Bioremediación científica devuelve vida y esperanza al estero guayaquileño
Un equipo científico de la Universidad Ecotec utiliza microorganismos y monitoreo ambiental para restaurar manglares urbanos

La Universidad Ecotec lidera un modelo de bioremediación replicable que busca sanear todos los ramales del estero.
La recuperación del estero, uno de los ecosistemas más emblemáticos y a la vez más golpeados de Guayaquil, dejó de ser un ideal ambientalista para convertirse en un proyecto científico tangible. Desde los laboratorios de la Universidad Ecotec, un equipo de investigadores impulsa un proceso de bioremediación que combina microbiología, análisis químico y trabajo de campo para descontaminar el agua, reducir olores tóxicos y devolver la vida a los manglares, aledaños al campus de la institución en el Puerto Principal, ubicado en la Avenida Juan Tanca Marengo. La meta es clara: transformar un foco de deterioro ambiental en un espacio saludable y sostenible para la ciudad.
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Microorganismos capaces de degradar contaminantes
El investigador internacional Rafael Luque explica que el proyecto nació como una apuesta académica que luego escaló a la realidad del territorio. “Desarrollamos una formulación de microorganismos capaces de degradar contaminantes como amoníaco, sulfuros y compuestos orgánicos volátiles. Lo que empezó en el laboratorio hoy está aplicado directamente en el estero”, señala. Estos microorganismos actúan como “agentes vivos de limpieza”, descomponiendo sustancias que durante años generaron malos olores, afectaciones respiratorias y degradación del agua.
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Los resultados ya son visibles en uno de los ramales intervenidos, cercano al campus universitario. Donde antes predominaba el hedor y el lodo oscuro, ahora se observan aves, pequeños reptiles, vegetación más densa y estudiantes utilizando el espacio sin molestias sanitarias. “Hoy se respira un ambiente saludable. No tenemos ese olor fétido de hace apenas dos años”, afirma Luque. La presencia de fauna y flora, añade, es uno de los indicadores más claros de recuperación ecológica.
Estudiantes y profesores de Ecotec son parte del proyecto
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A este proceso se suma un componente clave: la formación de talento joven. Estudiantes y egresados participan como pasantes, asistentes de campo y técnicos de laboratorio, tomando muestras de agua y sedimentos, sembrando manglares y colaborando en mingas de limpieza. Esta integración convierte al estero en un aula viva, donde la investigación se conecta con la experiencia directa y fortalece la conciencia ambiental de las nuevas generaciones.
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La estrategia no se limita a “limpiar”, sino a restaurar integralmente el ecosistema. El equipo combina la acción bacteriana con monitoreo constante de agua y sedimentos, identificación de contaminantes y pruebas piloto con soluciones naturales. También se proyectan islas flotantes con plantas fitorremediadoras, capaces de absorber metales y otras sustancias dañinas. Este enfoque, dicen los investigadores, permite que la naturaleza haga parte del trabajo de saneamiento.

Estudiantes participan en muestreos, limpieza y restauración, convirtiendo el ecosistema en un aula viva de aprendizaje.
La Dirección de Investigación busca extender el proyecto
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Desde la dirección de investigación, el doctor Gabriel Morey sostiene que la clave está en la evidencia científica. “Caracterizamos los compuestos que afectan al estero y diseñamos combinaciones específicas de microorganismos para atacarlos. Si no sabemos qué contamina, no podemos remediar”, explica. Para ello utilizan equipos de alta precisión que identifican hidrocarburos, gases y otros agentes nocivos, ajustando la fórmula biológica según cada problema detectado.
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El proyecto cuenta además con articulación institucional. La universidad mantiene un convenio con el Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica para que la experiencia piloto pueda replicarse en otros tramos del estero. La intención es extender la bioremediación a mayor escala, con protocolos técnicos que permitan intervenir distintos sectores de la ciudad de manera progresiva. “Es una historia de éxito que puede reproducirse fácilmente en otros ramales”, asegura Luque.
Más allá de la tecnología, los investigadores insisten en que la recuperación también depende de la ciudadanía. Arrojar basura o desechos al agua, advierten, revierte cualquier avance. Por eso, el proyecto incluye jornadas de vinculación, pasantías estudiantiles y campañas de concienciación. La bioremediación, concluyen, no es solo un proceso químico o biológico, sino un cambio cultural: entender que cuidar el estero es cuidar la salud colectiva de Guayaquil.