
Anselma Mina: del sur de Guayaquil al liderazgo de Mina Horizons Foundation
Ingeniera y conferencista, demuestra en su fundación que la educación puede transformar realidades en sectores vulnerables.
En el Guasmo Central, sur de Guayaquil, una niña aprendió que el contexto no tenía por qué ser destino. Allí creció Anselma Mina, ingeniera en Telecomunicaciones, afroecuatoriana y cofundadora de Mina Horizons Foundation junto a sus hermanos. Hija de una madre viuda que sacó adelante sola a cuatro hijos, entendió desde temprano que la única herencia segura era la educación. “La manera de seguir adelante es a través de la educación”, repite, como quien no olvida la raíz.
Ser mujer y afro en un entorno vulnerable significó convivir con expectativas limitadas. “Muchas veces primero evalúan cómo te ves y después lo que sabes hacer”, dice sin titubeos. Pero su historia tomó otro rumbo: culminó la universidad, ganó becas, estudió en Alemania y comprobó que las oportunidades que parecen lejanas sí existen. Ese contraste, entre el prejuicio y la capacidad, no terminó de encender su propósito.
Antes de formalizar su propia fundación, Anselma ya había pasado por organizaciones comunitarias, colectivos juveniles y proyectos con migrantes. El servicio no fue una moda, fue una crianza. Cuando por fin legalizaron Mina Horizons Foundation, el sueño dejó de ser conversación de sobremesa y se convirtió en estructura, voluntarios y proyectos concretos. Hoy, la fundación trabaja principalmente con niños, adolescentes y madres solteras en Guayaquil, ofreciendo formación en educación financiera, liderazgo, tecnología y salud mental.
En escenarios internacionales, donde también ha sido invitada como conferencista, Anselma habla con orgullo de su país. Reconoce los desafíos, pero rechaza el discurso derrotista. “El entorno no define quién eres”, afirma, convencida de que la resiliencia también se aprende. Su apuesta es clara: consolidar la fundación en Ecuador y proyectarla al mundo.
Fundación con propósito
¿Recuerda cuál fue su primer gran sueño que parecía imposible lograrlo?
Terminar mis estudios. Como mujer afroecuatoriana del sur de Guayaquil, parecía que el destino era limitado. Pero mi mamá nos enseñó que la educación era el único camino para salir adelante.
¿Desde cuándo empieza su vínculo con el trabajo comunitario?
Desde muy pequeña. Mi mamá siempre estuvo involucrada en organizaciones sociales y eso lo heredamos. Participábamos en organizaciones del Guasmo Sur, del Guasmo Central y también del centro de Guayaquil, tanto afro como no afro. Organizábamos actividades lúdicas para niños y, ya de adolescentes, trabajé en una organización que apoyaba a jóvenes migrantes y desplazados de Colombia, Venezuela y Haití, ayudándolos a integrarse al sistema educativo ecuatoriano.
¿Qué sentía que hacía falta y por eso decidió crear la fundación?
Un espacio que trabaje con sectores vulnerables en general, especialmente niños y madres solteras, dándoles formación real. La educación transformó la historia como hermanos y queremos que transforme la de otros.

¿Qué tipo de capacitaciones ofrecen?
Educación financiera, liderazgo, tecnología, manejo responsable de redes sociales y salud mental. No basta con motivar, hay que dar herramientas.
¿Qué estereotipo le gustaría romper?
Que la imagen define tu capacidad. Muchas veces primero evalúan cómo te ves y después lo que sabes hacer.
¿Qué la sostiene cuando llegan los “no”?
La resiliencia y el espíritu de ayudar. No siempre es un sí, a veces es un después. Pero si podemos aportar aunque sea a 50 jóvenes, vale la pena.
Estamos próximos a conmemorar el Día de la Mujer ¿qué le diría a una niña que siente que su contexto la limita?
Que fortalezca su mente y su carácter. El entorno no define tu destino; está en ti decidir hasta dónde quieres llegar.
Tejiendo redes con más países
Más allá del discurso inspirador, Anselma está construyendo una red de apoyo. Sus experiencias en estudios en Alemania y conferencias en Estados Unidos no son capítulos aislados en su biografía, sino conexiones estratégicas. Cada viaje implica tocar puertas, presentar la fundación y buscar alianzas que permitan intercambios, capacitaciones virtuales y colaboraciones binacionales. La meta no es solo impactar localmente, sino posicionar a Mina Horizons Foundation como un puente entre Ecuador y otros países.
El modelo de trabajo también marca diferencia. La fundación no apuesta por figuras mediáticas, sino por jóvenes profesionales que sepan conectar con niños y madres solteras desde la experiencia real. La apuesta es clara: acompañamiento sostenido, seguimiento posterior a cada taller y formación práctica en temas que realmente inciden en la autonomía económica y emocional.
A cinco años de su creación, el siguiente paso es consolidar infraestructura propia y asegurar financiamiento estable. El sueño es ambicioso: bases sólidas en Ecuador y expansión internacional, empezando por Brasil donde está su hermana, la modelo Carmen Mina. El enfoque es prudente: primero fortalecer y luego escalar. Porque para Anselma, el impacto no se mide solo en números, sino en historias que logran sostenerse en el tiempo.
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