
Entrenamiento infantil fortalece coordinación, hábitos y bienestar integral
Padres y entrenadores impulsan hábitos deportivos en nuevas generaciones
En una época en la que los niños pasan cada vez más tiempo frente a pantallas y videojuegos, promover la actividad física desde edades tempranas se ha convertido en un desafío para padres, educadores y profesionales de la salud. Especialistas en entrenamiento deportivo y fisioterapia coinciden en que el ejercicio no solo contribuye al desarrollo físico de los menores, sino que también fortalece habilidades motoras, fomenta la socialización y ayuda a construir hábitos saludables que pueden acompañarlos durante toda su vida.
Priorizar la dirversión en el entrenamiento infantil
El entrenador deportivo Víctor Pincay explica que los programas de entrenamiento para niños deben adaptarse a su edad y priorizar la diversión por encima de la intensidad. Aunque algunos movimientos pueden ser similares a los que realizan los adultos, la diferencia principal radica en el peso utilizado y en la dinámica del entrenamiento. “Regularmente se usan los mismos movimientos que entrenaría un adulto, pero el peso es muy, muy liviano y lo enfocamos mucho en la diversión. A los niños se los mantiene activos todo el tiempo porque si se aburren fácilmente quieren irse”, señala.
El especialista añade que los niños poseen ventajas naturales en comparación con los adultos, especialmente en términos de movilidad y flexibilidad. Esto les permite ejecutar movimientos con mayor facilidad y menor riesgo de lesiones. “Un niño puede permanecer en una sentadilla por mucho tiempo y levantarse sin problema, mientras que un adulto pierde esa movilidad con el paso del tiempo y la falta de ejercicio”, comenta.
El entrenamiento ayuda a fortalecer habilidades básicas
Más allá del aspecto físico, los entrenamientos también buscan fortalecer habilidades básicas como la coordinación, el equilibrio y el trabajo en equipo. Actividades como correr, transportar objetos, saltar o realizar circuitos de obstáculos permiten que los niños desarrollen su control corporal mientras se divierten. Además, estas dinámicas fomentan la interacción social, algo que, según los expertos, se ha reducido en las nuevas generaciones debido al uso excesivo de dispositivos electrónicos.
El fisioterapeuta Adrián Macías señala que el tipo de ejercicios debe ajustarse a cada etapa del crecimiento. "En niños de entre tres y cinco años se recomiendan actividades simples como saltar, trepar, caminar o participar en juegos de equilibrio. Entre los seis y nueve años se pueden incorporar ejercicios con el propio peso corporal, como sentadillas, saltos o flexiones apoyando las rodillas. Para edades de diez a doce años ya es posible introducir circuitos más estructurados que incluyan planchas, ejercicios de estabilidad o bandas elásticas, siempre priorizando la técnica correcta antes que la carga o la intensidad", alega.
Macías destaca que "el objetivo principal del entrenamiento infantil no es aumentar la masa muscular", sino desarrollar fuerza funcional, coordinación y estabilidad. “La clave es transformar el ejercicio en un juego o desafío, utilizando circuitos, obstáculos o materiales como pelotas y conos que mantengan la motivación del niño”, explica. Además, recomienda que las sesiones tengan una duración aproximada de 20 a 30 minutos y se realicen entre dos y tres veces por semana, combinadas con actividades aeróbicas como correr, jugar o practicar deportes.

La supervisión es esencial para evitar lesiones
En el ámbito de la salud y la prevención de lesiones, los especialistas coinciden en que la supervisión adecuada es fundamental. Según Pincay, el riesgo de lesiones en niños es relativamente bajo si el entrenamiento se adapta a sus capacidades. “Es muy poco probable que un niño se lesione entrenando porque ellos tienen buena flexibilidad y movilidad; la mayoría de lesiones en esta edad ocurren por caídas, no por el ejercicio en sí”, afirma.
Por su parte, el fisioterapeuta Emmanuel Pazmiño subraya la importancia de combinar el ejercicio con una adecuada planificación y orientación profesional. Para él, "lo más recomendable es que los niños practiquen deportes que desarrollen habilidades útiles para el futuro y que el entrenamiento esté supervisado por un entrenador capacitado". También enfatiza que "la actividad física debería realizarse al menos tres veces por semana y complementarse con una buena alimentación".
La participación de los padres en el entrenamiento
Otro elemento clave en el proceso es la participación de los padres. Víctor Pincay sostiene que, en la mayoría de los casos, los niños que entrenan lo hacen porque sus padres también llevan una vida activa. “Normalmente los niños que entrenan es porque sus papás entrenan. La influencia de los padres es fundamental para formar hábitos saludables”, explica.
Para fortalecer ese vínculo, algunos programas de entrenamiento incluyen sesiones en las que padres e hijos pueden ejercitarse juntos. Estas actividades no solo promueven el bienestar físico, sino que también refuerzan la convivencia familiar y el ejemplo que los adultos transmiten a los más pequeños.
En un contexto donde el sedentarismo infantil continúa en aumento, los especialistas coinciden en que fomentar el movimiento desde la infancia es una inversión en salud a largo plazo.