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Diario Expreso Ecuador

¿Está olvidando más de lo normal? Lo que debe saber sobre el deterioro cognitivo después de los 60

Evaluar a tiempo la memoria puede marcar una gran diferencia: conozca cómo funciona el proceso y qué puede hacer para cuidar su mente

Cuando el olvido deja de ser normal

Cuando el olvido deja de ser normalFreepik

María Verónica Vernaza Guerrero

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Olvidar dónde dejó las llaves o el nombre de un conocido puede ser algo completamente normal. Pero cuando los olvidos se vuelven frecuentes y empiezan a interferir con la vida diaria, vale la pena prestar atención. María Beatriz Jurado Noboa, psicóloga clínica con PhD en neuropsicología, explica que el deterioro cognitivo suele aparecer a partir de los 60 y 70 años, aunque en casos muy puntuales puede presentarse desde los 50. La buena noticia es que hay formas concretas de evaluarlo y de actuar a tiempo.

Sin embargo, muchas personas postergan la consulta precisamente porque no quieren enfrentarse a los resultados. Es comprensible: nadie quiere escuchar que algo no está bien. Pero la especialista es clara: cuanto antes se evalúe, más opciones habrá para actuar.

El camino hacia un diagnóstico: paso a paso

El proceso, por lo general, comienza con una visita al neurólogo o psiquiatra quien detecta señales de alerta y refiere al paciente para una evaluación cognitiva. Antes de concluir que existe un deterioro degenerativo, es fundamental descartar otras causas como la depresión y la ansiedad, que también pueden afectar la memoria y la concentración.

La evaluación en sí puede ser larga, pero Jurado Noboa aclara que no es invasiva: se trata de una serie de pruebas para medir el desempeño cognitivo y la memoria, comparando los resultados con los de otras personas de la misma edad.

En paralelo, el médico puede solicitar una resonancia magnética, para descartar tumores o atrofia cerebral, y un examen de sangre que revele los niveles hormonales, los cuales cambian naturalmente con los años. Con toda esa información, el neurólogo determinará si es necesario recetar medicamentos. Hay que tener claro que el tratamiento no cura la enfermedad, pero sí puede frenar su avance.

La psicóloga también recomienda revisar la alimentación y los estilos de vida luego de la evaluación, porque pequeños ajustes pueden tener un impacto grande. La mente, como el cuerpo, agradece que la cuiden.

El poder de los hábitos

Aquí viene una de las ideas más valiosas que comparte la especialista: el medicamento representa solo un porcentaje de lo que puede hacerse, pues en gran medida también depende de cómo se usa el tiempo libre. Y en ese punto, los hábitos importan más de lo que parece.

  • Dormir bien y descansar: la calidad del sueño es decisivo para la salud cerebral.
  • Hacer ejercicio físico con regularidad: el movimiento beneficia tanto al cuerpo como a la mente.
  • Evitar el exceso de pantallas: pasar horas frente al televisor o el celular no estimula el cerebro.
  • Participar en actividades grupales: talleres, manualidades o cualquier actividad social activa la mente.
  • Practicar gimnasia cerebral: existen ejercicios específicos que pueden hacerse incluso en una tableta electrónica, aunque sin exagerar su uso.
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