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Martin Pallares | La salida de Loffredo: un tema de Estado

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Unos casos son más traumáticos que otros, pero el daño siempre queda ahí, torturando la psiquis colectiva

Toda sociedad humana lleva en su corazón cierto sentido humanista: eso es lo que la cohesiona cultural y emocionalmente. Y cuando ese sentido humanista ha sido lastimado por el Estado que la representa, la sociedad se resiente. Cuando eso ocurre se produce un trauma colectivo en la sociedad: una sensación de culpa colectiva la abate y la avergüenza, la degrada y la acompleja. La historia está ahí: los EE. UU. con el trauma del napalm en Vietnam o Abu Ghraib en Irak; Alemania con el Holocausto; Chile o Argentina con la represión militar; Bélgica con el Congo… Unos casos son más traumáticos que otros, pero el daño siempre queda ahí, torturando la psiquis colectiva de cada sociedad, de cada pueblo o de cada país.

El caso de los cuatro niños de Las Malvinas tiene todas las características para terminar convirtiéndose en ese trauma para la conciencia colectiva de los ecuatorianos y pasar a la historia del país como uno de los episodios más indignos y dolorosos. Si el gobierno de Daniel Noboa realmente estuviera interesado, aunque sea mínimamente, en que la sociedad y la historia nacional no queden torturadas por ese tema, debería hacer algo, tener al menos un gesto de humanidad y de responsabilidad política. Durante un año y medio el Gobierno ha tratado de ignorar el episodio, e incluso de manchar con el concurso de ‘influencers’ y periodistas comprados la honra de los niños y de sus familias. En esa miseria humana ha actuado también la Asamblea Nacional, que se ha negado a hacer lo mínimo que pudo haber hecho: encontrar un responsable político por lo ocurrido.

El que se haya mantenido en el cargo de ministro de Defensa a Gian Carlo Loffredo es una bofetada a la sensibilidad colectiva. Ni fue juzgado por la Asamblea ni se le ha pedido la renuncia en Carondelet, a pesar de todas las evidencias sobre su responsabilidad política y, aún más, con el antecedente de su burda e infame rueda de prensa en la que amenazó con usar la fuerza militar en contra de una jueza que dictaminó que en el caso de los cuatro niños de Las Malvinas hubo desaparición forzada. Sacar a Loffredo a propósito de la sentencia de la Corte Constitucional sería, al menos, un gesto que ayudaría a aliviar el daño que el caso de los cuatro niños de Las Malvinas ya está produciendo en la psiquis colectiva.