
Megan Wong: “Si estás fuera de tu país, tienes que abrirte cancha”
La artista guayaca nos cuenta sobre su show en el festival MOTB en Dubái y su adaptación al ritmo de Abu Dabi, su nueva casa
Todo aquel que se sumerja en la historia de la música independiente en Guayaquil, sobre todo del movimiento rockero y metalero, se topará inevitablemente con el apellido Wong, gracias a los hermanos Lalo y Willy, que tocaron la guitarra y batería, respectivamente, en Abraxas, uno de los pioneros del heavy metal del país a inicios de los ochenta; en Taller, en la época del rock latino; y posteriormente en Willy Wong and the Brothers.
Nuestra invitada de hoy es descendiente directa de ese linaje. Megan Wong, baterista como su papá, Willy, creció en un entorno bendecido por la música, en el que para ella era cotidiano tener contacto con ensayos y conciertos.
El camino quedo casi que marcado para que ella luego decidiera estudiar música profesionalmente, obteniendo primero su licenciatura en la Universidad Católica y luego una maestría en Composición Musical en la UArtes.
Su intensa carrera la ha llevado a tocar para artistas como Mar Rendón, Nikki Mackliff, Eric Mujica, Lucas Napolitano; y compartir estudio de grabación o tarima con nombres como El Jefe Vergara, Eduardo Morillo, Rodolfo Burbano, David Villarreal, Geovanna Badaraco, entre otros. Además de ser percusionista del grupo de teatro de títeres Uh!Manitos, junto a su mamá Kareen Mendoza.
Desde hace poco más de un año vive junto a su esposo y su hijo en Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), donde en enero de este 2026 dio su primer concierto en vivo en Medio Oriente, en el festival e& Market Outside The Box (MOTB).
La multiinstrumentista y compositora guayaquileña nos cuenta sobre su proceso de adaptación a esa escena y al país, los motivos de su viaje y sus dos canciones más recientes, Nueva Luz y Luna.
Desde cero en Emiratos Árabes Unidos
No solo su tío y su papá tienen gran sensibilidad por la música, sino toda su familia.
El músico es la oveja negra de una familia, pero en mi caso todos somos músicos y la ‘oveja negra’ es la que se dedica a los negocios internacionales. Mi mamá es titiritera, artesana, compositora, más ligada a la música infantil.
Su abuelo Carlos es un reconocido coleccionista de discos de acetato.
Sus discos son su vida. Me acuerdo cuando de niña lo visitaba y ponía Frank Sinatra. Un hermano mío es DJ, estudia cine, toca batería y bajo. Mi otro hermano ha estudiado percusión y batería. Mi hermana pinta. Y mi esposo, Daniel Ruiz Daker, también es músico.
¿Por que con su esposo decidieron viajar a Emiratos Árabes?
Nunca imaginé irme a vivir a otro país. Ya teníamos una propuesta laboral acá en Emiratos Árabes, pero decidimos salir el día que Guayaquil se convulsionó y hubo gente armada en las calles (el día del ataque a TC Televisión, en enero de 2024). Fue como una alerta en nuestra cabeza. Me duele admitirlo, pero me sacó corriendo la inseguridad.
¿Han pensado en volver?
Amo mi país. Ecuador tiene muchísimo que dar y yo quiero formar parte de ese crecimiento cultural, de su historia, pero con todo el dolor decidimos salir hasta que lleguen épocas más seguras.
¿Cómo vivieron el proceso de adaptación a Abu Dabi?
Fue un choque. Es una cultura completamente diferente a la nuestra: en religión, vestimenta, comida, manera de saludar. La ciudad nos ha acogido muy bien, es muy limpia, muy segura. Estoy muy agradecida de cómo nos han abierto las puertas.
Le tocaba empezar de cero en el ámbito musical.
Sí. A mi esposo le decía: “¿Cuándo será la próxima vez que me vuelva a subir a un escenario?”. No tenía amigos, ni contactos. Quería conocer la escena musical acá, sobre todo la independiente. Empecé a gestionar para ver por dónde entraba. Abu Dabi es muy grande.
Un lugar donde confluyen miles de culturas allí.
