
Día Mundial contra el Cáncer 2026: historias reales de superación y amor en Ecuador
Sobrevivientes encuentran nuevas misiones de vida, desde publicar libros hasta liderar proyectos solidarios
En Ecuador, cada diagnóstico oncológico marca un antes y un después, no solo para quien lo recibe, sino también para su familia y su entorno. En el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer, las estadísticas quedan en segundo plano cuando aparecen los rostros y las voces de quienes han convertido el miedo en fortaleza. Historias de pacientes, cuidadores y voluntarios revelan que la enfermedad no solo se enfrenta con medicamentos, sino también con fe, comunidad y propósito. Desde hospitales hasta fundaciones solidarias, el cáncer se transforma en una prueba que, aunque dolorosa, despierta una profunda capacidad de resistencia humana.
Un libro que cuenta historias de superación y fuerza
Hace diez años, la periodista y docente Gisela Raymond recibió el diagnóstico de cáncer de mama, a través de una mamografía a tiempo, que paralizó a su familia. El impacto fue inmediato: incertidumbre, temor a los tratamientos y preguntas sin respuesta. Sin embargo, en lugar de dejarse vencer, decidió transformar ese proceso en un acto creativo. Mientras recibía quimioterapia en SOLCA (Sociedad de Lucha contra el Cáncer del Ecuador), comenzó a escribir. “El libro 'Sin despeinarse' lo escribí en las salas de quimioterapia, mientras recibía el tratamiento con los doctores y enfermeras. El cáncer fue una oportunidad para hacer una pausa y cumplir mi sueño de publicar”, relata.
Entre sueros, citas médicas y conversaciones con otros pacientes, recogió historias de superación que hoy sirven de guía a quienes atraviesan la enfermedad. Para ella, la clave no fue la lástima, sino el apoyo: “Uno necesita oración, amigos y familia. Ese sostén es el que te levanta cuando todo pesa”. Actualmente, ya superada la etapa más crítica, participa en comités hospitalarios y promueve la detección temprana, convencida de que una mamografía a tiempo puede salvar vidas.

Una historia contada desde el amor de un esposo
La batalla de María Cristina Reina, en cambio, se cuenta desde la voz de su esposo, David Cevallos, quien se convirtió en cuidador, enfermero y compañero de lucha. Su historia comenzó con una malformación arteriovenosa cerebral y, con los años, derivó en un tumor y múltiples tratamientos, cirugías y secuelas físicas. La enfermedad transformó la rutina familiar y obligó a replantearlo todo. “Las personas deberían ser más empáticas. El enfermo no necesita lástima, necesita cariño y compañía. No abandonarlo nunca”, afirma.
David describe noches de hospital, rehabilitaciones y decisiones difíciles, pero también la certeza de que el amor sostiene cuando el cuerpo se debilita. Insiste en la prevención y en los chequeos médicos oportunos, convencido de que detectar a tiempo puede cambiar el destino de muchas familias. Su testimonio es, además, un llamado a las autoridades para garantizar tratamientos continuos y apoyo económico a quienes enfrentan enfermedades catastróficas.
Un dolo que motivó un proyecto social que alcanza al Ecuador
Otra voz que transforma el dolor en servicio es la de Valeria Constante, abogada y directora de proyectos de la Fundación No Me Digas Que No. Diagnosticada con linfoma de Hodgkin en 2022, vivió el miedo inicial junto a su familia, pero decidió asumir la enfermedad con fe y actitud positiva. “Entendimos que no era solo una prueba para mí, sino una oportunidad para ayudar a otros”, explica.
Desde la fundación, acompaña a pacientes vulnerables, ofrece orientación emocional y promueve redes de apoyo. Incluso tras una recaída reciente, mantiene firme su convicción: “Lo que hace la diferencia es quién camina contigo. Yo sé que no camino sola”. Para ella, además del soporte espiritual, también es necesario el respaldo legal y económico, por lo que destaca avances normativos que permiten a empresas colaborar con personas que padecen enfermedades graves.
Cada diagnóstico es una historia de amor y esperanza
Las historias de Gisela, María Cristina y Valeria coinciden en algo esencial: nadie atraviesa el cáncer en soledad. Cada diagnóstico involucra a familias enteras, amigos, médicos y voluntarios que tejen una red de cuidado. La enfermedad golpea, pero también revela nuevas vocaciones, fortalece vínculos y despierta una sensibilidad social más profunda.
En este día de conmemoración, sus mensajes se entrelazan como un llamado colectivo: prevenir con chequeos oportunos, acompañar sin lástima y sostener la esperanza incluso en los momentos más oscuros. Porque, más allá del dolor, cada historia demuestra que la valentía también se aprende y que, cuando hay amor y comunidad, la vida encuentra caminos para seguir adelante.