
La lucha contra el narco es una farsa| Por Roberto Aguilar
Análisis| Cuatro razones para poner en duda las buenas intenciones del Gobierno en supuesta guerra a muerte contra el crimen
La llamada “ofensiva total” declarada por el Gobierno contra el narcotráfico y que supuestamente arrancó esta semana en las provincias de Guayas, Los Ríos y Manabí, ¿es un esfuerzo real o un montaje propagandístico, como lo fue aquella famosa marcha sobre Durán que el presidente Daniel Noboa, disfrazado de soldadito (casco, chaleco antibalas y cara de peligro), dirigió alguna vez a bordo de una tanqueta? Vista a la luz de las cifras de hoy, aquella incursión cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo no sirvió para otra cosa que no fuera alertar a los mercados internacionales. Sobran, pues, las razones para dudar de las verdaderas intenciones del Gobierno.
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Hasta la reunión del bloque de seguridad que parió la tal “ofensiva total” está empañada por sombras de sospecha. Nadie vio entrar ni salir de Carondelet a los ministros que dizque participaron en ella, nomás se difundió un puñado de fotos oficiales en las que los cazadores de gazapos encontraron tantos detalles raros (un brazo del presidente montado como el de un transformer; un vaso de agua que muestra una inusual torcedura; una extraña duplicación que parece sugerir un sexto dedo en la mano del ministro del Interior…) que no parece descabellada la hipótesis de que la inteligencia artificial se lo inventara todo.
Real o ficticia, esa reunión del bloque de seguridad es, para Daniel Noboa, una isla de trabajo en medio de un océano de ocio en el extranjero. Ya prepara maletas para viajar nuevamente, esta vez a Suiza, con el pretexto de la reunión anual del Foro Económico Mundial.

Daniel Noboa se prepara para acudir al Foro Económico Mundial
Uno se pregunta qué puede haber allá que sea más importante que una “ofensiva total” acá, salvo las fantásticas pistas de esquí que hacen de Davos el epicentro alpino de este deporte. Nada nuevo bajo el sol: ya en los primeros días de este año, Daniel Noboa firmó un decreto de emergencia para ocho provincias del país por motivos de “conmoción interna” y, acto seguido, se fue de vacaciones a Aspen, Colorado. ¡Vaya conmoción interna! Está claro que la prioridad del presidente no es la lucha contra el narcotráfico sino la temporada de esquí. Ya lo veremos en julio o agosto inventando algún pretexto para visitar Bariloche, si es que tal destino tercermundista está a su altura.
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Todo lo cual conduce al tema de fondo de esta historia, que no es la reunión del bloque de seguridad diseñada en inteligencia artificial, ni las vacaciones del presidente ni la “ofensiva total”. Es la triste constatación (no una duda o una sospecha: una certeza fundada en los hechos) de que el gobierno de Daniel Noboa no está luchando contra el narcotráfico, como pretende hacernos creer.
1. Ningún Gobierno sinceramente empeñado en una lucha contra el narcotráfico se permitiría mantener a un Mario Godoy en el Consejo de la Judicatura. Mantenerlo, apoyarlo y crear las condiciones para que continúe operando aun con un juicio político encima, juicio político justificado, precisamente, por sus acciones en favor del narcotráfico.
Una deficiente lectura de los hechos sugiere que el presidente le pidió la renuncia. La verdad es que Noboa se ha negado a reconocer el escándalo que rodea al personaje, sus conflictos de intereses con causas que lo relacionan con el narco, las presiones que jueces y otros funcionarios honestos han recibido de parte del Consejo de la Judicatura que él preside para favorecer a narcotraficantes, su biografía plagada de relaciones oscuras.
El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, emitió el Decreto Ejecutivo 288, mediante el cual autoriza al Ministerio del Interior y al Ministerio de Defensa Nacional a adoptar medidas excepcionales para adquirir bienes y servicios destinados a tareas de seguridad.
— Diario Expreso (@Expresoec) January 17, 2026
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Sí, Daniel Noboa le sugirió renunciar, pero sólo después de que asistiera a la Asamblea para repetir la delirante teoría de la conspiración diseñada en los talleres de Carondelet, según la cual opositores correístas, lassistas y otros cadáveres políticos conspiran juntos para tomarse la justicia.
