Operativos en los puertos por militares
Operativos en puertos y altamar buscan frenar el narcotráfico, mientras la presión estatal acelera la fragmentación de bandas criminalesCortesía

Presión estatal y nuevas rutas del narcotráfico transforman el crimen en Ecuador

La presión estatal desarma bandas, pero su fragmentación podría reactivar la violencia criminal, advierten expertos

Hasta hace pocos años, Ecuador no figuraba entre los principales focos de violencia en América Latina. Sin embargo, la combinación de una presión policial y militar intensificada, la fragmentación de las bandas criminales y las reconfiguraciones en las rutas internacionales del narcotráfico ha colocado al país en el centro de la atención regional e internacional.

Datos de análisis de grupos de monitoreo muestran que, tras el declive de estructuras criminales consolidadas como Los Choneros (organización que durante años dominó el narcotráfico y diversas economías ilícitas), Ecuador ha enfrentado una rápida proliferación de grupos criminales más pequeños.

Esta fragmentación ha derivado en disputas territoriales violentas, que se extienden desde las zonas portuarias de Guayaquil y Esmeraldas hasta áreas fronterizas de la Amazonía.

Fragmentación criminal y disputa territorial en Ecuador

Para Mike Vigil, exdirector de operaciones internacionales de la Administración para el Control de Drogas (DEA), este fenómeno no debe interpretarse como un debilitamiento real del crimen organizado. “Aún no se puede hablar de que estén debilitando a estos grupos. La acción de capturar o matar a líderes no tiene un impacto decisivo. Si no se desarticula toda la infraestructura criminal, lo que ocurre es lo que hemos visto en México: se captura a capos como el Chapo Guzmán o Zambada y el resultado es la fragmentación. En lugar de un grupo, aparecen dos o tres, muchas veces más violentos”, advierte.

La acción de capturar o matar a líderes no tiene un impacto decisivo. Se crean otras bandas y más violentas

Mike Vigil

Exdirector de la DEA

Desde 2024, el Gobierno ecuatoriano declaró una guerra frontal contra las bandas criminales, movilizando a las Fuerzas Armadas, decretando estados de excepción y ejecutando operativos con capturas masivas y desarticulación de estructuras delictivas.

El ministro del Interior, John Reimberg, ha señalado que la caída de líderes criminales ha alterado de forma profunda el equilibrio interno de las organizaciones, provocando enfrentamientos entre bandas por el control de rutas y territorios estratégicos.

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Mano dura y riesgos de una violencia reactiva

No obstante, especialistas en seguridad alertan sobre los riesgos de las estrategias de “mano dura”.

La eliminación de las cúpulas criminales, señalan, puede generar un efecto rebote: las organizaciones tienden a dividirse en células más pequeñas, autónomas y difíciles de rastrear.

El coronel en servicio pasivo del Ejército, Wilson Goyes, coincide en que estos impactos suelen ser temporales. “La captura de líderes interrumpe la cadena de mando y genera una desorganización momentánea. Pero también puede provocar luchas internas por el control, lo que incrementa la violencia y abre nuevos frentes de inseguridad”, explica.

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Un patrón regional que se repite

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Este patrón no es exclusivo de Ecuador. Estudios sobre dinámicas criminales en otros países de América Latina indican que la fragmentación de estructuras delictivas suele ir acompañada de una fase intermedia de mayor violencia, incluso cuando las organizaciones parecen debilitadas desde el punto de vista jerárquico.

A este escenario interno se suma un cambio en las rutas del narcotráfico a escala regional. Analistas internacionales advierten que el endurecimiento de los controles en el Caribe (en particular por parte de Estados Unidos) está forzando el desplazamiento de grandes volúmenes de cocaína hacia los corredores del Pacífico y la Amazonía, muchos de los cuales atraviesan territorio ecuatoriano.

El coronel retirado Mario Pazmiño, experto en inteligencia militar, sostiene que estas reconfiguraciones habrían convertido a Ecuador en un eje clave del tráfico regional.

Ecuador como eje del narcotráfico regional

Hasta el 70% de la cocaína producida en Colombia habría transitado por puertos ecuatorianos en 2025

Mario Pazmiño

Experto en inteligencia militar

Según sus estimaciones, hasta el 70 % de la cocaína producida en Colombia habría transitado por puertos ecuatorianos en 2025, una cifra que podría aumentar si las rutas continúan desplazándose hacia el sur y el oeste. Este escenario coloca al país no solo en la órbita de mafias regionales, sino también de redes transnacionales más complejas y sofisticadas.

Para Ana Carpio, investigadora en seguridad regional, la fragmentación puede generar una percepción engañosa. “Puede dar una falsa sensación de debilitamiento cuando, en realidad, lo que ocurre es una redistribución del poder criminal hacia estructuras más flexibles y menos visibles”, señala.

Este aparente “enfriamiento” de las mafias tradicionales no implica una reducción del narcotráfico, sino una transformación de sus mecanismos de operación.

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En conjunto, los indicadores de violencia, las dinámicas de fragmentación y la creciente presión sobre las rutas del narcotráfico sugieren que 2026 será un año clave para Ecuador.

Si bien la ofensiva estatal ha golpeado las estructuras criminales y generado pérdidas logísticas y económicas, también ha intensificado la competencia entre bandas y fortalecido la presencia de actores más adaptables y violentos.

El desafío, coinciden los expertos, será ir más allá de la respuesta militar y policial.

Combinar el uso de la fuerza con reformas profundas en justicia, cooperación internacional y políticas sociales será determinante para evitar que el reacomodo criminal derive en una nueva escalada de violencia y para avanzar hacia una contención sostenible del crimen organizado.

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