
Si el voto mide popularidad, ¿es posible en las urnas escoger al mejor candidato?
Una socióloga, un politólogo, un exdiputado y un exconsejero hablan sobre la falta de preparación de quienes llegan al poder
Durante el correísmo se instaló el discurso de la meritocracia y de los concursos como puerta de acceso a los cargos públicos, aunque eso se desvirtuó. Hoy, en la Asamblea conviven bachilleres y legisladores con dos maestrías y cero formación política o militancia, tiktokers y procesados. El presidente Daniel Noboa cuenta con un título en Administración Pública en Harvard, pero todo eso no garantiza una buena gestión ni solvencia en este terreno.
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En ese contexto, hace unos días Juan Carlos Holguín reflexionaba en su columna en EXPRESO en torno a que “ya no nos gobierna el más apto o el más honesto, sino quien gana una elección. Y quienes ganan no siempre piensan en el bien común, sino en el interés político”. Esas líneas bien pueden resumir una percepción sobre la que se comenta: el problema no radica solo en quién accede al poder, sino en cómo se ejerce y con qué objetivos.
Para la socióloga Alejandra Santillana Ortiz, al analizar los nombres de quienes llegan al poder en Ecuador es necesario ir más allá de la crisis de representación. Propone no enfocarse en los proyectos políticos en disputa, sino en cuestiones más profundas, como el progresivo deterioro de lo público.
Para ella, acumular 10 títulos de Harvard o de cualquier otra universidad resulta irrelevante si no existe formación política, claridad de intereses, un proyecto reconocible ni una construcción orgánica que incluya militancia. Cuando esos elementos faltan, sostiene, la ciudadanía percibe que la democracia no responde a sus necesidades. De ahí el creciente respaldo a discursos de mano dura. No se trata, en última instancia, de llegar, de ganar elecciones por meritocracia, sino de cómo se entiende el país y se gobierna.
Los ecuatorianos volverán a las urnas el 14 de febrero de 2027. Este sábado, el CNE declaró el inicio del proceso electoral para elegir autoridades seccionales y vocales del CPCCS.
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Felipe Burbano de Lara, doctor en Ciencia Política, apunta que la democracia no ha sido capaz de llenar las expectativas políticas de la gente en torno a las diversas demandas en ámbitos como el social, el económico o la seguridad. Y esa ineficacia, que se vincula con un deterioro y desprestigio de la política, ha hecho que la gente tome distancia de ella, se vuelva escéptica y la abandone.
En ese momento, señala el exdirector de la Flacso, la política se convierte en el territorio de gente que tiene pequeños intereses y ambiciones, que ocupa cargos públicos, que se toma instituciones del sistema jurídico para sacar provecho propio. Así también se explica esa suerte de repliegue de la gente al mundo privado.
¿Por qué ahora todo parece ser cuestión de votos y no de preparación? Felipe Burbano de Lara reitera que es un reflejo de la ausencia de partidos, en donde se forman cuadros políticos, así como el distanciamiento de la sociedad respecto de la política. Eso crea un vacío, que deja abierta la posibilidad de que entre cualquier persona a la Asamblea para hacer cualquier cosa, sin ninguna consecuencia.
“Son pequeños grupos o mafias que están disputándose espacios de poder. Vaya a saber qué se disputa cada uno, qué beneficios quieren obtener; pero están enclaustrados y la sociedad no tiene ninguna capacidad de incidir en ese juego, hoy que el prestigio dejó de ser un valor de la política que regula la conducta de asambleístas”.
Alejandra Santillana hace un recuento histórico y concluye que las élites contribuyeron a socavar un modelo que les benefició en los últimos siglos. Le parece que ese sector ahora cree que la democracia no es la vía. “El capital no la necesita, le molesta la alternancia”.
Ella se niega a reducir el debate al tipo de representación, de si son o no los más aptos. Y anota que el sistema político y los espacios de representación desde hace algún tiempo han sido tomados no solo por la corrupción, sino por otras formas que adopta la economía ilegal, que amplía circuitos de corrupción y es un narco que requiere aval y complicidad de buena parte de Estado.
“La meritocracia tiene sus límites”, dice y también que el problema no es contar con profesionales sino que exista militancia formada, conocimiento real y no solo del marco legal, de historia, más allá de títulos.
Para Gonzalo Albán, quien fue destituido por la Asamblea al resultar incómodo a la mayoría del CPCCS, “hay puertas cerradas a la capacidad que deben romperse, pero también hay un desinterés en cierto sector de profesionales por contribuir a la gestión de lo público, producto de todo lo que conlleva un sistema que abraza a los corruptos y sanciona a los honestos. Porque lamentablemente eso es lo que vemos en muchos casos en el Ecuador”.
Pese a ese escenario, Albán sostiene que hay que “ensuciarse las botas”, “mojarse el poncho” y “poner asunto” en recuperar la institucionalidad, pero sobre todo en permitir decidir al electorado por la mejor opción y no por el menos malo.
La ciudadanía, dice, tiene que valorar lo que nos queda de democracia y defenderla. Esta necesita nuevos representantes que emerjan de sus necesidades y que estén dispuestos a sacrificar su comodidad por el país. “No solo se trata de votar, sino también de que de una ciudadanía indignada emerjan nuevos liderazgos. Esa aún es una tarea pendiente”.
A un sector le conviene que lleguen mediocres
“En Ecuador, la política se ha envilecido”, señala el exdiputado socialista Víctor Granda, hoy profesor de la Universidad Andina. “Poderes económicos manejan a los políticos y es lamentable que en algunos casos estén presentes el narcotráfico, el crimen organizado, el lavado de activos y la corrupción”. En ese marco, señala, “les conviene que a la política lleguen elementos mediocres, improvisados, que en definitiva utilizan el poder político para su propio beneficio y al capturar el poder ponen a sus allegados”.
Un grupo de mujeres denunció ante el TCE a los siete vocales del CAL por presuntamente incumplir la resolución del CNE que acredita a Priscila Schettini como asambleísta nacional, lo que podría constituir una infracción electoral muy grave.
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Para Granda, lo que se vive en Ecuador es parte de lo que pasa a nivel internacional. Con el segundo mandato de Donald Trump en Estados Unidos, a su criterio, se esparció por la región esta tendencia de la política con mano dura. “Llegó al poder tras ganar elección y ese contexto contamina a la política mundial”. Lo que se vive en el país, dice, “es el reflejo de esta descomposición que hay: el deterioro de valores éticos e instrumentalización muy pedestre de la política”.
En esa línea, Felipe Burbano de Lara analiza que la política se ha vuelto un espacio de amenazas, incertidumbre, miedo y arbitrariedades. “No se opina abiertamente porque es un riesgo frente a violencia y al gobierno autoritario, que castiga y silencia a la sociedad y limita espacios de expresión”, comenta. Y cita como ejemplos la venta de medios de comunicación y portales digitales, el despido de periodistas y la amenaza a EXPRESO.
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