
Laboratorio de Ecotec impulsa la economía circular y revaloriza residuos en Ecuador
La academia consolida un modelo investigativo que rompe con la lógica de usar y desechar, promoviendo revalorización
La Universidad Ecotec ha consolidado una de sus principales líneas de investigación en torno a la economía circular, entendida como un modelo científico y social que busca transformar residuos en recursos con valor productivo. Desde la academia, este enfoque propone una ruptura con el sistema tradicional de producción y consumo, apostando por procesos basados en evidencia científica, innovación tecnológica y responsabilidad ciudadana.
Una visión de sostenibilidad que desarrolla en la academia
“El gran reto es cambiar un modelo obsoleto que durante décadas se basó en producir, usar y botar”, explica Rafael Luque, investigador internacional de la universidad. A su criterio, la economía circular plantea que los residuos no deben verse como un problema, sino como materias primas susceptibles de ser recuperadas, reutilizadas y transformadas mediante procesos científicos rigurosos.
Este enfoque se articula directamente con el concepto de revalorización, uno de los pilares del trabajo investigativo que impulsa Ecotec. “No se trata solo de reciclar, sino de revalorizar, de extraer valor científico, económico y ambiental de aquello que normalmente se considera basura”, señala Luque. Desde esta mirada, la ciencia se convierte en una herramienta clave para generar nuevas oportunidades productivas a partir de residuos locales.

Un laboratorio especializado en investigación y sostenibilidad
La investigación se desarrolla principalmente en el laboratorio RESVAL, un espacio que forma parte de un ecosistema investigativo más amplio. “Ecotec tiene una estrategia marcada de realizar proyectos aplicados, proyectos donde podamos ver en la práctica el resultado que se está generando”, afirma Ana María Padrón, coordinadora de proyectos de investigación e innovación. Según explica, el laboratorio fue remodelado hace un año, aunque su estructura investigativa se ha venido consolidando desde hace varios años.
“En este laboratorio se hace ciencia, se hace diagnóstico, cuantificación de problemáticas, medición de impactos, para poder contribuir incluso a políticas públicas”, destaca Padrón. Añade que los proyectos que surgen desde este espacio no se limitan a un solo campo, sino que abarcan áreas ambientales, económicas, productivas y sociales, con un enfoque integral que responde a problemáticas reales de la comunidad.
Un laboratorio con equipamiento especializado
El componente tecnológico es fundamental para sostener este nivel de investigación. El laboratorio cuenta con equipamiento avanzado que permite caracterizar materiales a nivel estructural y molecular. “Si no conocemos exactamente la composición de una muestra, no podemos revalorizarla de manera eficiente”, explica Gabriel Morey, director de Investigación de la universidad, al referirse al uso de tecnología de vanguardia como base para la toma de decisiones científicas.
La economía circular
Desde la gestión institucional, Morey subraya que la investigación tiene un propósito claro de transferencia social. “La investigación no puede quedarse únicamente en artículos científicos; debe convertirse en soluciones que la sociedad pueda aprovechar”, afirma. En ese sentido, la economía circular se proyecta como un puente entre academia, sector productivo y ciudadanía, capaz de generar innovación, emprendimientos y nuevas cadenas de valor.
A nivel ciudadano, la economía circular y la revalorización se presentan como herramientas de concienciación. “Cuando la gente entiende que lo que desecha tiene valor, cambia su relación con el consumo y con el entorno”, sostiene Luque. Desde esta perspectiva, la academia no solo investiga, sino que educa y promueve una ciudadanía más informada y responsable.