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Casa Grande Teatro
La propuesta escénica del Colectivo Barullo mezcla distopía, crítica social y experimentación teatral para reflexionar sobre el poder, la comunicación y las reglas que rigen la vida.Cortesía

Dirección Gritadero: teatro joven que reflexiona sobre la sociedad

Estudiantes de Casa Grande presentan 'Dirección Gritadero', obra inspirada en el teatro absurdo, donde gritar está prohibido

El teatro como espacio de reflexión social y experimentación artística cobra fuerza en la propuesta escénica “Dirección Gritadero”, presentada por el Colectivo Barullo, integrado por estudiantes de último año de la Universidad Casa Grande. La obra surge como un proyecto de titulación interdisciplinario que reúne a estudiantes de Artes Escénicas, Diseño Gráfico, Producción Audiovisual, Multimedia y Psicopedagogía, quienes trabajan juntos para acercar el teatro a públicos jóvenes y promover el pensamiento crítico a través del arte.

Una obra francesa adaptada al contexto ecuatoriano 

Inspirada en la obra Direction Critorium (1980) del dramaturgo francés Guy Foissy, la propuesta incorpora elementos del teatro del absurdo y la comedia negra para plantear una historia situada en un escenario distópico. En ese mundo ficticio, gritar está prohibido y la sociedad ha creado espacios llamados “Gritaderos”, lugares donde las personas pueden desahogar sus emociones. La trama se desarrolla en una parada de autobús donde tres mujeres esperan su turno para ir a uno de estos espacios, mientras las tensiones sociales y personales emergen en medio de la espera.

Desde la dirección escénica, el proceso creativo fue acompañado por una profunda investigación social realizada por los propios estudiantes. La docente y actriz Itzel Cuevas explica que el trabajo no se limitó al montaje teatral, sino que incluyó análisis de la obra y consultas con jóvenes para comprender cómo perciben las dinámicas de poder y comunicación en la sociedad actual. “Han hecho una gran investigación para entender y sustentar el proyecto de creación que es su pase a la titulación”, señala Cuevas, destacando el carácter interdisciplinario del proyecto.

La puesta en escena apuesta por un lenguaje visual y físico que mezcla humor, crítica y experimentación. Cuevas detalla que el montaje incorpora recursos como secuencias corporales inspiradas en el clown o en el humor físico clásico, junto con jingles y músicas de comerciales para construir distintas escenas. La escenografía es minimalista: una parada de autobús que, mediante iluminación, sonido y recursos visuales se transforma en el escenario de una historia distópica y contemporánea.

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Un proceso creativo trabajado desde la escena y el cuerpo

Para la directora Diana Pacheco, la elección de esta obra responde a varios intereses artísticos y conceptuales. Por un lado, el equipo buscaba trabajar con un texto pensado originalmente para teatro, donde el proceso creativo se construyera desde la escena y desde el cuerpo de los actores. “Queríamos partir de un texto teatral para que la escritura sea más una escritura de los cuerpos que de los diálogos”, explica.

Para la puesta en escena, el equipo gestionó además los derechos de la obra a nivel internacional, contactando a la Sociedad de Autores y Compositores Dramáticos de Francia, entidad que administra el texto original de Guy Foissy. El trámite permitió obtener la cesión de derechos por un tiempo limitado, en un proceso que, según explican desde la producción, buscó mantener estándares profesionales a pesar de tratarse de un proyecto académico sin fines de lucro. Este paso refuerza el carácter formal y responsable del montaje, alineado con las exigencias del ámbito teatral.

Casa Grande Teatro
Tres mujeres esperan un bus hacia un “gritadero” en un futuro incierto. La obra cuestiona, desde el arte, cómo la sociedad regula las emociones y la comunicación.Cortesía

Un diálogo con el teatro del absurdo 

La obra también dialoga con la tradición del teatro del absurdo, un movimiento que surgió tras la Segunda Guerra Mundial para explorar la incertidumbre y las crisis de sentido en la humanidad. Según Pacheco, estas historias reflejan un mundo donde las certezas se derrumban y los personajes enfrentan preguntas profundas sobre la condición humana. “Este teatro explora esas certezas devastadas y se pregunta qué es finalmente el ser humano”, señala.

En el proceso de montaje, el equipo enfrentó el desafío de construir personajes complejos interpretados por tres actrices jóvenes que sostienen la obra durante más de una hora. El trabajo incluyó análisis detallado del texto, ejercicios de improvisación y exploración del subtexto de cada línea. Además, la escenografía y el diseño visual se inspiraron en el retrofuturismo y el art decó, lo que permitió crear una estética que mezcla pasado y futuro dentro de un mismo universo escénico.

El proyecto también destaca por su dimensión educativa. Durante el proceso se realizaron funciones gratuitas dirigidas a estudiantes de colegios, acompañadas de foros posteriores para discutir temas como la comunicación, el poder y la regulación social. La intención era que el teatro no solo entretuviera, sino que generara conversaciones entre los jóvenes sobre la sociedad contemporánea y sus formas de interacción.

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La experiencia de los estudiantes en el proceso creativo

Para Sara Luna, estudiante de Psicopedagogía que participó en el área de producción, la experiencia permitió comprender cómo el teatro puede dialogar con diversas disciplinas. “Este proyecto me permitió involucrarme en el proceso artístico y entender cómo se integran diferentes áreas de conocimiento para construir una propuesta escénica sólida”, afirma.

Desde la perspectiva actoral, el proceso también representó un aprendizaje profundo. Gabriela Medina, estudiante de Artes Escénicas, destaca que el montaje implicó casi un año de trabajo, desde el análisis del texto hasta la construcción del personaje y la logística de producción. “No solo se trata de interpretar un personaje; hay todo un trabajo detrás que el público muchas veces no ve”, comenta.

El personaje que interpreta Medina refleja el espíritu crítico de la obra. Se trata de una mujer que cuestiona las reglas sociales y las decisiones que las personas toman por simple costumbre. A través de sus diálogos, la obra plantea preguntas sobre la presión social, las expectativas y la libertad individual en una sociedad que busca imponer normas para garantizar el orden.

Un proyecto de integración curricular en la UCG

Este proyecto escénico forma parte de los Proyectos de Creación de la Universidad Casa Grande, una modalidad desarrollada dentro de los procesos de titulación que impulsa la investigación desde el arte. Según explica Zaylín Brito, directora de Proyectos de Integración Curricular de la institución, estas iniciativas permiten que docentes y estudiantes, desde su espíritu creativo, construyan propuestas que integran metodologías, hallazgos y experiencias significativas en el campo artístico. En ese sentido, “Dirección Gritadero” no solo responde a un ejercicio académico, sino que busca consolidarse como una obra con una propuesta estética relevante dentro de la escena cultural contemporánea.

Las funciones abiertas al público se realizarán el 19 y 20 de marzo a las 19:00 en el Teatro Casa Zona Escena, ubicado en el centro de Guayaquil. 

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