
Cuando los números engañan: por qué proyectos “exitosos” terminan fracasando
La gestión de proyectos requiere integrar indicadores financieros con contexto, personas y valor social
En la gestión de proyectos, el cumplimiento del presupuesto y del cronograma suele asumirse como una garantía de éxito. Sin embargo, desde una mirada académica y social, esta interpretación resulta incompleta. Los indicadores financieros permiten evaluar la eficiencia operativa, pero no siempre reflejan el impacto real que un proyecto tiene sobre las personas, las organizaciones y su entorno. Esta brecha entre los números y la realidad explica por qué iniciativas que aparentan estar bajo control terminan fracasando en su propósito esencial.
Desde la ESPAE (Escuela de Negocios de la Escuela Superior Politécnica del Litoral), el profesor-investigador David Coello Montecel advierte que uno de los errores más comunes es confundir eficiencia con efectividad. “Los indicadores de costo y tiempo pueden estar en verde y, aun así, el proyecto puede estar fallando”, señala, al explicar que la eficiencia se limita a cumplir lo planificado, mientras que la efectividad implica resolver el problema real del cliente y generar valor.
Implicaciones sociales y organizacionales
Para Coello, esta diferencia tiene profundas implicaciones sociales y organizacionales. “Podemos construir el puente más barato de la historia, con una alta eficiencia, pero si lo hacemos en el lugar equivocado y con funcionalidades equivocadas, el valor entregado será cero”, afirma. Desde su perspectiva, un proyecto verdaderamente exitoso no se define solo por fabricar entregables, sino por asegurar que esos resultados se traduzcan en beneficios reales y sostenibles para los usuarios y las partes interesadas.

Uno de los aspectos más invisibilizados en la gestión tradicional es el factor humano. Coello sostiene que existen costos que no aparecen en la hoja presupuestaria, pero que pueden destruir el valor de un proyecto con mayor rapidez que cualquier sobrecosto. “Estamos gestionando personas, no solo costos y cronogramas”, enfatiza, al referirse a la sobrecarga de los equipos, al desgaste emocional y a los altos niveles de rotación que se generan cuando la presión por cumplir indicadores financieros ignora el bienestar del equipo.
Indicadores númericos como punto de partida
El académico también alerta sobre el impacto de sacrificar la calidad para cumplir plazos. “A veces se toman decisiones arbitrarias para recortar especificaciones solo por cumplir el tiempo, y eso genera pasivos ocultos”, explica. Estos pasivos, añade, se manifiestan luego en mayores costos de mantenimiento, reprocesos o insatisfacción del cliente, afectando no solo la rentabilidad, sino también la confianza en la organización y en sus proyectos.
Desde una mirada complementaria, la profesora-investigadora María José Castillo, Ph.D., señala que los indicadores numéricos de rentabilidad son apenas el punto de partida para evaluar un proyecto. “Luego, todas las variables deben ser probadas contra la realidad del contexto que nos rodea y contra nuestra mejor estimación de lo que está por venir”, sostiene, en referencia a factores como inflación, volatilidad de precios, inestabilidad política o cambios tecnológicos.
Aprendizaje organizacional de números y contexto
Castillo subraya además la importancia del aprendizaje organizacional. “La información con la que contemos, tanto de fuentes externas como internas, será clave para reducir la incertidumbre”, afirma, destacando el valor de las lecciones aprendidas y de comparar lo esperado con lo que realmente ocurrió. En este proceso, añade, la incorporación de herramientas tecnológicas y de inteligencia artificial analítica permite realizar análisis de sensibilidad más sofisticados y precisos.
En conjunto, ambas voces coinciden en que el éxito de un proyecto trasciende el cumplimiento de la línea base de tiempo y costo. Gestionar proyectos implica integrar números, personas y contexto, entendiendo que detrás de cada cronograma y presupuesto existen impactos humanos y sociales. Como resume Coello, “el verdadero éxito reside en nuestra capacidad de transformar la planificación y el presupuesto en beneficios sostenibles y en valor tangible para nuestros clientes y para la sociedad”.