Maestro Roshi en Guayaquil
Luis Alberto Rivas camina, como el personaje de Maestro Roshi, por el bulevar 9 de Octubre.ÁLEX LIMA

Luis Alberto, en un tono más relajado, nos narró que su travesía como el personaje de ficción comenzó hace un año y ocho meses, luego de que sus “amigos”, los colaboradores del restaurante Sazón Estética, en 9 de Octubre entre García Moreno y avenida del Ejército, le dijeron que se parecía a Roshi.

“Yo tenía varios meses frecuentando el restaurante, me cogieron cariño y me dijeron que si no me había dado cuenta del parecido con este personaje. Yo, la verdad, no lo conocía, no sabía de qué me hablaban, pero lo busqué en internet y, efectivamente, podía sacarle la ‘pinta’. Así fue como terminé de Maestro Roshi, pero eso sí, las plumitas (a la venta) llegaron primero”, relata.

Aunque algunos se sorprenden al escuchar que aún a sus 72 años trabaja recorriendo la ciudad con mercadería en mano, él asegura que no es por elección, sino que fue su salida tras ser deportado de Estados Unidos, “de la misma manera en la que reportan en los medios de comunicación”.

Rivas, quien asegura que su barba larga lo ha acompañado siempre, cuenta que por un problema, que prefiere no detallar, fue expulsado, pero que en el país norteamericano tenía una empresa de televisión satelital.

“Me fui a los 22 años de manera legal y empecé a trabajar cortando hierba. Establecí mi vida y luego fui ayudante en la instalación de TV por cable, para después poner una pequeña compañía; fui subcontratista. Era residente legal, pero nunca apliqué a la ciudadanía estadounidense y luego tuve un inconveniente por el que me dieron a escoger 10 años de cárcel o 10 años fuera de Estados Unidos. Claramente, escogí la libertad”, menciona.

Su regreso a Ecuador fue duro, pues dice que no tiene familiares que lo acogieran en su hogar mientras resolvía su situación. 

“Llegué ‘pelado’ (desfinanciado) y tenía que trabajar de algo. Toda mi familia está en Estados Unidos, incluyendo a mi hija y, por el momento, no tengo comunicación con ellos (...) pero aquí sigo con la bendición de mi Dios”, manifiesta.

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Él padece de dolores articulares en sus dos extremidades inferiores a causa del arqueamiento de las piernas. No obstante, no pierde la alegría y bromea todo el tiempo.

Rivas intuye que las largas caminatas lo han “achacado” en el año y ocho meses que ha debido dedicarse al comercio informal, pues antes de esas largas caminatas no sufría de hincones intensos en las rodillas.

El dolor óseo no es el único tema que le preocupa, pues desde sus 20 años fue diagnosticado con epilepsia, para la que toma medicina a diario.

“No siempre me alcanza para comprar las pastillas. Hay días buenos y malos, y yo debo pensar primero en pagar la renta de un cuartito en el que vivo, en pagar servicios básicos y luego, con lo que me sobra, en las pastillas para mis ataques epilépticos”, admite.

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Los momentos de nostalgia le duran poco. Enseguida los cambia por una sonrisa y vuelve a agradecer a Dios por la vida y lo que le queda de salud. “Yo estoy seguro de que todo mejorará”, insiste.

Ante la popularidad, las fotos y los saludos, no reacciona mal, sino que con cariño accede a los videos grabados para terceros y a los apretones de mano. 

“Lo malo es que se me robaron mi ‘carapacho’. Hace una semana fui a almorzar y me saqué el caparazón, hecho de vinil y forrado con espuma, pero me levanté a seguir vendiendo y me olvidé. Cuando regresé, ya no estaba. Fue cuestión de tres minutos para que se lo llevaran”, recuerda, y agrega que piensa comprar uno real, para ver “si así me parezco más a Roshi”.

Él no deja la risa a un lado y la contagia por donde camina, aunque los días sean pesados.

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