
La caries dental: una enfermedad silenciosa que afecta a miles de ecuatorianos
Especialistas advierten que prevención y educación en salud bucal son claves para reducir la alta incidencia de caries
La caries dental continúa siendo una de las enfermedades más extendidas en el Ecuador y, al mismo tiempo, una de las más subestimadas en términos de salud pública. Aunque muchas personas la consideran un problema menor o inevitable, especialistas advierten que su impacto va mucho más allá de una simple molestia bucal: puede afectar la nutrición, el desarrollo infantil y la calidad de vida de millones de personas.
En el país, la incidencia de esta enfermedad es alta y afecta a distintos grupos de edad. La odontóloga y docente investigadora de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, doctora Nelly Ampuero, explica que el problema es amplio y persistente. “La caries dental afecta aproximadamente al 60% de la población general. En la primera infancia incluso se reportan prevalencias de más del 90% en sectores de bajos recursos de ciudades como Quito y Guayaquil”, señala la especialista.
Esta realidad se evidencia especialmente en los niños. En los primeros años de vida, los especialistas han identificado cifras preocupantes. Según estudios epidemiológicos citados por la odontóloga Karla Flor, en niños de entre uno y cuatro años la caries temprana de la infancia puede alcanzar cerca del 51,9%, mientras que entre los tres y cinco años la necesidad de tratamiento supera el 80% de los casos.
Investigaciòn revelan cifras alarmantes de caries
La situación continúa durante la etapa escolar. Investigaciones realizadas en el país señalan que alrededor del 76% de los niños de seis años presentan caries, mientras que entre los seis y doce años la prevalencia se mantiene cercana al 62%, con un pico alrededor de los nueve años. Para los especialistas, estas cifras revelan una falla estructural en la prevención temprana y en la educación sobre salud bucal.
En la edad adulta, el problema adopta otra dimensión. Ampuero explica que el índice CPOD —que mide dientes cariados, perdidos y obturados— tiende a incrementarse con el paso de los años, reflejando la acumulación de lesiones no tratadas. “En adultos se observa una pérdida dental mayoritaria debido a la falta de acceso a tratamientos preventivos y a controles odontológicos oportunos”, indica la investigadora.
Las causas que provocan las altas cifras
Las causas detrás de esta problemática son diversas. Los especialistas coinciden en que la caries tiene una etiología multifactorial. Entre los principales factores se encuentran el consumo elevado de azúcares y carbohidratos refinados, una higiene oral deficiente y las barreras para acceder a servicios odontológicos. A esto se suman factores socioeconómicos, como el nivel educativo de los cuidadores o la falta de recursos para acudir a consultas regulares.
“La caries no es solo un problema de cepillado; también tiene relación con hábitos alimenticios y con el acceso a servicios de salud”, explica Karla Flor. La especialista añade que muchos casos se agravan porque las personas visitan al dentista únicamente cuando sienten dolor, lo que impide aplicar tratamientos preventivos y permite que la enfermedad avance.
Programas educativos y la prevenciòn como recomendaciones
Frente a este escenario, la prevención se vuelve una herramienta clave. Ampuero destaca que programas educativos sostenidos podrían marcar una diferencia significativa. “Enseñar el uso del hilo dental, promover el cepillado correcto y fomentar el cepillado diario en las escuelas pueden convertirse en estrategias muy valiosas para reducir la incidencia de caries”, señala.
La educación nutricional también juega un papel importante. Reducir el consumo de alimentos altamente cariogénicos, como bebidas azucaradas o productos ultraprocesados, es fundamental para disminuir el riesgo. En paralelo, los especialistas recomiendan el uso de pastas dentales con flúor desde la aparición del primer diente y controles odontológicos periódicos cada seis meses.
No obstante, los expertos advierten que las estrategias preventivas deben sostenerse en el tiempo para generar cambios reales. “Para que estas acciones tengan éxito deben aplicarse de manera continua y a largo plazo”, enfatiza Ampuero, quien considera que la educación y la prevención temprana son la base para revertir las cifras actuales.