Cartas | No a los salvadores y caudillos. Sí a los liderazgos colectivos

Recordemos que la democracia en el Ecuador no se construyó por azar. Fue fruto de la justicia social

El país atraviesa una etapa de debilitamiento democrático.

Han perdido credibilidad sus instituciones fundamentales y gran parte de la ciudadanía ha dejado de sentirse representada, escuchada y protegida por ellas.

La desigualdad persistente, la inseguridad, el desempleo, la corrupción, la impunidad, el crimen organizado, el narcotráfico, el alto costo de la vida, el deteriorado sistema de salud y las deficiencias educativas han erosionado la confianza pública.

En este contexto surgen discursos personalistas, confrontativos y autoritarios que prometen soluciones que luego no cumplen. Cuando prosperan no es por ignorancia popular, sino por la frustración social acumulada.

Allí donde la política dejó de ofrecer respuestas creíbles, especialmente a los más pobres, ha surgido el caudillismo populista y autoritario.

En el país sigue pendiente una tarea que aún no hemos sabido iniciar: derrotar el autoritarismo y el populismo que se ha consolidado desde hace dos décadas. El Ecuador necesita unidad frente a quienes amenazan las bases de nuestra frágil democracia, para avanzar hacia la equidad y la justicia social.

El desarrollo no puede reducirse únicamente al crecimiento económico. Cuando ocurre así, favorece sobre todo a los sectores más pudientes y concentra las oportunidades, sin reducir la pobreza. Si el país apuesta solo por crecer sin distribuir la riqueza producida por todos, termina consumiendo los recursos del presente y del futuro. La desigualdad seguirá siendo un karma que facilita la expansión del narcotráfico y otros flagelos.

El país no necesita salvadores ni caudillos. Requiere liderazgos colectivos y equipos capaces de alcanzar acuerdos amplios y fortalecer la ética pública. La democracia necesita instituciones fuertes, autónomas y transparentes, libertad de prensa, justicia independiente, fiscalización y rendición de cuentas.

Recordemos que la democracia en el Ecuador no se construyó por azar. Fue fruto de la justicia social y de la participación ciudadana. La democracia no se hereda ni se delega: se ejerce y se cultiva entre toda la sociedad.

Mario Vargas Ochoa