El 85 % de la población somos foráneos. Todo se maneja con redes sociales o grupos de WhatsApp. Me metí a estos grupos y ahí encontré otras personas con deseos de hacer música, danza, teatro. Empecé a ir a ‘jam sessions’ y ahí conocí guitarristas, bajistas, cantantes. Me invitaron a formar parte de un grupo para tocar una vez al mes. Así fui adaptándome poco a poco.

Aparte del dominio de su instrumento, un músico necesita forjar su tesón.
Tienes que abrirte cancha. Si estás fuera de tu país, nadie te va a coger de la mano y decirte qué hacer. Al principio en Abu Dabi, yo no estaba haciendo música, empecé a cuestionarme qué estaba haciendo con mi vida. Entonces, a pesar del cansancio que me genera el trabajo, me dije: “Hay que salir, conozcamos gente, escuchemos propuestas”.
¿Gracias a esa gestión surgió su presentación en el festival e& MOTB (Market Outside The Box)?
Dentro de estas pequeñas comunidades, yo estaba en un grupo en el que abrieron una convocatoria para el evento en Dubái. Yo llené el formulario, envié mi material, canciones, fotos y después de un mes me habían agregado a otro grupo de WhatsApp, ya con el nombre del festival y la fecha. Le dije a mi esposo: “Creo que me escogieron, voy a tocar en Dubái”. No lo podía creer.
El proceso de conocer la escena musical de EAU se mantiene aún.
Sí, claro. Y en todo esto lo principal es Dios. Yo tenía esta incertidumbre de cuándo volvería a tocar, así que le pedí a Dios que me abra las puertas, que me lleve a la gente correcta. Literalmente, Dios conoce nuestros sueños.
El respaldo de la familia
No es común que en un matrimonio ambos sean bateristas.
Daniel es mi roca. No solo en lo personal, sino en lo profesional, porque él entiende lo que es perseguir este sueño y me ha acompañado en cada paso. Hacer música independiente, proponer tus composiciones, es una lucha. Al principio no ves una remuneración económica.
Él ha formado parte de muchos de sus proyectos y la ha acompañado también en vivo y grabaciones.
Por ejemplo, cuando nos mudamos a nuestra primera casa, él puso paneles en el cuarto de la batería, que con el tiempo se convirtió en estudio de grabación. Poco a poco añadió la computadora, ProTools (software de producción musical), piano. Sin darme cuenta montamos un estudio casero, donde compuse mis primeros temas, gracias a ese arranque suyo.
Compartir el amor por la música, y la percusión en particular, debe ser un vínculo fuerte que los une más.
El amor a nuestro instrumento fue lo primero que nos unió. Por eso nos conocimos, compartimos la misma carrera, aunque en ocasiones no tengamos los mismos gustos musicales. Y es algo que le queremos inculcar a nuestro hijo, Nicolás. Él tiene mucho talento, me ha demostrado que puede tocar piano, se le da muy bien tocar la batería. Mi esposo lo quiere hacer incursionar en los vientos, pero me encantaría tener una tercera generación de bateristas Wong.

Sus dos canciones más recientes
Nueva luz y Luna son sus dos temas más recientes.
Sí. Luna la hice acá en Abu Dabi, un día que me enamoré de una luna anaranjada y gigante en el cielo, nunca la había visto así.
¿Con quiénes trabajó estas grabaciones?
Es complicado elegir a los músicos adecuados. Debe ser alguien que tenga un criterio musical en el que confíes, con quien fluyas. Llamé a José Antonio Villafuerte, de Man de Barro, un excelente compositor y productor. Con él hice Luna y también Nueva luz, que era un tema compuesto muchos años atrás en realidad.
Lo hicieron a distancia.
En una reunión virtual le conté a José sobre la proyección que quería para mi música. Yo grabé maquetas y sobre eso él construyó la idea. Luego le envié las voces. Si había un instrumento que yo podía grabar acá, como el cajón, lo hacía. José dio también su aporte como instrumentista, con guitarra, bajo. Y mi esposo siempre me está dando su guía y opiniones.
¿Quieres acceder a todo el contenido de calidad sin límites? ¡SUSCRÍBETE AQUÍ!