
Día de la Mujer: Movilizarse en espacios públicos de Guayaquil es reto ante el acoso
La ciudad mantiene el desafío de transformar sus espacios para que sean seguros y destierren la violencia de género
En este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es la oportunidad para debatir sobre un tema social recurrente: el acoso en el espacio público. Las mujeres enfrentan agresiones verbales y físicas que suelen estar normalizadas. Hacer lugares más seguros y equitativos es el desafío urbano.
"Es frustrante que no podamos estar tranquilas"
El carro se detuvo y cinco hombres se bajaron. Empezaron a hablar de su vestimenta, a sexualizarla, a incomodarla. No les importó que estuviera acompañada de nueve amigos, ellos querían expresarle primitivamente lo que les parecía.
Roxana Mestanza
Ocurrió en la calle, aquel espacio concebido para generar encuentro y promover la convivencia. En aquella ocasión, se convirtió en el escenario del acoso, de la violencia.
“Es frustrante, totalmente frustrante que no podamos estar tranquilas sin que nos vean como un pedazo de carne, nos estén sexualizando o acosando cuando vas por la calle. Y que encima, siendo la víctima, tienes que callar, refugiarte, y limitarte. Y pensar mil veces de andar con cierto tipo de ropa”, exclama Malú Villacreses.
Ella resume así aquel episodio, que terminó con sus amigos pidiéndole que no enfrente a aquellos cinco hombres que se bajaron a acosarla. “Yo quería lanzarme al carro, cuando mis amigos me dicen ‘mejor tranquilízate porque si ven que somos más y aún así lo hacen es porque te quieren intimidar, saben que pueden intimidar’”.
Durante ocho meses se ha movilizado desde su casa, en el norte, hasta su trabajo, en el centro. “Todos los días oía algo”, dice para referirse a las expresiones sobre su físico y a su medio de transporte: los patines. A la violencia de género se sumaba la violencia vial, con los conductores pitándole para que desaparezca de la vía.

Acoso a las mujeres que se movilizan a pie, en bicicleta o patines
Algo que no desaparece del espacio público es el acoso. Desde creer que se tiene derecho a opinar sobre el cuerpo de la mujer, que para suavizarlo se lo llama “piropo”, los tocamientos, el abuso sexual que se comete aprovechando espacios oscuros y callejones botados, hasta el femicidio, que también se ejecuta al aire libre.
La impotencia que sintió Villacreses en ese episodio de acoso va conectada a esas falencias del espacio público y la falta de herramientas para alertar sobre quienes violentan.
“Si las personas no conocen dónde y a quién llamar, entonces ahí también hay una limitante”, advierte Águeda Morán, presidenta en Guayas del movimiento social y político Mujeres por el Cambio.
Durante los últimos 30 años, esta agrupación ha acompañado y asesorado a mujeres víctimas de violencia de género.
“No hemos avanzado mucho en el tema. Hay que entender que vivimos en un país cuya estructura social está llena todavía de machismo. El hecho de creer que si la mujer es acosada en la calle o recibe un ‘piropo’ sexualizado es por su forma de vestir, su forma de caminar o porque ella provoca”, señala.
Son las 18:00 del jueves 5 de marzo y un motociclista reduce su marcha, no para evitar un siniestro vial, sino para chiflarle a una joven que paseaba con su perro en la Plaza de La Merced, en el centro.
No le importó que no la conociera o que ella no lo tome en cuenta. Tampoco pareció importarle a los transeúntes. El acoso se ha normalizado.

Acoso provoca cambios en la movilidad de las mujeres
Roxana Mestanza
“Al utilizar el espacio público, las mujeres tenemos una diferencia: que nuestros movimientos no son solo pendulares, de un lugar a otro, sino que existe diferentes actividades que hacemos durante el día y que tienen que ver con nuestras temas laborales, comerciales o familiares”, explica Malena Marín Santamaría, máster en transporte y urbanismo.
“Muchas veces, por situaciones incómodas de pasar por un lugar que no está iluminado, puede que seas víctima de acoso o abuso, entonces cambias la forma de moverte incluso en transporte público y dices ‘prefiero pagar taxi’, generando un mayor costo”, explica.
Así le pasó a Brenda Díaz, quien cambió la Metrovía por los taxirutas, pese a que paga más.
“Me siento vulnerable. Pedir ayuda en un espacio que está tan lleno. No es fácil movilizarse ni llamar la atención. En un momento se abren las puertas y se baja el acosador. Que la infraestructura esté bien hecha, bien ubicada y que se designe bien dónde las cosas deben ir llama a que las personas también se comporten de esa manera”, cree la joven de 24 años.
Fachadas que promuevan la vigilancia natural
Con ella coincide Sofía Bastidas, arquitecta y diseñadora urbana. No se trata solo de mejorar la iluminación y poner cámaras sino de integrar las fachadas de las edificaciones al espacio público para que sea un sistema integral donde las personas sean vigilantes naturales.
“Las mujeres que necesitan salir a hacer sus gestiones, trabajos, compras, etcétera, se enfrentan a lugares que son difíciles, que de alguna manera perpetúan la violencia. Tener buena infraestructura para caminar no solamente favorece a las mujeres sino a los hombres que van con carritos de bebés o personas en sillas de ruedas”, resalta la experta.
Para Bastidas hay que “mejorar la infraestructura física, pero también ser capaces de crear una red de espacios públicos que nos permita a todos encontrarnos en algún punto”.
“La mixticidad de usos en el espacio público y la capacidad de las ciudades para tejer diferentes barrios, zonas y comunidad también ayuda un montón, mientras como sociedad nos deconstruimos”, resume sobre el reto urbano de combatir el acoso en todos los espacios.
¿Quieres acceder sin límites a todo el contenido de calidad que tiene EXPRESO? ¡SUSCRÍBETE AQUÍ!