
¿Por qué la guerra de Irán y Estados Unidos puede afectar a América Latina?
El conflicto en Irán pone a prueba a la región entre presiones diplomáticas y la volatilidad del mercado energético
El ataque militar de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero marca un sismo geopolítico con réplicas directas en América Latina. Aunque la región no es protagonista del conflicto, su dependencia del sistema energético y económico global la sitúa en la línea de fuego de la inestabilidad. La ofensiva descabezó la estructura de mando iraní al neutralizar a Ali Khamenei, máxima autoridad política y religiosa, junto a los mandos de la Guardia Revolucionaria y el Estado Mayor, desarticulando el núcleo estratégico de Teherán.
La respuesta iraní fue inmediata: ataques contra diez naciones, incluyendo a Israel y Arabia Saudita en apenas 36 horas. Esta escalada sin precedentes ha movilizado a potencias como Francia y el Reino Unido, quienes se declaran listos para intervenir militarmente. Esta fractura del orden mundial coloca a América Latina en una encrucijada estratégica, obligándola a navegar entre presiones externas en un escenario que redefine mercados y alianzas.
Ante este tablero de alta tensión, diversos expertos analizan las consecuencias directas y el complejo posicionamiento internacional que la región deberá adoptar frente a la crisis.
El factor energético: la ruta del petróleo que tensiona a América Latina
El analista argentino Hernán Rovella sostiene que el principal frente de impacto para la región es energético. “Por el estrecho de Ormuz pasa alrededor del 20% del petróleo que va hacia el mundo y sobre todo hacia China”, advierte, al explicar que cualquier alteración en esa ruta estratégica repercute directamente en los precios internacionales y, por ende, en las economías latinoamericanas.
Rovella subraya que Medio Oriente concentra rutas comerciales clave, como el Canal de Suez y el estrecho de Ormuz, lo que convierte al conflicto en un factor de presión sobre los costos logísticos globales. “Eso afecta por ejemplo el costo de los puentes comerciales que transitan las rutas marítimas y el grado que va a afectar a cada país de América Latina depende del grado de relación que los países de América Latina tengan con cada país de la región de Medio Oriente”, explica.
Inflación y canasta básica: el impacto indirecto del conflicto
En el plano económico, el especialista recuerda que la región mantiene una estructura productiva primaria altamente dependiente del combustible. “La economía de América Latina sigue siendo primaria, por ende el campo necesita de combustible para poder cultivar, cosechar, para poder después transportar esa cosecha hacia los mercados”, señala. Esa dependencia puede trasladarse a los precios internos: “Esto puede tener un impacto mínimo en el incremento de los alimentos, en el precio de los alimentos, por ejemplo. Y eso se ve reflejado quizás en un aumento de la canasta básica y en un aumento porcentual de inflación”.
Sin embargo, precisa que el efecto no será homogéneo. En el caso ecuatoriano, apunta que “para ciertos países, por ejemplo para Ecuador, no va a pegar tanto porque la moneda es el dólar”, y añade que, gracias a la estabilidad macroeconómica estadounidense, el impacto inflacionario podría ser acotado.
En términos de inversión extranjera, Rovella advierte que el conflicto también puede reconfigurar flujos de capital. “Si los países del Golfo Pérsico tienen que desviar esa inversión hacia defensa, quiere decir que van a invertir menos”, lo que podría traducirse en menor financiamiento para proyectos en América Latina.
Orden internacional en tensión y efectos para América Latina
En la misma línea de análisis, el abogado internacionalista Esteban Santos advierte que el conflicto no puede leerse como un hecho aislado ni regional. “Tiene repercusiones sin más planetarias”, afirma, al subrayar que los recientes ataques en países como Arabia Saudita, Bahréin, Qatar o Emiratos Árabes Unidos evidencian una escalada con impacto global.
Para Santos, el escenario actual marca una ruptura en las reglas tradicionales del sistema internacional. “Hoy más que nunca las reglas de cómo mantener la paz y la estabilidad que bien o mal reinaron por más de 80 años, se acabaron”, sostiene. A su juicio, el multilateralismo ha quedado debilitado y predomina una lógica de fuerza: “Hoy es el poder duro”.
