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Francisco Rosales Ramos | Electoralista

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En lugar de adoptar las decisiones que más convienen a su país, se opta por aquellas que apuntan a la reelección

RAE: “Que tiene claros fines de propaganda electoral”. Este es el peor mal de los sistemas que permiten la reelección de sus autoridades. En lugar de adoptar las decisiones que más convienen a su país, se opta por aquellas que apuntan a la reelección. El poder es adictivo y afrodisíaco. Cuando se lo logra no se lo quiere dejar. El populismo, de izquierda o de derecha, se convierte en política de gobierno.

Ecuador ha tenido repetidas experiencias en esta materia: desde el inigualable velasquismo, cuyo líder ejerció cinco veces la presidencia de la República, aunque en una sola de ellas concluyó su período, hasta la fugacidad de seis meses de Bucaram en 1996 y el azote de Correa, que gobernó por 10 años entre 2007 y 2017, y trastornó de tal manera al país, que hasta ahora no se ha podido eliminar sus prácticas corruptas y desafueros.

El caso de Pedro Sánchez en España es emblemático. Está por completar su octavo año en la presidencia del gobierno con base en unos acuerdos políticos de siete grupos que apenas logran sumar la mayoría para mantenerlo en la Moncloa y abusan de su poder para lograr lo que más conviene a los intereses de cada uno, no importa cuán perjudiciales sean para el país. Pese a la catarata de escándalos de corrupción que involucran al círculo de la propia presidencia del gobierno, a un expresidente, a exministros y altos cargos del PSOE y multiplicidad de casos de tráfico de influencias, Sánchez se propone concluir su tercer período en 2028 e incluso aspira a una nueva reelección. La conveniencia para la nación quedó pospuesta frente al interés de permanecer en el poder.

Se estiman en 240 mil millones de euros los ingresos fiscales adicionales obtenidos entre 2018 y 2024, producto de nuevos impuestos e incrementos de los existentes. Pero no se han traducido en mejoras para los ciudadanos. La forma más objetiva de medir los resultados sociales, que es el índice de salario real, que fue 100 en 2018, ni tan siquiera se ha mantenido; ha disminuido a 97 en 2024. Esfuerzos de ciudadanos y empresas naufragados en el electoralismo.