
Nutricionistas recomiendan hábitos sostenibles frente a dietas rápidas peligrosas
En jóvenes, la presión por el “cuerpo de verano” y los modelos irreales en redes sociales incrementan la ansiedad
Cada año, cuando se acercan los meses de calor, las redes sociales, la publicidad y los escaparates repiten el mismo mensaje: hay que “preparar el cuerpo”. Zumos verdes, planes detox, ayunos exprés y retos de 7 o 14 días prometen desinflamar, limpiar toxinas y perder peso rápidamente. La oferta parece infinita y seductora. Sin embargo, detrás de esa narrativa de renovación corporal no hay milagros fisiológicos. Investigadoras y profesionales de la salud advierten que muchas prácticas rápidas de jugos y dietas restrictivas socializadas en plataformas digitales, no solo carecen de evidencia científica, sino que pueden afectar el metabolismo, la autoestima y la relación con la comida, especialmente en jóvenes.
Jugos y dietas detox nos supervisadas pueden causar malestar
Para la docente e investigadora de Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), María Calado Otero, el punto de partida es claro: “El concepto detox aplicado a estas dietas difundidas en redes sociales no tiene fundamento científico”. Explica que el cuerpo humano ya posee sistemas naturales de depuración —hígado, riñones, piel y sistema linfático— que funcionan de manera continua sin necesidad de jugos verdes ni restricciones extremas. Lo que sí sucede, advierte, es que cuando la ingesta calórica se reduce drásticamente, el organismo activa mecanismos de supervivencia: “El metabolismo basal se ralentiza, aumenta el cortisol y se alteran hormonas que regulan el hambre y la saciedad”. En lugar de mejorar la salud, el cuerpo aprende a gastar menos energía.
Las cifras no son alentadoras. Entre el 90% y el 95% de las personas que siguen dietas restrictivas recuperan el peso perdido en un plazo de dos a cinco años, muchas veces con kilos adicionales. Es el llamado “efecto yo-yo”, asociado paradójicamente a peores indicadores metabólicos y cardiovasculares. “Cuando la dieta falla, la persona no cuestiona el método, se culpa a sí misma. Es el negocio perfecto”, resume Calado. A su juicio, estos planes operan más desde la culpa y la vergüenza que desde la salud, imponiendo la idea de que el cuerpo siempre está defectuoso y necesita corrección.
La verdadera nutrición debe ser balanceada y realista
Desde la consulta clínica, la licenciada en Nutrición Dayanara Alvarado observa ese mismo patrón. “La bajada rápida de peso no es grasa; es pérdida de agua y de glucógeno, nuestras reservas energéticas”, explica. Según detalla, al agotarse esas reservas, la báscula marca menos kilos, pero la composición corporal apenas cambia. Luego aparece el hambre intensa, el cansancio y, finalmente, el rebote. “Son planes insostenibles. El cuerpo entra en alerta, baja el gasto energético y después recupera todo lo perdido”, señala. Para ella, el verdadero cambio no está en un jugo o un reto viral, sino en hábitos consistentes y realistas.

Pero el impacto no es solo físico. La presión por el llamado “cuerpo de verano” golpea con fuerza la salud mental, especialmente en adolescentes. “Ese término es violencia simbólica”, afirma Calado. Implica que algunos cuerpos merecen mostrarse y otros esconderse. En redes sociales, la comparación se vuelve permanente: cuerpos filtrados, editados, seleccionados entre cientos de fotos. “Comparan su realidad tridimensional con ficciones bidimensionales”, dice. El resultado es ansiedad, insatisfacción corporal y conductas alimentarias de riesgo. Las chicas, añade, enfrentan una presión mayor por estereotipos de género que vinculan su valor personal con la apariencia.
El poder de las imágenes distorsiona la realidad
Alvarado coincide desde la experiencia con pacientes jóvenes. “Cuando el valor personal se mide por cómo te ves, se rompe la relación con la comida”, explica. Aparecen culpas, compensaciones excesivas en el gimnasio o miedo a ciertos alimentos. El problema se profundiza con filtros digitales que distorsionan la imagen real. “Se comparan con una versión irreal de sí mismos. Eso genera autocrítica constante”, comenta. Para ella, educar en el uso consciente de redes sociales es tan importante como enseñar nutrición.
Frente a este panorama, ambas especialistas proponen un cambio de enfoque. No se trata de castigar el cuerpo ni de perseguir un ideal estético, sino de cuidarlo. Calado habla de alfabetización corporal crítica: aprender a reconocer mensajes comerciales disfrazados de bienestar y comprender que la inseguridad también es un producto de mercado. En casa, recomienda evitar comentarios sobre peso o dietas; en la escuela, detectar señales tempranas de malestar y eliminar prácticas que estigmaticen. A nivel social, pide regulación de la publicidad de productos “milagro” y mayor diversidad corporal en medios.
Alvarado, por su parte, resume su receta en hábitos sostenibles: alimentación equilibrada y flexible, sin alimentos prohibidos; actividad física por placer, no como castigo; respeto corporal y acompañamiento profesional cuando exista conflicto con la comida. “La salud no se trata de perfección ni de extremos, sino de constancia”, sostiene. Y añade una frase que desarma la lógica de las dietas rápidas: “Cuidarse no debería doler ni generar culpa”.
En tiempos donde el mercado vende desintoxicaciones exprés y transformaciones en 10 días, la ciencia responde con paciencia y sentido común. El cuerpo no necesita ser limpiado ni disciplinado para valer. Necesita descanso, nutrición adecuada, movimiento y aceptación.