
Ciencia ecuatoriana alerta sobre microplásticos presentes en sal de consumo
Científicos identificaron microplásticos en sal marina y mineral, y demostraron que es posible reducirlos
La presencia de microplásticos en los alimentos ha pasado de ser una preocupación lejana a una realidad documentada por la ciencia. En Ecuador, esta problemática empieza a visibilizarse a partir de investigaciones académicas que advierten que incluso productos de consumo cotidiano, como la sal, contienen partículas microscópicas de plástico. Un estudio financiado por el Municipio de Guayaquil, que inició en el 2024 y ha sido desarrollado por un equipo interdisciplinario de once investigadores evaluó distintos tipos de sal comercializados en el país con el objetivo de identificar la presencia de microplásticos y proponer métodos efectivos para su eliminación.
Un análisis técnico a la sal de consumo local
La investigación analizó sal marina, sal de roca, sal rosada y sal tipo zafiro, partiendo de la hipótesis de que aquellas de origen mineral o con menor exposición ambiental presentarían menores niveles de contaminación. Sin embargo, los resultados revelaron un escenario distinto. “Uno de los hallazgos más sorprendentes fue encontrar microplásticos en todas las muestras analizadas, independientemente de la marca o el tipo de sal”, explica Beatriz Pernía, investigadora de la Universidad de Guayaquil. Este resultado confirma que la contaminación es generalizada y que la población está expuesta de manera constante a estas partículas a través de la alimentación diaria.
Aunque en el país aún no existen estudios concluyentes sobre los efectos directos de los microplásticos en la salud humana, la evidencia científica internacional los asocia con procesos inflamatorios, estrés oxidativo y la capacidad de transportar metales pesados u otras sustancias tóxicas. En ese contexto, los investigadores subrayan que el problema no es únicamente ambiental, sino también sanitario, y que debe abordarse desde una perspectiva preventiva y de salud pública.
Soluciones técnicas para reducir el microplástico en la sal
Más allá del diagnóstico, el estudio avanzó hacia la búsqueda de soluciones técnicas. El equipo comprobó que la contaminación no es inevitable y que puede reducirse de forma significativa mediante sistemas de filtración avanzada. “Demostramos que, a través de filtración física fina, es posible eliminar una gran parte de los microplásticos presentes en la sal sin alterar sus propiedades”, señala Pernía. Como parte del proyecto se desarrolló un filtro multicapa denominado Salexxis, diseñado para remover microplásticos, impurezas y metales pesados, con potencial de aplicación tanto a nivel industrial como doméstico.
El carácter interdisciplinario de la investigación fue clave para abordar el problema de manera integral. José Mora, otro de los investigadores, desde la Universidad San Francisco de Quito, destaca que la comprensión de los microplásticos requiere el aporte de varias áreas del conocimiento. “Desde la química y la ciencia de materiales se pueden identificar y caracterizar estas partículas; las ciencias ambientales analizan las fuentes de contaminación; la toxicología evalúa los posibles efectos en la salud, y las ciencias sociales contribuyen al diseño de estrategias regulatorias”, explica. Además, resalta el uso de tecnologías emergentes como la espectroscopía FTIR y Raman, que permiten mejorar la precisión y rapidez en los análisis.

Un llamado social al recibir los resultados
El componente social del estudio también arrojó datos reveladores. Una encuesta aplicada a 435 ciudadanos de Guayaquil evidenció un amplio respaldo a la regulación de microplásticos en la sal.
El 94,5 % de los encuestados considera necesaria una normativa nacional, el 96 % exige mayor transparencia mediante etiquetas con análisis de laboratorio, y el 85,7 % estaría dispuesto a pagar más por una sal libre de contaminantes. Para los investigadores, estas cifras reflejan una ciudadanía informada y dispuesta a respaldar mejoras en los estándares de calidad.
Como resultado del proyecto, el equipo científico propuso una actualización técnica de la norma ecuatoriana de sal de consumo humano, incorporando por primera vez límites máximos permisibles de microplásticos y criterios de control de calidad basados en evidencia local. “Con estos resultados, es posible trabajar junto a las autoridades sanitarias para validar métodos de análisis, implementar monitoreos periódicos y exigir procesos de purificación en la industria”, sostiene Pernía, quien considera que Ecuador tiene la oportunidad de convertirse en un referente regional en la regulación de microplásticos en alimentos.