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Diario Expreso Ecuador

El ocho infinito

Datos del Latinobarómetro 2024 revelan una fuerte baja confianza social en Ecuador y una alta dependencia del círculo cercano

Existe baja confianza social en Ecuador.

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Ocho de cada cien ecuatorianos dicen confiar en un desconocido. Lo dice el Latinobarómetro 2024, y lo dejé planteado la semana pasada. Somos, con Brasil, de los que menos confían del planeta.

Y al lado de ese ocho vive otro. En el índice de individualismo, Ecuador puntúa también ocho sobre cien, de los más bajos del mundo, es decir, de los más apegados al grupo. Dos mediciones discutibles, que por casualidad caen en la misma cifra. Pero juntas dibujan algo que reconocemos, somos de los que menos confían en el extraño y de los que más se aferran a los suyos.

Cómo cabe eso en un mismo país. El que menos confía debería ser el más solo, no el más rodeado de los suyos. No es contradicción. La confianza no nos falta. Nos sobra, pero amurallada.

La psicología social lo mostró comparando decenas de países. Hay una confianza en los conocidos, los de la sangre, y otra en el desconocido, la del recién llegado. En casi todas partes la primera se derrama en la segunda. Donde el grupo pesa demasiado, la confianza se queda en el círculo, y el de afuera queda en sombra, no porque seamos mezquinos, sino porque toda la luz la gastamos adentro.

Y el cerco no se abre por dentro. Se abre por roce. Donde la vida obliga a tratar con el distinto, la escuela mezclada, la fila que iguala, la confianza aprende a salir del clan. No por convicción, por costumbre. Aquí ese roce casi no ocurre, porque aprendimos a temerlo.

Cómo el contacto social moldea la apertura al otro

Lo más callado es que ni nos miramos. Hace poco, un estudio coronó a República Dominicana como el país más familiero del mundo, y allá lo celebraron en portada, orgullosos. Nuestro ocho desconfiado salió de un informe sobre la democracia, y entre tantas cifras, nadie reparó en él. También somos familieros, pero desconfiados como nadie, y es esa segunda mitad la que dejamos en el anexo. Quizás porque mirarla es arriesgado, o tal vez porque de tan normal dejó de parecernos un problema.

Mirarlo de frente sería el principio. Pero no sirve pedir más confianza. El círculo se ensancha donde la vida obliga a tratar al extraño hasta que deja de serlo, y hasta entonces, la confianza seguirá presa, y el ocho seguirá acostado.

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