Esa transformación, explica, repercute también en América Latina, que vuelve a situarse frente a la presión de alineamientos estratégicos. “Pasaríamos sin más a seguir siendo un patio trasero y creo que sería terrible para Latinoamérica”, advierte, al referirse a la posibilidad de que la región quede subordinada a una agenda geopolítica externa.
Mercados en alerta: petróleo, gas y volatilidad global
En el plano económico, Santos coincide en que el mercado energético es el primer termómetro del conflicto. "Se hablaba de alzas del 10%, pero ya alcanzamos el 20% en el petróleo y más del 50% en el gas natural", señala al describir la reacción de los mercados. Para el experto, la amenaza sobre el estrecho de Ormuz pone el escenario "patas arriba", comprometiendo la continuidad de las cadenas de suministro y disparando los costos logísticos a nivel global.
Este choque en los mercados energéticos deriva en un desafío estratégico para América Latina, que trasciende lo económico. Por un lado, la región podría enfrentar una reducción en los flujos de inversión desde el Golfo Pérsico si esos países priorizan su gasto en defensa; por otro, se intensifica la presión por alinearse con determinadas potencias para asegurar financiamiento y cooperación tecnológica en un entorno de alta fragmentación.
Bajo esta lógica, el abogado advierte que el gran reto regional será evitar una postura binaria. "El desafío es cómo equilibrar la relación con la administración de Trump sin descuidar que China sigue siendo un socio comercial clave", sostiene. Así, la capacidad de atraer capital y mantener la estabilidad institucional se vuelve un activo tan valioso como los recursos naturales, obligando a los países latinoamericanos a ejercer una diplomacia de precisión para no quedar relegados en este nuevo orden mundial.
Estrecho de Ormuz, inflación y capitales: la lectura económica
En sintonía con este análisis, el especialista económico Jorge Jaramillo identifica también al estrecho de Ormuz como el epicentro de la crisis, aunque con un matiz de oportunidad para la región. Para el experto, el aumento en los precios del crudo derivado de la tensión en esta ruta marítima beneficia inicialmente a los países productores. "Nos va a ayudar a que el petróleo salga con mejores costos", explica, subrayando que este repunte mejora los ingresos por exportación en el corto plazo.
No obstante, Jaramillo advierte que este beneficio es un arma de doble filo, ya que se traslada inevitablemente al precio interno de los combustibles. En el contexto regional, y particularmente en el ecuatoriano, estima que las elevaciones en las gasolinas podrían oscilar entre el 10 % y el 15 %, un impacto que califica como "manejable" siempre que el conflicto no se prolongue. Esta presión inflacionaria moderada es, por ahora, el costo de mantener la operatividad logística frente a la crisis.
Respecto a los flujos de capital, el economista sostiene que la "fotografía del momento" muestra una inversión extranjera estable y un dólar fortalecido, aunque bajo una calma tensa. El verdadero riesgo, concluye, radica en la duración de la guerra: si el enfrentamiento se recrudece y obliga a las potencias a redirigir sus recursos hacia el gasto militar, América Latina podría enfrentar un "fenómeno impredecible" que altere definitivamente su equilibrio financiero.
Un panorama de cautela y desafíos estructurales
El análisis de los expertos coincide en que América Latina enfrenta una vulnerabilidad compartida, aunque con matices según la realidad de cada nación. Mientras Hernán Rovella pone el foco en el riesgo logístico del estrecho de Ormuz y su traslado directo a la inflación de la canasta básica, Esteban Santos advierte sobre el fin del multilateralismo y la peligrosa presión de alinearse con potencias en conflicto. Por su parte, Jorge Jaramillo ofrece una visión más pragmática sobre el beneficio temporal para los países exportadores de crudo, aunque alerta que una guerra prolongada alteraría cualquier previsión de estabilidad. En definitiva, la región no solo debe vigilar los precios del combustible, sino prepararse para navegar en un orden mundial donde la coherencia diplomática y la resiliencia económica serán sus únicos salvavidas.