
La Catedral recibe fieles en velación continua del arzobispo emérito Antonio Arregui
Misas escalonadas, velación ininterrumpida y testimonios de fieles acompañan el último adiós al arzobispo
La despedida del arzobispo emérito de Guayaquil, Antonio Arregui Yarza, convierte al centro de la ciudad en un punto de encuentro espiritual. Desde el anuncio oficial de su fallecimiento, cientos de fieles han llegado hasta la Catedral Metropolitana de San Pedro Apóstol para agradecer su vida pastoral. Entre rezos y cantos, la imagen del arzobispo emérito —serena, cercana— acompaña una velación marcada por la memoria y la gratitud. No era solo el adiós a un líder religioso, sino a quien, durante más de una década, tejió comunidad en barrios populares, escuelas y dispensarios.
Un pastor que guardó el corazón de la iglesia guayaquileña
El padre Omar Mateo, canciller de la Arquidiócesis, recuerda a EXPRESO que Arregui ejerció su ministerio episcopal en Guayaquil entre 2003 y 2015, tiempo en el que impulsó una amplia expansión territorial y social de la Iglesia. “Tenemos un sentimiento agradecido por todo lo que él realizó. Fue padre, amigo y pastor”, señaló, al mencionar la creación de decenas de parroquias en zonas periféricas, además de obras solidarias como el Banco de Alimentos y una red de salud con cerca de veinte dispensarios médicos.
Según la información médica difundida por la Arquidiócesis, el deceso se produjo por una insuficiencia cardíaca. Tras su jubilación, el arzobispo emérito se dedicó a la predicación y a la escritura, manteniéndose como consejero de sacerdotes y familias. “No significó una sombra, sino un punto de referencia”, describió Mateo, aludiendo a la figura del pastor que, aun retirado, seguía acompañando procesos y decisiones.

La Catedral mantendrá misas continúas para despedir al pastor
El rector de la catedral, padre Francisco Sojos, confirmó que el templo permanecerá abierto día y noche para acoger a la ciudadanía. “La expectativa es simplemente abrir las puertas para que todos podamos estar en oración y en acción de gracias por su vida”, explicó, mientras se organizaba la siguiente misa y tenía un momento de recogimiento.
Sojos, además afirmó a este Diario que, la misa de exequias, prevista para el mediodía del sábado, convocaría a obispos del país, autoridades civiles y militares, y a una feligresía que llenará cada rincón del templo.
Fieles llegan con gratitud a despedir a un pastor y gran ser humano
Entre los asistentes, las historias personales dibujaron el verdadero alcance de su ministerio. Mónica Plúas, de 50 años, viajó desde lejos para despedirse. “Hace más de 20 años hice la confirmación con él. Es una pérdida tan grande… desde allá nos va a cuidar”, dijo con la voz quebrada, recordando sus visitas a parroquias de barrio y celebraciones familiares donde el entonces arzobispo siempre encontraba tiempo para escuchar. Para muchos, no era una figura distante, sino alguien que conocía nombres y rostros.

Michelle Torres, ciudada guayaquileña de 32 años, lo conoció a través de la televisión. “Yo lo veía desde niña, cuando daba sus reflexiones. Crecí con sus consejos”, contó. “Pensar que ya no está duele, pero nos deja sus palabras”. Ese testimonio resume la huella intangible que dejó Arregui: la del acompañamiento espiritual cotidiano, el mensaje sencillo y familiar que entraba a los hogares antes de salir a la escuela o al trabajo.
Así, entre rezos, cantos y abrazos, la despedida se transforma en una celebración de legado. Más que un cierre, la Iglesia habla de un “hasta pronto”. Las cifras de parroquias, dispensarios y escuelas muestran su impacto institucional; las lágrimas de los fieles, su impacto humano.