Estres laboral digital
La presión cultural por estar siempre disponibles, sumada a la falta de límites organizacionales, convierte el descanso en un reto y refuerza una lógica de autoexplotación.Canva

Tecnoestrés laboral: cuando las vacaciones no logran apagar la mente

La hiperconexión impide una desconexión real durante los días libres y expone a trabajadores a agotamiento emocional

Las vacaciones, concebidas históricamente como un tiempo de descanso y recuperación, hoy se ven atravesadas por una hiperconexión que impide desconectarse del todo. Correos electrónicos, mensajes de WhatsApp y llamadas laborales siguen activas incluso fuera del horario de trabajo, prolongando la jornada más allá de los límites formales. Este fenómeno, cada vez más visible, se conoce como tecnoestrés laboral en vacaciones, una condición que afecta la salud mental y emocional de trabajadores que no logran desconectarse ni siquiera en sus días libres.

Una sociedad que no logra desconectarse

Desde la psicología, la docente de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, Ginger Ruiz, advierte que esta dificultad para descansar no es solo una cuestión organizacional, sino cultural. “Vivimos en una sociedad que valora la productividad por encima del bienestar. Se nos ha enseñado que descansar es perder el tiempo”, señala. En ese contexto, la especialista retoma las reflexiones del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, quien en su obra La sociedad del cansancio describe a un sujeto que ya no es explotado por otros, sino que se autoexplota en nombre del rendimiento y la eficiencia.

“Hoy el trabajador se exige estar disponible todo el tiempo, incluso cuando nadie se lo pide explícitamente”, explica Ruiz. “Eso genera culpa al desconectarse y ansiedad cuando no se responde de inmediato”. Según la psicóloga, esta autoexigencia constante desemboca en cuadros de agotamiento emocional, irritabilidad, insomnio y, en casos más severos, en el síndrome de burnout, una de las principales expresiones del tecnoestrés contemporáneo.

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Problemas de la falta de descanso a nivel cognitivo

El impacto de esta hiperconectividad también se manifiesta a nivel cognitivo. El psicólogo y educador Luiggi Sáenz de Viteri señala que el cerebro necesita pausas reales para funcionar adecuadamente. “Cuando no hay descanso, se afecta la memoria, la atención y la capacidad de disfrutar”, afirma. A esto se suma un fenómeno cada vez más común: la anhedonia, es decir, la dificultad para sentir placer incluso en actividades recreativas. “El cuerpo entra en un estado de alerta permanente que no distingue entre trabajo y vacaciones”, agrega el especialista.

No todos los trabajadores enfrentan el tecnoestrés de la misma manera. Docentes, profesionales de la salud, personal de servicios y trabajadores en modalidades remotas o híbridas figuran entre los más vulnerables, debido a la expectativa de disponibilidad constante. A ello se suman factores sociales como las responsabilidades de cuidado, que recaen con mayor frecuencia en mujeres, intensificando la sobrecarga durante los periodos que, en teoría, deberían ser de descanso.

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Desde el ámbito jurídico-laboral, Guillermo García González, catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad Internacional de La Rioja, subraya que la desconexión digital no debe entenderse como un privilegio, sino como un derecho vinculado a la salud laboral. “Las vacaciones solo cumplen su función si existe una desconexión real”, sostiene. En ese sentido, remarca que las empresas deben establecer límites claros: “No contactar al trabajador fuera de su jornada, respetar los periodos de descanso y promover una cultura organizacional que no penalice el silencio digital”.

Para los especialistas, el tecnoestrés en vacaciones revela una de las grandes tensiones de la vida contemporánea: la dificultad de poner límites en una sociedad hiperconectada. Aunque recomiendan hábitos individuales como desactivar notificaciones o separar dispositivos personales y laborales, coinciden en que el problema no puede resolverse únicamente desde lo personal. Sin cambios culturales y organizacionales, advierten, el cansancio seguirá acumulándose y el descanso continuará siendo apenas una pausa incompleta en medio de la exigencia permanente.

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