
El éxito de Sienna Rosa reaviva el debate sobre el uso de la IA en el arte
La artista irrumpió en las plataformas a fines de 2025 y tiene más de 4 millones de seguidores
“Tu voz es un río que me arrastra cerca de ti, borrando cada rastro de miedo. Cierro mis ojos y me dejo llevar por tu corriente; el amor se siente interminable contigo a mi lado”. Así inicia la letra de Into the Blue, canción que se volvió viral en Spotify y marcó el ascenso de Sienna Rose en las listas de reproducción. Rápidamente, a lo largo de 2025, otros temas de su álbum debut Velvet Embrace comenzaron a circular con fuerza en playlists de neo-soul y R&B contemporáneo. Hoy, el perfil de Sienna Rose supera los cuatro millones de seguidores en Spotify y mantiene millones de oyentes mensuales.
El crecimiento del proyecto no se limitó a las plataformas de streaming. Sienna Rose tuvo presencia en Instagram y TikTok, donde circularon imágenes y clips que supuestamente mostraban a la artista. En Instagram, su cuenta exhibía una serie de retratos con iluminación suave y una estética homogénea, junto a otras fotografías que la mostraban en su casa o paseando por una tienda de vinilos. En TikTok, fragmentos de sus canciones se replicaban en videos breves que reforzaban su difusión. Los comentarios de los seguidores, al inicio, oscilaban entre el entusiasmo y la incredulidad. “Por favor, dime que es real, ¡qué impecable que es tu voz!”, escribió una usuaria en Threads. Otro mensaje, compartido en Bluesky, señalaba: “Tu música resuena en lo más profundo de mi alma”.
Sin embargo, junto al entusiasmo comenzaron a aparecer las dudas. No había entrevistas, conciertos, presentaciones en vivo ni registros periodísticos que confirmaran la existencia de la cantante. En sus redes tampoco aparecían fotografías antiguas ni referencias a un proceso previo que diera cuenta del camino recorrido hasta su repentino ascenso. ¿Quién era realmente Sienna Rose?
Resolver el enigma
A las dudas que empezaron a surgir en redes sociales frente al inexistente pasado de la cantante, se sumó un dato que llamó la atención: entre finales de septiembre y principios de diciembre de 2025, se publicaron al menos 45 canciones atribuidas a Sienna Rose en distintas plataformas de streaming, un ritmo de producción que muchos consideraron inusual para un solo artista humano.
El punto de quiebre llegó cuando la aplicación de streaming Deezer confirmó públicamente que gran parte del catálogo de Sienna Rose había sido detectado y etiquetado como música generada por inteligencia artificial. En declaraciones recogidas por medios internacionales, la plataforma explicó que utiliza herramientas internas capaces de identificar patrones matemáticos característicos de la música creada con IA, y que este contenido es retirado de sus recomendaciones algorítmicas y playlists editoriales. “Cuando el software añade capas e instrumentos, introduce errores que funcionan como una huella digital”, explicó un investigador de la compañía.
Las sospechas también se apoyaron en aspectos sonoros. Algunos oyentes señalaron la presencia de un leve silbido constante, estructuras muy formales y letras descritas como genéricas. Daniel Sullivan, crítico musical comentó en su cuenta de Tik Tok: “Me gustaba, pero había algo inquietante, como un valle extraño. Cuando miré el perfil, pensé: esto es IA”. Otro usuario escribió en X: “Spotify me recomendó Sienna Rose después de escuchar a Olivia Dean. Suena parecido, pero más genérico. Me tomó un par de canciones darme cuenta”.
La polémica no se hace esperar
Muchos oyentes no llegaron a Sienna Rose por casualidad. Lo hicieron después de que la artista Selena Gomez publicara un carrusel de fotografías de los premios Golden Globe con la canción Where Your Warmth Begins como fondo musical. Sin embargo, cuando el debate sobre el origen de la cantante volvió a activarse en redes y medios, el audio fue retirado de la publicación.
El caso de Sienna Rose abrió, no obstante, un debate más amplio sobre las implicaciones de la inteligencia artificial en la industria musical. Spotify ha declarado que permite la distribución de música creada con IA, siempre que no suplante identidades reales ni infrinja derechos de autor. La plataforma ha señalado que su enfoque está en combatir el uso malicioso de esta tecnología, como el spam o la imitación fraudulenta de voces de artistas reconocidos, aunque no exige un etiquetado visible para los oyentes.
Desde Deezer, en cambio, la postura ha sido más activa. El jefe de investigación y desarrollo de la plataforma, Manuel Moussallam, afirmó: “Creo que deberíamos permitir que los usuarios sepan si lo que están escuchando proviene de un artista real o de IA y que puedan tomar su propia decisión”. Según datos compartidos por la empresa, cerca del 34 % de las canciones que recibe diariamente podrían estar generadas por inteligencia artificial, una cifra que ha crecido de forma acelerada en el último año.
Las reacciones entre artistas y profesionales de la música han sido diversas. Algunos defienden la IA como una herramienta más dentro del proceso creativo, comparable a tecnologías que en su momento también generaron resistencia. Otros, en cambio, expresan preocupación por el impacto económico y simbólico de estos proyectos. Timbaland, músico con décadas de trayectoria, señaló: “El problema no es la tecnología, sino cuando desplaza al artista y desvía recursos que podrían sostener a quienes recién empiezan”.
Un futuro incierto
El caso de Sienna Rose no es aislado. En los últimos años han surgido otros proyectos musicales cuya autoría humana fue puesta en duda —o directamente descartada— tras alcanzar visibilidad en plataformas de streaming. Uno de los ejemplos más citados es el de The Velvet Sundown, una banda que inicialmente negó ser generada por inteligencia artificial y que luego aclaró que su proyecto visual había sido creado con apoyo de IA.
En Suecia, una canción que llegó a encabezar listas nacionales fue retirada de los rankings cuando periodistas descubrieron que el supuesto artista detrás del tema no existía. A estos casos se suma Haven, un proyecto que fue retirado temporalmente de Spotify después de que se detectara el uso de una voz entrenada para imitar a la cantante británica Jorja Smith, lo que derivó en reclamos por derechos de autor y uso indebido de identidades vocales.
De cara al futuro, el debate no girará únicamente en torno a la calidad de la música generada por IA, sino a su integración dentro del ecosistema cultural y económico. “Estamos en un momento en el que la inteligencia artificial parece destinada a convivir con la creación humana, ya sea como herramienta, colaborador o productor autónomo, obligando a la industria a redefinir conceptos como autoría, transparencia y valor artístico en los próximos años. Nos obligará a replantearnos los parámetros con los que juzgamos el arte”, señaló el catedrático argentino y experto en apreciación musical, Juan Antonio Rosner.
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