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Iñigo Balda | China, el gigante silencioso

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El gigante asiático está, por el momento, como un observador en el conflicto de Medio Oriente

En todo este lío de Irán hay un jugador muy importante que mantiene cierto silencio, y suele estar silencioso. La mentalidad de este jugador es más de observar y ver cómo pueden sacar rédito de esta situación. Cuando habla, suele hacerlo con mucha cautela y dejando claro lo que quiere y pretende decir. Este jugador clave en el tablero no es otro que China.

El gigante asiático está, por el momento, como un observador en el conflicto de Medio Oriente, pero con cierta preocupación, ya que China ha visto ya cómo sus dos grandes proveedores de petróleo (Venezuela e Irán) ahora mismo no le pueden proveer el ‘oro negro’ necesario para mantener su flujo energético estable.

China se adelantó a los hechos comprando grandes reservas para paliar una posible crisis, la cual llegó, pero se estima que si se dan más de dos meses de conflicto podría entrar en una especie de crisis energética. Y digo se estima porque dentro del silencio chino todo pasa a ser enigmático.

Si sigue la situación caótica en Medio Oriente, ¿mantendrá silencio el gigante asiático o le tocará intervenir de alguna forma?

En el mundo actual hay tres grandes superpotencias: Estados Unidos, China y Rusia, de las cuales solo las dos primeras son superpotencias económicas, pues Rusia es considerada una superpotencia únicamente por su capacidad nuclear.

Aparte de esas tres superpotencias hay decenas de pequeños jugadores en el tablero; algunos que piensan que son superpotencias, como la Unión Europea, pero son intranscendentes del todo en el plano político.

Sabemos perfectamente lo que piensa Rusia: Vladimir Putin es una persona vocal y dejó claro que es un atropello lo de Irán. Putin tiene una ventaja, Rusia es un gran productor de gas y petróleo, y por ello no le afecta el actual cierre del estrecho de Ormuz por parte de las fuerzas militares iraníes, por donde pasa el 20 % del petróleo mundial.

China es otra cosa. A pesar de que también es un gran productor petrolero, su demanda es tan alta que tiene una necesidad de importación igual de relevante. Si bien se encuentran en un momento de transición energética en el cual pretende reducir su gigantesca necesidad en energía fósil, este no es un proyecto fácil debido al tamaño del país y al difícil acceso a zonas rurales de nuevos tipos de energía para cambiar el modelo.

China ha protestado, con mucho tino y cordura, sobre la situación de Venezuela y de Irán. Sabe que no es un ataque directo ni personal a ella, sin embargo, los efectos colaterales de estos movimientos por parte de Estados Unidos sí que estaban estudiado.

El ‘America first’ de Trump incluye que EE. UU. vuelva a ser respetado, pero también temido. Mantener a China en aviso de que están aquí es parte de esto. Pero hay que tener en cuenta que, a diferencia de la Guerra Fría del siglo pasado, Estados Unidos y China tienen una interdependencia económica enorme: se necesitan el uno al otro para mantener esos niveles económicos.

Si la previsión de que China solo puede aguantar dos meses es real, el gigante asiático no mantendrá silencio, sino que pasará a la ofensiva. ¿Militar? No, probablemente diplomática, pero será interesante ver esa otra faceta de China.