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Medardo Mora Solórzano | Entre la paz y el autoritarismo

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La realidad nos advierte que las tres superpotencias actualmente tienen gobiernos autoritarios

El mundo está en guerra. Existen humanamente dos formas de lograr un objetivo: por la razón o la fuerza. Para quienes creemos que la mejor forma de lograrlo es a través de la persuasión y la transparencia en las comunicaciones, nos resulta difícil aceptar que la paz se la consiga con el uso de la fuerza, imponiéndola, sin respetar ideas ajenas. Sin duda esa paz es muy frágil; al quedar heridas abiertas buscarán ser redimidas.

Surge la pregunta: ¿puede la humanidad vivir en paz sin respetar la normativa del Derecho Internacional, fruto de múltiples diálogos y negociaciones entre los distintos países? El gran líder pacifista Mahatma Gandhi sostenía: “la paz es el camino”; Martin Luther King murió pronunciando: “me niego a creer que la paz no sea posible”. Ambos pagaron con sus vidas sus luchas; entendían que el fin ulterior de una sociedad es vivir en paz.

La realidad nos advierte que las tres superpotencias actualmente tienen gobiernos autoritarios: EE. UU., que ha promovido su democracia desde su fundación, está actualmente gobernada por un autócrata vestido de ‘sheriff’ del mundo. Igual sucede con Rusia y China, con gobernantes autoritarios. Y los tres tienen derecho de veto a las Resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

Los hechos son elocuentes: Rusia invade por la fuerza a Ucrania, China amenaza a Taiwán, Estados Unidos está unido con Israel en guerra contra Irán, conflicto que ha escalado a otros países del Medio Oriente. No se puede ignorar que el conflicto de Israel con algunos países de esa región es de muy difícil acuerdo, si se consideran los componentes territoriales, religiosos, culturales, históricos; y en el caso de Irán, tiene un gobierno teocrático con un intransigente fanatismo y ahí la razón está excluida.

Qué hacer, es la preocupación del mundo civilizado. La ONU, nacida después de la Segunda Guerra Mundial, luce impotente para imponer su autoridad moral y diplomática;, la fuerza la tienen las grandes potencias y los países más desarrollados.

Hay que admitir la sabiduría de Albert Einstein y su teoría de la relatividad.