
Educación financiera en 2026: ordenar el presente para sostener el futuro
La planificación financiera no solo impacta en el bolsillo, sino también en la calidad de vida, al permitir reducir el estrés
El inicio de 2026 ha puesto en evidencia una realidad compartida por miles de hogares: compromisos financieros heredados del año anterior, deudas activas y la necesidad de reorganizar el manejo del dinero en un contexto de presión económica constante. Más allá del cambio de calendario, el nuevo año plantea un desafío ciudadano que va más allá del ahorro: aprender a tomar decisiones financieras con mayor conciencia, información y responsabilidad.
La evaluación para evitar deudas que obstruyan el futuro financiero
Desde la academia, el Jorge Luis Delgado, docente de la Facultad de Economía y Empresas de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, advierte que muchos de los problemas financieros actuales no se originan en la falta de ingresos, sino en decisiones tomadas sin planificación. “Cuando no se evalúa la capacidad real de pago, las deudas del pasado terminan condicionando todo el presente”, señala el economista, en una reflexión compartida recientemente en un espacio de divulgación académica impulsado desde el Vicerrectorado Académico.
El especialista explica que iniciar el año con desorden financiero tiene impactos que trascienden lo económico. El estrés, la ansiedad y la sensación de inestabilidad afectan la toma de decisiones familiares, laborales y personales. Por ello, subraya la importancia de revisar con honestidad el estado de las finanzas personales y reconocer hábitos de consumo que, aunque normalizados, resultan perjudiciales a mediano y largo plazo.
Confundir conceptos: gastos versus inversión
Uno de los errores más comunes, apunta, es confundir gasto con inversión. Compras realizadas por impulso, especialmente cuando se financian con crédito, suelen generar una carga prolongada que reduce la capacidad de ahorro y limita otras oportunidades. “Entender que no todo lo que se compra genera valor es clave para construir estabilidad”, afirma, al tiempo que recomienda establecer prioridades claras y distribuir los ingresos de manera estratégica.
En ese escenario, la educación financiera se consolida en 2026 como una herramienta social indispensable. No se trata únicamente de reducir gastos, sino de desarrollar una cultura de planificación que incluya presupuestos realistas, fondos de emergencia y metas financieras alcanzables. Para Delgado, incluso proyectos legítimos como adquirir vivienda, estudiar o emprender requieren una lectura responsable del tiempo, el endeudamiento y la sostenibilidad económica.
Desiciones que generaron desequilibrios
Esta mirada se complementa con el análisis del especialista en finanzas Alexis Álava, quien pone énfasis en la necesidad de iniciar el año con un diagnóstico claro. “Antes de pensar en nuevas metas, hay que revisar en qué se falló y qué decisiones generaron desequilibrios. Si no se hace ese ejercicio, es muy fácil repetir los mismos errores”, sostiene.
Álava destaca que uno de los principales desafíos es la falta de presupuestos estructurados. Muchas personas manejan sus finanzas de forma reactiva, respondiendo a gastos inmediatos sin una visión global del mes o del año. Por ello, recomienda construir presupuestos flexibles pero conscientes, que contemplen gastos no mensuales, obligaciones fijas y espacios reales para el ahorro.
Objetivos financieros vagos o medibles
El especialista también advierte sobre los riesgos de plantear objetivos financieros vagos o poco medibles. Metas claras, plazos definidos y revisiones periódicas permiten corregir el rumbo y evitar frustraciones. “La disciplina financiera no implica privación, sino previsión. Un buen plan no limita, libera”, afirma, al destacar que la organización del dinero es una herramienta de bienestar.
En un país donde el endeudamiento familiar es cada vez más frecuente y el acceso al crédito se ha normalizado, ambas voces coinciden en que fortalecer la educación financiera es una responsabilidad compartida entre la academia, la familia y la sociedad. Empezar 2026 con orden financiero no solo mejora las cuentas, sino que protege la salud emocional, los proyectos de vida y la posibilidad de construir un futuro más estable.