
¿Quién bombardea Colombia? Hipótesis e inquietudes que deja el caso en la frontera
No es la primera vez que Petro habla de “cuerpos calcinados” en la frontera con Ecuador. Ahora tiene una bomba sin estallar
“Veintisiete cuerpos calcinados” es algo que se dice fácilmente y aún más fácilmente se tuitea. Sobre todo si el tuitero en cuestión es, cuando se pone a la tecla, el incontinente verbal más insigne de Sudamérica: Gustavo Petro.
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Pero “27 cuerpos calcinados”, en boca de un jefe de Estado, son o pueden ser un ‘casus belli’. Esta semana, a poco más de un mes de que el gobierno de Daniel Noboa impusiera a las importaciones colombianas un arancel que poco después alcanzó el 50 por ciento, el presidente de Colombia escaló las tensiones entre los dos países, pasando de la guerra comercial al bombardeo en menos de 24 horas. La presencia de asesores militares estadounidenses en territorio ecuatoriano lo complica todo y convierte el caso en algo más serio de lo que parece.
El anuncio en un consejo de ministros
Primero fue el hallazgo de una bomba sin estallar: lo deslizó Petro, inadvertidamente, la tarde del lunes en un Consejo de ministros: “Han aparecidos bombas, una bomba -se corrigió-, muy en la frontera, ratificando mi sospecha”. Y pidió a su ministro de Defensa, Pedro Arnulfo Sánchez, investigar cuanto antes. “Ya van muchos estallidos, hay una grabación que creo debe hacerse pública. No la hicimos nosotros: llegó, porque eso proviene de Ecuador”.
En la mañana del martes 17 de marzo ya estaba la canciller Gabriela Sommerfeld desmintiendo la acusación (implícita pero ostensible) en una entrevista en Teleamazonas. Y el propio Daniel Noboa, en su cuenta de X: “Presidente Petro, sus acusaciones son falsas; estamos actuando en nuestro territorio, no en el suyo”. Y luego, pasando al ataque: “En Colombia le dan espacio a la familia de Fito”.
Para entonces la cadena RTVC Noticias, de Colombia, disponía ya de las imágenes de la bomba e incluso las había hecho analizar por expertos en explosivos: partida en dos, a ras de suelo, con signos de oxidación (evidencia de que llevaba ya algunas semanas, no muchas, en ese lugar) y un componente (cierto alambre dispuesto de cierta manera) que indicaba sin lugar a dudas que había sido lanzada desde un avión, yacía en medio de un sembrío de plantas de coca.
Horas después, ignorando totalmente los desmentidos del Ecuador, Petro subía nuevamente las tensiones, esta vez en su cuenta de X: “Los bombardeos en la frontera de Colombia y Ecuador -tuiteó- no parecen ser ni de los grupos armados, no tiene aviones, ni de la fuerza pública de Colombia. Yo no he dado esa orden. Hay 27 cuerpos calcinados y la explicación no es creíble. Las bombas están en el piso cerca a familias, muchas de ellas han decidido pacíficamente reemplazar sus cultivos de hoja de coca por cultivos legales. Aquí muestro ya los productos de la sustitución: café, chocolate, cacao”.
"27 cuerpos calcinados"
La mención de los “27 cuerpos calcinados” cayó como un ladrillazo sobre el tablero. “¿Ecuador asesinó a 27 colombianos?”, preguntó un usuario de X en los comentarios. No hubo respuesta. Petro no lo ha dicho así, tal cual, pero es eso lo que está implicando. Y no se refiere, claro, a la bomba sin estallar (que confirma sus sospechas, dijo) sino a los “muchos estallidos” de los que habló la víspera. Más aún: no es la primera vez que habla de cuerpos calcinados en la frontera con Ecuador, un detalle que vuelve verosímil la versión colombiana de los hechos.

“En estos días hemos incautado casi quince toneladas de cocaína sin muertos. Pero en la frontera con el Ecuador hay decenas de muertos calcinados. Son dos métodos diferentes, dos maneras muy diferentes de entender una lucha contra el narcotráfico, una brutal e interesada, que termina promoviendo poderes mafiosos y narcotraficantes, y otra inteligente”. Lo dijo el pasado 3 de febrero, en Washington, en declaraciones que ofreció tras su reunión con Donald Trump y que nadie percibió, en ese entonces, como una acusación directa al Ecuador.
Esa misma semana, la publicación de orientación izquierdista Revista Raya, comprobó sobre el terreno que tres laboratorios para la elaboración de cocaína habían sido destruidos en el departamento fronterizo de Nariño en circunstancias por demás misteriosas: en las localidades de Llorente, Mosquera y Rosario. Esos laboratorios no los destruyó el gobierno de Petro (él no hace esas cosas: los deja operar tranquilamente) sino que cayeron, según los testimonios recabados entre campesinos de las zonas por Revista Raya, bajo fuego aéreo de lo que parecían ataques de precisión. Para entonces ya había llegado al Ecuador la ayuda logística de Estados Unidos. ¿No había adelantado Donald Trump que destruirían los laboratorios de cocaína del Pacífico? ¿Lo hicieron las fuerzas del Comando Sur desde territorio ecuatoriano?
Es cierto: Gustavo Petro es un incontinente verbal incurable y todo lo que dice, cuando le da a la tecla, debe ser tomado con pinzas. Pero eso no quita que su postura, en este caso, resulte completamente convincente.
Falta determinar el origen de esa bomba. Y, sobre todo, conocer el contenido de esa grabación que dice tener y que hasta el momento no se ha decidido a hacer pública. En lo que respecta a Ecuador, la idea de que el gobierno de Daniel Noboa haya decidido otorgar facilidades a Estados Unidos para atacar territorio colombiano es harto peor que inquietante: en caso de confirmarse, sería un atentado a las relaciones binacionales con nuestro vecino más próximo, al que nos unen lazos que deberían trascender las circunstanciales orientaciones ideológicas de sus gobiernos.
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