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Jaime Izurieta Varea | La banda sonora

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Esta capacidad de sintonizar es lo que convierte un simple trayecto en pertenencia

Dave Brubeck es uno de los más destacados pianistas de jazz. En 1964 viajó con su cuarteto a Japón y creó un diario sonoro de su viaje, publicado luego como ‘Jazz Impressions Of Japan’. Temas como ‘Tokyo Traffic’ cuentan la historia del caos del tráfico en la ciudad en un día de lluvia. Todo el disco se escucha como una banda sonora, no solo del viaje sino de las calles y el alma de Japón.

La ciudad no es solo cemento, cables y asfalto. Quien camine por las calles y veredas con el oído atento descubrirá que a veces la ciudad se sintoniza, y cuando eso pasa la vemos con ojos distintos.

Cuando encontramos la belleza en la cacofonía de ruidos, tráfico, gritos y el zumbido de la vida urbana, la ciudad nos ofrece una experiencia inolvidable.

Esta capacidad de sintonizar es lo que convierte un simple trayecto en pertenencia. Cuando caminamos por nuestras ciudades, no solo consumimos espacio; consumimos tiempo, ritmo y tono. Asignar música a una calle es un acto de apropiación, una forma de marcar territorio en el caos.

Al asociar un restaurante, una plaza o una esquina con una melodía específica, estamos sellando la identidad de ese lugar en nuestra memoria. Sin esa banda sonora, la ciudad sería un ente mudo, una acumulación de fachadas. La música le pone alma.

Esa impronta que dejan la música y los lugares en nosotros es lo que sobrevive al tiempo y se graba en la memoria. Los edificios pueden ser demolidos, los negocios pueden cerrar y la vida en la vereda puede borrarse, pero la huella emocional de un espacio se mantiene. La memoria sonora es el plano real de la ciudad.

Aunque el mapa de Tokio haya cambiado mil veces desde 1964, el Japón de Brubeck sigue intacto cada vez que la aguja cae sobre el disco.

Lo mismo nos sucede al caminar por nuestras propias esquinas: el cemento es efímero, pero la música hace que la memoria de esas esquinas sea permanente.

Los edificios son solo la escenografía de algo mucho más profundo. Habitamos entre estructuras de concreto, pero los momentos y las memorias que allí creamos son los que las hacen relevantes. La ciudad no se construye, se compone.