Feria Idear
Con validaciones técnicas y proyección comercial, los prototipos trascienden el aula y apuntan a convertirse en emprendimientos reales.Gabriel Cornejo

Sensores, apps y prototipos: así innovan los egresados de Espol con soluciones reales

Aplicaciones móviles, prototipos físicos e investigación de campo marcan la nueva generación de proyectos universitarios 

En los pasillos de la feria de proyectos de titulación de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), el diseño dejó de ser solo forma y la tecnología dejó de ser solo código. Ambos lenguajes se mezclaron en prototipos que responden a problemas reales: educación inclusiva, rehabilitación física y productividad agrícola. La escena no es la de maquetas decorativas, sino la de dispositivos funcionales, aplicaciones conectadas y estudiantes que hablan de sensores, validaciones clínicas y transferencia tecnológica con la misma naturalidad con la que describen colores, ergonomía o experiencia de usuario.

Según el decanato de grado, los proyectos actuales reflejan un cambio evidente: la inteligencia artificial, las aplicaciones móviles y la electrónica integrada ya no pertenecen únicamente a carreras informáticas, sino que atraviesan todas las disciplinas. “La tecnología se volvió transversal”, explica el decano Marcos Bustamante. “Hoy encontramos soluciones digitales en nutrición, diseño, agricultura o salud. Eso habla de profesionales que entienden el problema completo, no solo una parte”.

Además, la universidad cuenta con procesos de protección de propiedad intelectual y oficinas de transferencia tecnológica que acompañan a los estudiantes para que sus desarrollos no se queden en el aula, sino que puedan convertirse en productos, servicios o emprendimientos.

Estudiantes ESPOL
La integración entre diseño de producto y herramientas digitales permite que ideas estudiantiles se conviertan en soluciones listas para el mercado.Gabriel Cornejo

Un jardín para aprender matemáticas con inclusión

El diseño de producto puede ser también una herramienta terapéutica. Eso demuestra Jardín Matemático, creado por Soraya Cancí y Eduardo Mosquera, egresados de Diseño de Productos. Se trata de un juguete didáctico acompañado de una aplicación móvil pensado para niños de 4 a 7 años, con y sin Trastorno del Espectro Autista (TEA).

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El sistema combina un personaje amigable, piezas físicas manipulables y una app que guía la experiencia. El niño arma un árbol, sigue “recetas” y resuelve retos de conteo, patrones, conjuntos y operaciones básicas. Mientras juega, recibe retroalimentación inmediata, tanto del dispositivo como del acompañamiento de padres o cuidadores.

El valor del proyecto no está solo en el contenido matemático, sino en las decisiones de diseño: colores contrastantes, estímulos multisensoriales, texturas y dinámicas pausadas que favorecen la concentración. Todo fue validado con psicopedagogos, terapeutas y centros especializados. El resultado es un producto inclusivo que transforma lo abstracto en algo tangible.

Los estudiantes incluso proyectaron su viabilidad comercial. Con una producción media, estiman un costo accesible que incluye fabricación, empaque y mantenimiento de la aplicación. La meta: que centros educativos y familias puedan adoptarlo como herramienta regular de aprendizaje.

Tecnología que rehabilita desde casa

Otro stand reúne salud y ergonomía. Fernando Rivera y Daly Bowen desarrollaron Handex, un sistema de fisioterapia compuesto por un guante terapéutico y una aplicación móvil para adultos mayores con pérdida de movilidad en las manos.

El guante limita movimientos riesgosos de la muñeca y concentra el esfuerzo en la flexión y extensión de los dedos, incorporando distintos niveles de tensión. La app, por su parte, indica ejercicios, tiempos y seguimiento, permitiendo que el tratamiento continúe en casa bajo supervisión profesional.

Espol
Desde la inclusión infantil hasta la rehabilitación y el agro, la innovación universitaria demuestra que la tecnología también puede ser humana.Gabriel Cornejo

El equipo partió de entrevistas con fisioterapeutas y terapistas ocupacionales, y realizó pruebas en centros de atención a adultos mayores. Detectaron que muchas soluciones existentes infantilizan al usuario o son complejas. Por eso apostaron por íconos grandes, instrucciones simples y materiales cómodos.

Más que un accesorio médico, Handex es un ejemplo de cómo el diseño centrado en el usuario puede dignificar la experiencia de rehabilitación. El modelo de negocio contempla que el fisioterapeuta gestione el sistema, integrándolo como parte de su servicio profesional.

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La innovación también mira al campo. Maoly Toapanta, junto con compañeros de ingeniería y computación, creó una aplicación conectada a sensores de temperatura para monitorear cajas de fermentación de cacao.

El problema es claro: sin control térmico, los microorganismos responsables del aroma y sabor del cacao mueren, generando lotes ácidos o amargos que reducen el valor de exportación. El prototipo incorpora un sensor dentro de la caja y la app interpreta los datos en tiempo real, recomendando acciones como voltear o cubrir el cacao para mantener el rango óptimo.

El proyecto fue probado con centros de acopio y laboratorios biotecnológicos, lo que demuestra su viabilidad fuera del aula. La inversión principal es el sensor, pero los productores podrían asociarse para compartir el equipo. Incluso se proyecta como servicio técnico especializado.

Más que proyectos, soluciones listas para el mercado

Lo que une a estos desarrollos no es solo la tecnología, sino la lógica del diseño de producto: investigar al usuario, prototipar, validar con expertos, ajustar materiales, calcular costos y pensar en escalabilidad. Cada equipo trabajó como una pequeña startup, combinando creatividad con datos.

El mensaje es claro: los nuevos profesionales no solo diseñan objetos o escriben código; crean soluciones integrales con impacto social y económico. Desde aulas convertidas en laboratorios, demuestran que la innovación no es un discurso, sino algo que se puede tocar, probar y, sobre todo, usar.

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