
La clave para empezar bien el 2026: consejos que sí funcionan
Expertos plantean que la clave no está en cambiar el calendario, sino en transformar patrones y fortalecer conexiones humanas
El inicio de un nuevo año suele despertar un deseo colectivo de renovación, cambio y recomienzo, pero también activa tensiones sociales y emocionales que pasan desapercibidas en el discurso público. En Ecuador, como en muchos otros países, los primeros meses del año marcan un punto de inflexión en el que las personas reflexionan sobre lo vivido, se comparan con otros, sienten presión por cumplir metas y enfrentan la ansiedad generada por balances internos que no siempre son justos. Desde una mirada académica y clínica, los psicólogos ecuatorianos Luiggi Sáenz de Viteri y Jordy Briones coinciden en que este proceso puede convertirse en un espacio de crecimiento si se aborda desde la autoconciencia, la autocompasión y el reconocimiento del papel que la comunidad tiene en la salud mental.
Formular metas realistas con planificación
Para Sáenz de Viteri, el problema no es que las personas formulen metas, sino cómo lo hacen. Él explica que muchos propósitos de el inicio año se construyen desde un ideal abstracto, alimentado por comparaciones sociales y por la presión del entorno digital. Cuando alguien dice “este año quiero viajar más”, en realidad formula un deseo desconectado de su vida concreta, lo que dificulta su cumplimiento y aumenta la frustración. Desde la perspectiva psicológica, plantea que es indispensable bajar esas aspiraciones a un plano realista, específico y accionable: definir qué viaje, cuándo, cómo y con qué recursos.
Para él, la meta deja de ser una ilusión y se convierte en un plan personal que se alinea con los valores y el bienestar individual. Esta mirada se sostiene en enfoques contemporáneos de intervención psicológica que destacan la importancia de la claridad y la planificación como herramientas que fortalecen la salud emocional.
Valorar el año que pasó y el aprendizaje
Durante el cierre del año, la ansiedad se intensificó. Sáenz de Viteri señala que estas semanas se vivieron como un examen personal, donde la gente se enfocó únicamente en lo que no logró. Esa lectura negativa, explica, distorsiona la percepción del año anterior y genera angustia. Desde la psicología cognitiva, propone una reestructuración que permita valorar lo bueno y lo malo con el mismo peso: identificar aprendizajes, reconocer avances y aceptar que incluso aquello que no se logró puede aportar sentido.
Briones coincide y añade que la ansiedad también surge porque las personas se aferran a la idea de que lo no cumplido equivale a fracaso, sin reconocer que en el tránsito del año siempre hubo logros, transformaciones y momentos de crecimiento. Para él, "la clave está en comprender que no es el calendario el que cambia mágicamente, sino la postura interna de cada individuo, capaz de replantear patrones, emociones y conductas".
Valorar el esfuerzo individual puede ser sanador
Otro punto esencial es la autocompasión. En una sociedad marcada por comparaciones constantes —especialmente desde las redes sociales— la autoexigencia deteriora la salud emocional. Sáenz de Viteri sostiene que "muchas personas se miden según la vida idealizada de los demás, sin considerar que cada historia tiene ritmos diferentes".
La invitación, desde un enfoque académico y humanista, es a reconocerse como un ser en construcción y a valorar el esfuerzo sin esperar perfección. Briones profundiza en que la autocompasión implica hablarse con amabilidad, reconocer las habilidades propias, validar los avances y aceptar los errores como parte del aprendizaje. Esta práctica, dice, es fundamental para sostener metas saludables y evitar la frustración repetitiva que muchos enfrentan cada enero.