
UTPL desarrolla tecnología para anticipar inundaciones y deslizamientos en Loja
Con un visor climático, app móvil y monitoreo continuo, la UTPL acerca la ciencia a la ciudadanía para emergencias
En un país donde las lluvias intensas pueden convertir un barrio entero en una zona de riesgo en cuestión de minutos, un grupo de científicos en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) trabaja para cambiar la forma en que Ecuador enfrenta los desastres naturales. En lugar de esperar a que ocurra la emergencia, apuestan por anticiparla. Ese es el corazón del nuevo sistema de alerta temprana para inundaciones y deslizamientos que hoy se prueba en Loja y que, de crecer, podría convertirse en una herramienta clave para proteger a miles de familias en el país.
El contexto de la investigación científica
El contexto no podría ser más urgente. Según datos del Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias (SNGRE), entre enero y junio de 2025 se registraron afectaciones por lluvias en las 24 provincias del país, con 213 cantones golpeados principalmente por deslizamientos e inundaciones. Esta realidad se repite cada año, mientras Ecuador continúa operando bajo un modelo reactivo que llega siempre después del daño.
Ese rezago estructural lo resume con claridad Fernando Oñate-Valdivieso, coordinador del Grupo de Investigación en Hidrología y Climatología de la UTPL, quien advierte que “la reconstrucción llega después de las pérdidas, cuando ya es demasiado tarde”, una frase que evidencia la brecha histórica entre lo que la ciencia sabe y lo que el país aplica para salvar vidas.
Sistema de alerta temprana a las estaciones climáticas
Ante este panorama, el equipo científico decidió construir un camino distinto, apostando por un sistema de alerta temprana que combina sensores, estaciones climáticas, radares meteorológicos y modelación hidrológica para identificar zonas vulnerables y activar avisos en tiempo real. El proyecto, actualmente en fase piloto, se desarrolla en Loja y ya ha permitido realizar levantamientos topográficos, establecer umbrales de precipitación y publicar investigaciones que muestran la importancia de integrar tecnología con participación ciudadana.
Oñate-Valdivieso recalca que “un sistema de alerta no tiene impacto si no llega a la comunidad”, dejando claro que no basta con tener datos: hay que traducirlos en acciones que la ciudadanía pueda comprender y aplicar al momento de una emergencia.
Esa misma preocupación es compartida por otro de los expertos del proyecto, el climatólogo Andreas Fries, quien observa cambios acelerados en el clima de la provincia. Señala que Loja experimenta noches más cálidas, días más calurosos y temporadas con lluvias intensas seguidas de sequías más prolongadas.
“Vamos a tener más días calurosos, lo que afecta a ancianos, niños y al sistema de salud. Y al mismo tiempo se intensifican las lluvias en temporada húmeda”, explica. Su voz subraya que no se trata solo de un fenómeno meteorológico: se trata de un impacto directo en agricultura, conectividad vial, disponibilidad de agua y bienestar de las comunidades.
Por esa razón, insiste en la importancia de que los datos sean accesibles. “Los datos están disponibles, pero hay que capacitar a las personas para que los puedan interpretar”, afirma, destacando iniciativas como el visor climático y la aplicación móvil del Observatorio de Clima de la UTPL.
La política pública como una arista a trabajar
Sin embargo, uno de los desafíos más grandes no está en el software, ni en los sensores, ni en los algoritmos. Está en la política pública. Oñate-Valdivieso señala que Ecuador carece de un plan nacional que obligue o incentive a implementar sistemas de alerta temprana. A pesar de colaboraciones con el INAMI y algunas municipalidades, el avance aún es limitado.
“En Ecuador hay la política de reparar más que de prevenir”, asegura, resaltando que incluso las ciudades más grandes del país no cuentan con sistemas integrales de alerta que funcionen de manera articulada. En ese vacío institucional, el piloto de Loja se vuelve un laboratorio de lo posible: demuestra que, con evidencia científica, recursos gestionados adecuadamente y voluntad de colaboración, es factible anticipar desastres y reducir impactos humanos y económicos.
La visión de largo plazo del proyecto es clara: que esta experiencia no quede confinada a Loja, sino que se convierta en un modelo replicable en otras provincias vulnerables. Los investigadores ya han iniciado conversaciones con municipios como Célica y Zapotillo, donde existe interés por adoptar tecnologías similares. Oñate-Valdivieso lo resume con una frase que define la urgencia del país: “Loja es solo el inicio. Lo que buscamos es generar evidencia, obtener resultados y luego escalar a otras provincias. El país lo necesita”. Su perspectiva revela que la academia no solo investiga; también construye soluciones que pueden transformar la forma en que Ecuador entiende y enfrenta los riesgos climáticos.