
¿Quién será lo suficientemente fiel a Carondelet para ser el próximo fiscal general?
Tres nombres sobresalen por su cercanía con el Ejecutivo y, por ende, cuentan con la simpatía del CPCCS
De los 75 aspirantes a fiscal general de la Nación que constan en la lista del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), solo hay tres que tienen pergaminos como para ser los favoritos del Gobierno de Daniel Noboa: Carlos Alarcón, Daniella Camacho y José de la Gasca. Este dato no es menor: es sabido, evidente y desvergonzado el modo en que el CPCCS (cooptado por el Gobierno) lleva adelante un proceso abiertamente fraudulento y en el que no participan ni los juristas ni los jurisconsultos con probidad notoria del país.
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Vistas así las cosas, lo más seguro es que el CPCCS escogerá, entre los aspirantes, al que mayores garantías ofrezca al Gobierno para cumplir con dos objetivos: mirar a otro lado cuando algún funcionario esté realizando alguna trapacería en el sector público o perseguir a algún adversario político del Gobierno, como al alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez, o a alguna voz crítica, como, por ejemplo, diario EXPRESO. En otras palabras, el favorito del Gobierno -que es lo mismo que decir el favorito del CPCCS- será quien más le asegure proteger a sus funcionarios y perseguir a sus adversarios.
Sin embargo, como hay al menos tres participantes que tienen antecedentes de vinculación o simpatías con el Gobierno, nada está aún escrito ni definido. Las apuestas están, en todo caso, abiertas, y las opciones son estas, sin que el orden de presentación signifique una mayor o menor posibilidad de resultar escogido.
¿Quiénes tuvieron cercanía con el poder político?
El primero es José de la Gasca, que tiene sobrados antecedentes para ser el favorito de Carondelet, aunque algunas de sus circunstancias personales y profesionales también podrían llevar a pensar lo contrario. De la Gasca ha sido cercano al Gobierno, al propio presidente de la República y llegó a ser ministro de Gobierno. Además -y sobre todo- fue la mente detrás de dos piruetas muy poco ortodoxas desde el punto de vista jurídico para beneficiar al presidente Noboa: sacar, a como dé lugar, del camino a la vicepresidenta Verónica Abad y permitir que Noboa haga campaña electoral sin pedir licencia.
Y, como si fuera poco, el martes 3 de marzo, día en que vencía el plazo para la presentación de candidaturas, el bloque de troles, influencers y periodistas cheerleaders del Gobierno anunció su postulación antes de que fuera oficial y la colmó de aplausos y cumplidos. Como dice el dicho: dime a quién promocionan los troles de la oficina oscura y te diré a quién se quiere en Carondelet.
#ANÁLISIS | El concurso para nuevo fiscal del Estado es un fraude. Si los mejores se postulan, lo pondrán en evidencia.
— Diario Expreso (@Expresoec) February 25, 2026
Lee el texto completo escrito por Roberto Aguilar 👉 https://t.co/dWthmcsm0G pic.twitter.com/CDEI1h9woG
Con esos antecedentes, se podría concluir que es el más opcionado es José de la Gasca. Sin embargo este penalista guayaquileño no es cualquier tinterillo de medio pelo y no parecería estar aspirando al cargo de fiscal si ello significara sacrificar su buen nombre y prestigio por falta de independencia frente al Gobierno. Quienes lo conocen personalmente dicen que tiene orgullo y una aspiración legítima de ser un fiscal de prestigio.
¿Está dispuesto a convertirse en un rodapié, como Galo Chiriboga lo fue para Rafael Correa, o como el actual fiscal, Carlos Alarcón, lo es para Noboa? La sola posibilidad de terminar en esa galería de la infamia y vergüenza es motivo suficiente para que De la Gasca tenga planes muy distintos al de ser un fiscal de bolsillo. De la Gasca, entonces, no parece tener el perfil con mayores posibilidades de ganar: no es 100% asegurado que sea tan dócil como el presidente necesita que sea.
Luego está Carlos Alarcón, hoy por hoy el fiscal de bolsillo de Daniel Noboa; una figura que, si no fuera porque carece de toda presencia escénica, sería vista como el nuevo Galo Chiriboga del correísmo. Alarcón tiene una virtud que podría garantizarle el visto bueno de Andrés Fantoni y el séquito de rodapiés en el CPCCS: no se juega ningún prestigio -porque no lo tiene- y ya ha demostrado ser un perfecto bienmandado. Sus posibilidades de triunfo son, por tanto, enormes. ¿Su problema? Que elegir a un bienmandado de su talla sería un escándalo. Pero los escándalos tampoco parecen atemorizar al Gobierno.
Por último está Daniella Camacho. A la hoja de vida de esta jueza de la Corte Nacional sobresale su valentía de condenar a la corrupta y poderosa cúpula correísta -incluido su cabecilla, Rafael Correa- en el caso Sobornos. Sin embargo, su mejor carta de presentación en un concurso donde lo que más importa es la opinión de Noboa y su círculo íntimo, es haber sido la candidata de Carondelet para ocupar la presidencia de la Corte Nacional de Justicia. Únicamente la voluntad de una mayoría de jueces titulares de ese organismo, que no querían un presidente servil como había sido José Suing, impidió que Camacho fuera la elegida. En su lugar, se nombró al juez Marco Rodríguez.
Camacho tiene, entonces, dos factores que permiten pensar que contará con las simpatías del CPCCS: haber sido candidata de Carondelet para presidir el máximo organismo de justicia y ser identificada como la verduga del correísmo.
En definitiva, nadie tiene asegurada la etiqueta de ganador: todos tienen sus pros y sus contras para ser de la entera confianza del presidente Noboa. En los papeles, quizá Alarcón es quien ha demostrado mayor obediencia debida, pero nada está dicho. Incluso entre los otros 72 aspirantes podría aparecer lo que se conoce como el “caballo negro” o el “tapado” de Carondelet que termine alzándose con la Fiscalía. Así es: todo es posible, incluso que ninguno de los tres más opcionados sea el elegido.
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