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Zoila Ugarte de Landívar fue escritora, periodista, activista por los derechos humanos y un icono del feminismo ecuatoriano del siglo veinteCortesía

Zoila Ugarte regresa: el libro que recupera su voz feminista

Sus escritos reaparecen en un volumen que los vuelve a unir y que dialogo con los conflictos del presente

Corría el año 1930 cuando, en una capital sacudida por tensiones políticas y debates encendidos, Zoila Ugarte de Landívar invitó a la pensadora mexicana, atea declarada, Belén de Sárraga a dictar dos conferencias en Quito.

La reacción no tardó: desde los púlpitos se desató un furibundo ataque, circularon panfletos y se convocó a los fieles que, al grito de «¡Al Ejido!», pedían la incineración de ambas. El clero llegó incluso a fijar una “Hora Santa” en el mismo día y a la misma hora de la disertación, para que la ciudad se replegara en oración. 

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Pero ni el clima hostil, ni las presiones ni las amenazas doblegaron a Ugarte, periodista e impulsora de la educación femenina, la igualdad de derechos y el sufragio, quien se mantuvo firme en la defensa de la libertad de pensamiento, con una convicción inquebrantable.

Esa misma determinación atraviesa hoy Zoila Ugarte de Landívar. La Escritora, el volumen que reúne su obra y devuelve su voz a la palestra pública.

Sin embargo, la historia de este libro comienza mucho antes de su publicación, en enero de 2026. Comienza en la insistencia de su nieta, Myriam Landívar de Silvers, quien durante años emprendió una búsqueda minuciosa entre papeles familiares, archivos y bibliotecas para recuperar sus escritos. 

“Sus escritos estaban diseminados en revistas, folletos, periódicos de Sierra y Costa. No había un registro completo de ellos (…) Investigué, conseguí un gran número de documentos, los transcribí, los ordené cronológicamente y por temas; pensé que estaban listos para sacarlos a luz…”, señala en el prólogo de la obra, editada por el sello El Fakir.

Una vez concluida esa ardua recopilación, buscó al historiador y escritor Hernán Rodríguez Castelo y le pidió prologar esos textos. Él, que había conocido a Ugarte de Landívar en su infancia y había sido su alumno, aceptó gustoso y juntos emprendieron la labor. 

“Cada semana, yo le llevaba un grupo de escritos para que él los estudie, y así continuamos hasta terminar con todo el material (…) Fueron alrededor de seis meses”, recuerda Landívar. De ese intercambio, sin embargo, nació mucho más que un prólogo: surgió un libro que acompaña y contextualiza la escritura de Ugarte.

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Recuperar la voz 

Hernán Rodríguez Castelo concluyó ese trabajo en 2014. Y, aunque era un hombre parco en elogios, dejó en sus páginas una afirmación que resuena como eje del volumen: Zoila Ugarte de Landívar fue “la mejor prosista ecuatoriana de fines del XIX y principios del XX”. Sin embargo, falleció en 2017 sin ver publicada la obra. Así permaneció hasta que Myriam Landívar de Silvers decidió retomar el proyecto junto al editor Álvaro Alemán.

Alemán encontró en los textos de la intelectual un trabajo intenso, pulcro y lleno de convicciones que aún dialoga con el lector contemporáneo. “Volver a leer a Zoila Ugarte no es un ejercicio de nostalgia. Es (…) un acto profundamente político. Leerla hoy implica confrontar su palabra con el presente, interpretar su legado desde las urgencias contemporáneas y asumir que toda lectura es, en sí misma, una toma de posición”, ha señalado.

Añade, además, que la lucidez de sus escritos permite abrir una reflexión necesaria: la invisibilización de autoras e intelectuales en el siglo XX. “Resulta imposible leer a Zoila Ugarte y no adoptar una postura ante su militancia como mujer. Leerla es también un alegato a favor de una revisión profunda de las omisiones de nuestra historia literaria”, asegura.

Entre luces y sombras

En ese cruce entre pasado y presente, el libro permite reconstruir una obra que no fue concebida como tal. Zoila Ugarte no publicó libros en vida. Escribió artículos, columnas, editoriales. Su pensamiento circuló en medios impresos que, con el tiempo, desaparecieron. “Zoila Ugarte no escribió novelas o cuentos. Escribió artículos periodísticos. Su pensamiento circuló en diarios y revistas, soportes efímeros que, al desaparecer, arrastraron consigo su influencia”, señaló Alemán en una entrevista. Esa condición explica, en parte, su ausencia en la historia literaria oficial.

La recuperación de esos textos permite acercarse a distintas facetas de la autora. Está la periodista que firmaba como Zarelia, la editora que fundó la revista La Mujer en 1905, la directora de La Prensa, la maestra, la bibliotecaria, la activista. En sus escritos aparece una voz directa, sin rodeos, que interpela a su tiempo.

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Pero su voz no se limita a la denuncia. También construye una mirada sobre la sociedad, la cultura y el papel de las mujeres en ellas. En el editorial Nuestro ideal, publicado en 1905, Ugarte escribe: “Es demasiado cruel que los egoístas quieran hacer de la mujer un simple biberón humano y nada más humillante que destinarla al papel de la hembra inconsciente”. 

Las palabras, escritas hace más de un siglo, conservan su intensidad en la lectura actual, y en las luchas feministas contemporáneas, lo que, sin duda, debería incomodarnos y llevarnos a un cuestionamiento más profundo.  

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