robot con Inteligencia Artificial en asilo de Guayaquil
Adultos mayores escucharon y conversaron con el asistente de IA durante la actividad organizada por estudiantes e investigadores universitarios.ÁLEX LIMA

Inteligencia Artificial en Guayaquil: Adultos mayores interactúan con robot en asilo

Adultos mayores del asilo Sofía Ratinoff interactúan por primera vez con la inteligencia artificial, por un proyecto de Espol

Pleisar, un robot de cartón con inteligencia artificial (IA), sorprendió a los adultos mayores del asilo Sofía Ratinoff, en Guayaquil. 

Creado por investigadores de la Espol (Escuela Superior Politécnica del Litoral), este dispositivo permite conversar y jugar, rompiendo la brecha digital. 

Es una innovadora apuesta que combate la soledad y demuestra que para la tecnología no hay edad en el Puerto Principal.

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Parado sobre una mesa, un pequeño robot de cartón observa en silencio a un grupo de adultos mayores, ajenos a la tecnología actual

No camina ni mueve los brazos, pero cuando habla, la sorpresa se dibuja en los rostros de los participantes. Para todos ellos, es la primera vez que conversan con la IA.

Rodrigo Saraguro, docente investigador de Computación de la Facultad de Ingeniería en Electricidad y Computación (FIEC), de la Espol, levanta el aparato frente a su audiencia. 

“Este dispositivo simula los ojos de un robot y tiene una aplicación que nos permitirá jugar, conversar y preguntarle casi cualquier cosa”, les explica.

Un par de pequeñas cajas de cartón forman el cuerpo rectangular del robot y, en su ‘cabeza’, un teléfono celular proyecta unos ojos animados que parecen observar atentamente a los adultos mayores. Desde otra aplicación, una voz artificial responde en voz alta las preguntas.

adultos mayores y robot con Inteligencia Artificial en asilo de Guayaquil
Los adultos mayores participaron atentos en la demostración del robot, que utiliza una aplicación con inteligencia artificial (IA).ÁLEX LIMA

¿Qué preguntaron los adultos mayores y qué respondió el robot?

El robot pide los nombres de los participantes, lanza adivinanzas y propone ejercicios de estiramiento. Algunos siguen las indicaciones con disciplina; otros lo observan con una mezcla de sorpresa, casi incrédulos.

Entre ellos está Luis Mancheno, quien rápidamente se convierte en el más curioso del grupo. “¿El Triángulo de las Bermudas todavía existe?”, le pregunta.

La voz artificial responde con calma. “Buena pregunta. Esa área ubicada en el océano Atlántico sigue ahí”. Mancheno sonríe apenas. 

Luego decide ‘tomarle la lección’ a la máquina: “¿Cuál es el barco más grande del mundo?”. La IA responde sin titubear: el Icon of the Seas, de Royal Caribbean. Luis baja la mirada, satisfecho. “Claro, ese es”, comenta en voz baja, como si lo felicitara.

Con 65 años, Mancheno explica que siempre ha sentido fascinación por la tecnología, dado su gusto por la mecánica industrial. 

“No soy ingeniero, pero casi…”, admite, y agrega: “Estudié robótica en la Universidad de Guayaquil hace unos nueve años, cuando ya estaba en mis cincuenta. Pero los barcos me han gustado desde niño”.

Hasta ese instante, sin embargo, nunca había tenido contacto con la IA. “Me ha parecido muy buena. Me gustaría tenerla más seguido para conversar y distraerme. Ojalá más personas en el asilo puedan verla para interesarse en la tecnología. Uno se sentiría más acompañado… aparte de Dios, que siempre nos acompaña”, expresa.

adultos mayores y robot con IA en asilo de Guayaquil
Luis Mancheno (izquierda) conversó sobre barcos con el robot que utiliza Inteligencia Artificial.ÁLEX LIMA

“Es probable que en algún momento las máquinas nos quieran”

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A unos metros, Laura Rendón observa atentamente a Pleisar. Durante la actividad sigue cada indicación. Estira los brazos cuando el dispositivo lo pide y mantiene la mirada fija en los ojos digitales que parpadean desde la pantalla.

Cuando llega su turno de preguntar, formula algo inesperado: “¿Tú nos quieres?”. El robot responde con su programada honestidad y le explica que no puede, porque es un aparato incapaz de sentir emociones, al menos por ahora. 

Rendón sonríe con calma. “Es probable que en algún momento las máquinas nos quieran”.

El ambiente se llena de comentarios, risas y preguntas improvisadas. Para muchos de los participantes, es la primera vez que interactúan con una máquina, de tú a tú.

Jorge Torres, otro de los participantes, tampoco había escuchado de estos avances, pero sí de los robots. “Siempre me ha dado curiosidad porque sé que eso es el futuro. Creo que es una muestra de que estamos avanzando como humanos”, opina, aún sorprendido.

Para él, resulta evidente la utilidad de este invento, sobre todo como una posible compañía para quienes pasan largos momentos en soledad. 

Pero también cree que acercar este tipo de inventos a personas mayores es relevante porque “no hay edad para aprender sobre tecnología. Todo está en tener un poquito de razonamiento”.

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Mientras observa cómo los adultos mayores se animan a hablarle al dispositivo, Saraguro explica que el propósito del proyecto es “crear un asistente conversacional para adultos mayores”.

Un sistema que pueda conversar con ellos, entretenerlos y que, con cada interacción, permita ir perfeccionando el prototipo. Hasta ahora, la mayoría de las pruebas se habían llevado a cabo con investigadores y estudiantes.

Nota que los participantes no dudan en ponerlo a prueba. “Son muy abiertos a preguntar cosas específicas. A veces son recuerdos de su pasado, y quieren ver qué tanto sabe el asistente”.

En muchos centros de cuidado, explica, no abundan las actividades que estimulen la conversación o el pensamiento. Por eso cree que una herramienta así podría convertirse en algo más que una curiosidad tecnológica.

“Un asistente de este tipo puede ayudarlos a mantenerse activos mentalmente. Eso permite conservar sus capacidades y evitar que el cerebro envejezca más rápido”, afirma Saraguro.

adultos mayores y robot con IA en Guayaquil
La IA puede ser una herramienta que fomente la conversación con los adultos mayores y les ayude a reactivar recuerdos, indican los investigadores.ÁLEX LIMA

Milena Pazmiño, estudiante del Club de Inteligencia Artificial, de la Espol, quien presenció esta actividad, toma nota de todo. Cada reacción de los adultos mayores es descrita por su puño y letra.

“Estoy colaborando como observadora para registrar la información de los participantes”, detalla.

Admite que nunca imaginó que su carrera la llevaría a un escenario así. Ver a los adultos mayores conversar con un robot la sorprendió. “Aunque no tienen mucho conocimiento de esta tecnología, se adaptan muy bien”, indica.

Después mira nuevamente al pequeño asistente rodeado de preguntas y sonrisas. “Es emocionante ver cómo la tecnología puede adaptarse a estos espacios para ayudar a tener una mejor vejez”, reflexiona Pazmiño.

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