Automovilismo Ecuador
La Vuelta a la República, Nacional de Karting, Sudamericano de Rally Raid y las 12 Horas Ecuador están este año en agenda.Cortesía

Automovilismo en Ecuador: Pilotos cuentan lo que es vivir a más de 230 km/h

En Ecuador, correr autos es un deporte de élite impulsado por la adrenalina y el autosuperación. Intrépidos hablan cómo es

Mirar a los pilotos conducir sus bólidos, en carretera o asfalto, es un espectáculo único e irrepetible cada vez que ocurre. Se agarran del volante, vibran sobre él; auscultan los siguientes 100 metros, mientras ejecutan los que recorren; cada instante. Y es que apenas se mueven: la mirada fija, enfocada, pero intentando que sea 360 grados.

¿Están un poco locos?, ¿y si se estampan contra un muro?, ¿y si destrozan una nave de decenas de miles de dólares?, ¿qué pasa con el ahorro familiar si acaban con el bólido? Estas son solo algunas de las interrogantes que nacen. Tienen claro que, entre las posibilidades, subyace un accidente fatal. Entonces sí, deben estar un poco locos.

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Serpentear a 200 km/h una recta saturada de autos lentos que igual compiten, entrar a una curva cerrada en forma de ‘L’ y, ojo al retrovisor, en segundos salir de ella como alma que lleva el diablo; a eso súmenle que deben cuidar la máquina y el combustible y decidir si entra a zona de pits... Es demasiado trabajo, tensión abrumadora.

Locura en la jaula

Automovilismo Ecuador
Pablo Mora, corredor local de rally en medio de la gravilla y la velocidad extrema.Cortesía
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Los intrépidos pilotos vuelan llenos de mérito, pues deben trascender al miedo, sudar adrenalina y permanecer enfocados de segundo en segundo. Ejecutan una estrategia en entornos extremos, alcanzan un estado mental que fluye sin la mínima posibilidad de desconcentración. Flotan… ¡pero a 10.000 RPM (revoluciones por minuto)!

Cuando fallan, es porque cometen errores que cobran milésimas de segundo; pero no se frustran, los superan con decisiones complejas que ejecutan casi instintivamente. Encerrados en su jaula oyen los otros coches, los ven, identifican cómo rebasarlos en segundos; otra vez el mismo reto: respirar emociones trepidantes, conviven con ellas y las gestionan.

Pablo Mora es mecánico y corredor de rally. Su padre también lo fue en un Saab 850 Sport Montecarlo, sobre el emblemático circuito largo de la Yaguarcocha setentera. Dice que, como cualquier destreza, hay entornos propicios. “Cuando de niño corría en coches de madera, más de una vez terminé rodando en los baches de empinadas calles quiteñas”, explica.

El dolor, la vergüenza y las risotadas nunca lo derribaron. Ganar es lo único que cuenta. En 2021, en el rally de Cuenca, estrelló su Vitara contra un árbol. Tras la pérdida económica y el látigo de la derrota, el valor terminó reconstruyéndole el espíritu.

Mora tiene claro que puede haber accidentes fatales, aunque esa sombra no siempre asoma en las hojas de ruta. “Piensas en el taller, la familia, los hijos. Pero enciendes el carro y la película es otra. Conectas: al volante eres otro”, sentencia.

Adrenalina sin premio

En Ecuador el automovilismo es deporte de príncipes: una pasión costosa que no premia con un mínimo de dinero que sume para poner a andar un bólido. A estos audaces les motiva la sensación, el vértigo, la excitación propia de conquistar la victoria. Es un autodesafío... se trata de pelear contra ese que ves en el espejo, y vencerlo.

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Eres tú corriendo contra ti mismo, ganándote a ti mismo. Una carrera empieza y termina todo el tiempo. Arrancas y no quieres que pare. Y si en esas sufres, pues se sufre.”, menciona Mora.

Abigail Ron, quiteña de 30 años, indica por qué cada instante tiene consecuencias:No sé si reparamos en el miedo. No en esos segundos, al menos. Cuando chocas, en la siguiente carrera recién te acuerdas. Ahí es donde cuesta, ahí asoma”, sostiene.

“Cada instante es único e irrepetible y trae consecuencias. En un accidente, cuando un coche se sale y ensucia la pista, mucho de lo que entrenaste ya no va; te reinicias. Debes sortear los autos lentos, cuidarte de los Gran Turismo, así como de otros más veloces que te rebasan. Debes seguir la idea e improvisar, pero desde el plan”, añade Ron.

El control mental actúa desde la largada para ellos. En pista ocurren imprevistos, te pueden cerrar, estorbar; pero no hay lugar para la ira, perder la calma o enfurecerse. “Terminas, ganaste, perdiste. Ese rato te haces un examen de aciertos y errores; eso es en caliente. Luego sí, a celebrar si es el caso”.

Por si queda alguna duda del riesgo, Abigail lo confirma: “He llegado a los 230 km/h en la recta antes del curvón de Yaguarcocha. Vas en sexta, a 11.000 RPM, y en segundos debes frenar duro, firme; más vale que sea perfecto. Ahí el instinto, tu preparación... en esas milésimas de segundo te juegas el pellejo. Y lo sabes”.

En el 2026 esta tropa de amantes de élite de la velocidad buscará besar la gloria, fotografiarse bajo su resplandor. Apretar el trofeo y sonreír a la familia, a los mecánicos, a los de abasto. Enzo Ferrari ya lo dijo un día, después de ganarlo todo: “La victoria más bella es siempre la próxima”.

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