
Febrero confirma el repunte de lesiones deportivas tras el arranque de año
Especialistas advierten que el entusiasmo por retomar el ejercicio, sin una adaptación progresiva, provoca lesiones
Aunque enero suele asociarse con los propósitos de vida saludable, es en febrero cuando se sienten con mayor fuerza las consecuencias del arranque apresurado. Tras varias semanas de gimnasios llenos, clases funcionales intensas y rutinas exigentes, comienzan a aparecer las primeras facturas físicas: hombros inflamados, rodillas doloridas, tirones musculares y lumbalgias que obligan a suspender entrenamientos. El deseo de “ponerse en forma rápido” termina chocando con una realidad biológica: el cuerpo necesita tiempo para adaptarse.
Es necesaria la adaptación del cuerpo, antes de ejercicos de fuerza
Antonio Sánchez Pato, investigador senior y docente de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), explica que el riesgo aumenta cuando se pasa del sedentarismo a cargas altas sin transición. “El organismo pierde fuerza, elasticidad y resistencia durante los periodos de inactividad. Si exigimos demasiado en pocas semanas, músculos, tendones y ligamentos no toleran la carga”, sostiene. El problema no es empezar a entrenar, aclara, sino saltarse la fase progresiva de adaptación.
En las primeras semanas del año predominan las molestias leves; para febrero, muchas ya se convierten en lesiones definidas. Entre las más frecuentes aparecen contracturas, sobrecargas y roturas fibrilares en piernas y zona lumbar, además de tendinopatías en rodilla, tobillo y hombros. A esto se suman esguinces, producto de la falta de propiocepción tras meses de poca actividad, y dolores cervicales por debilidad muscular o mala postura. “Son errores de planificación, progresión y ejecución”, advierte el especialista.
Lesiones en hombros y rodillas son los más vistos en entrenamientos
El entrenador Víctor Pincay, dedicado a entrenamientos funcionales como CrossFit, observa un patrón similar en sus alumnos. “Muchos quieren recuperar en dos semanas lo que dejaron meses. Ahí vienen las lesiones, sobre todo en hombros y rodillas”, comenta. Su recomendación es clara: movilidad articular, calentamiento general y luego trabajo específico. El estiramiento, dice, debe ir al final, no al inicio. Además, recalca que la técnica es un termómetro: cuando la postura se deforma o aparece dolor lumbar, el peso es excesivo y hay que reducir la carga.
Las señales de alerta suelen ser evidentes, aunque a veces se ignoran: dolor punzante que no desaparece tras dos o tres días, inflamación, fatiga constante, rigidez matutina o bajo rendimiento. Incluso cambios como irritabilidad o dificultad para dormir pueden reflejar sobreentrenamiento. “No son agujetas normales, son avisos del cuerpo”, recalcan los expertos.

La necesidad de un entrenamiento progresivo y de una buena nutrición
Para evitar que febrero termine en reposo forzado, los especialistas coinciden en tres pilares: progresión, descanso y acompañamiento profesional. Aumentar poco a poco el volumen, combinar fuerza con movilidad, dormir bien, hidratarse y alimentarse de forma equilibrada permite que el ejercicio se convierta en un hábito sostenible y no en una carrera contra el tiempo. “La actividad física es una inversión a largo plazo. No hay atajos”, resume Sánchez Pato.
A esto se suma un factor silencioso que suele pasarse por alto: la nutrición y la hidratación. Sin suficiente agua, el rendimiento disminuye y aumentan los calambres, la fatiga y la posibilidad de desgarros musculares. "Una alimentación desordenada, con exceso de azúcares o porciones desmedidas, retrasa la recuperación y reduce la capacidad del cuerpo para soportar el esfuerzo", afirma Pincay. Los entrenadores insisten en que comer mejor no significa restringirse, sino aprender a equilibrar porciones y priorizar alimentos que aporten energía real y favorezcan la regeneración muscular.
Febrero, entonces, se convierte en una especie de filtro: quienes entienden la importancia de la progresión consolidan el hábito y avanzan sin contratiempos; quienes apuestan por la prisa suelen terminar en consulta médica o con semanas de descanso obligatorio. El mensaje de los especialistas es simple pero contundente: más que entrenar fuerte, hay que entrenar inteligente. "Escuchar al cuerpo, respetar los tiempos y buscar asesoría profesional puede marcar la diferencia entre un año activo o uno interrumpido por lesiones", concluyen.