Por lo demás, en lugar de ofrecer su apoyo al juez Carlos Serrano, que fue presionado por el Consejo de la Judicatura para dictar sentencia a favor del narco serbio Jezdimir Srdan y que tuvo que huir del país porque éste lo amenazó de muerte, el presidente de la República perpetró la infame barbaridad de repetir y subrayar esa amenaza. Sí, es inaudito, es insólito, es excesivo y parece mentira.
Pero es cierto. Dijo exactamente Daniel Noboa que, si fallaba en contra del narco, nada podría hacer para protegerlo de la venganza de la mafia. ¿Es esta la actitud de un gobierno que lucha contra el crimen organizado o que lo socapa?
2. Ningún gobierno sinceramente empeñado en una lucha contra el narcotráfico se permitiría mantener unos servicios de inteligencia ocupados más en la persecución política de opositores que en la vigilancia de los grupos de delincuencia organizada.
Mientras el poco inteligente secretario de Inteligencia, Michele Sensi-Contugi, se dedica a adquirir medios de comunicación, comprar conciencias de periodistas, pagar influencers y financiar granjas de troles para difundir desinformación y campañas sucias con gastos reservados, los delincuentes supuestamente más buscados, como alias El Marino, montan empresas de seguridad privada y reciben permisos para portar armas de parte de las autoridades respectivas. Y se cuelan hasta la cancha de fútbol de Mocolí. Y mueven millones de dólares en la compra mansiones que el poco íntegro secretario de Integridad y director de la UAFE, José Julio Neira Hanze, no se preocupa por investigar.
Sólo hay dos alternativas: son profundamente estúpidos o son cómplices. Ambas posibilidades son perfectamente verosímiles.
3. Ningún Gobierno sinceramente empeñado en una lucha contra el narcotráfico se permitiría postergar durante más de un año la instalación del radar indispensable para detectar el ingreso y salida de narcoavionetas del espacio aéreo nacional. Radar que ya está comprado y embodegado en las instalaciones del proveedor, en España, mientras espera que la Fuerza Aérea concluya (¿empiece?) las adecuaciones de terreno necesarias para su emplazamiento, en el cerro Montecristi.
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No es, faltaría más, por falta de dinero que no se han emprendido esas obras: 5 millones de dólares ya fueron asignados para el efecto y permanecen intocados en la cuenta respectiva. La razón, según la peregrina explicación de la Fuerza Aérea, son las malas condiciones climáticas y las características geológicas del terreno. Porque el cerro Montecristi, cualquiera lo sabe, es una mole de granito impenetrable caracterizado por las lluvias monzónicas que se precipitan 360 de los 365 días al año.
La verdad es que en ese mismo terreno ya estuvo emplazado un radar, así que las adecuaciones no deben ser mayores; la verdad es que ese radar anterior fue destruido por el boicot de un grupo de oficiales y personal de tropa de la Fuerza Aérea, que si bien fueron juzgados y sentenciados no terminaron de explicar las motivaciones que los llevaron a perpetrar ese delito.
La verdad es que, en un año calendario, los ingenieros chinos son capaces de levantar de la nada una isla artificial; en la isla, un aeropuerto internacional; y entre la isla y tierra firme, una autopista. Pero el Gobierno ecuatoriano es incapaz de adecuar una hectárea de terreno sobre un cerro. Será porque no quiere.
4. Ningún Gobierno sinceramente empeñado en una lucha contra el narcotráfico se permitiría dejar escapar a un prisionero atrapado en el extranjero y cuya extradición ya fue aprobada por el Gobierno que lo detuvo y lo tiene bajo custodia. El caso del Negro Willy, uno de los cabecillas de los Tiguerones, es un bochorno internacional que debería sonar todas las alarmas.
Este era, supuestamente, el personaje que dirigió el ataque armado a los estudios de TC Televisión, en enero de 2024, y luego ordenó el asesinato del fiscal encargado de investigar ese caso. Se decía que ese ataque había sido montado por el propio Gobierno para fabricarse un pretexto que le permitiera declarar el estado de conflicto armado interno que se convirtió en la piedra angular del ejercicio del poder para Daniel Noboa. Estas versiones, claro, no pasaban de ser habladurías.
Sin embargo, detenido en España y aprobada su extradición por las autoridades judiciales de ese país, el Gobierno ecuatoriano (que manejaba el caso a través de su Cancillería) omitió el cumplimiento de requisitos para la ejecución de esa extradición y permitió que los plazos perentorios se cumplieran sin mover un dedo, a pesar de todos los avisos, y sin dejar a los jueces españoles otra alternativa que liberar al Negro Willy. Entonces… ¿habladurías?
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