
El ansia: Roberto Manrique y Giovanna Andrade regresan al teatro en Quito
El montaje explora un amor prohibido que atraviesa generaciones. Tendrá cuatro funciones en Cumbayá
“¿Tú crees que yo no quiero a mi familia?”, le pregunta Daniel a Mariana. Ella lo mira, contenida, y responde: “Yo estoy hecha un lío”.
Daniel le toma la mano. “Y yo. Lo cierto es que me despierto por la mañana y pienso que no es verdad, que no es más que un sueño, que tengo que volver a mi vida, a mi día a día, que eso sería lo mejor. Pero cuando pienso en tu mirada, cuando me veo reflejado en tu pupila, esos pensamientos se vienen abajo”.
Ese intercambio forma parte de El ansia, la obra escrita y dirigida por el dramaturgo español Ignasi Vidal que regresa a la capital para su segunda temporada.
La escena condensa el núcleo del conflicto: el deseo que irrumpe en una vida ya establecida, la culpa que acompaña a ese impulso y la dificultad de reducir el amor a una decisión racional.
Ambientada en el Ecuador de los años setenta, la historia comienza con el encuentro fortuito entre Mariana y Daniel, dos desconocidos que inician una relación marcada por la intensidad y el secreto.
La estructura no es lineal. A medida que avanza, el pasado se entrelaza con el presente y aparecen Hanna y Andrés, los hijos de ambos, quienes cargan con las consecuencias de lo ocurrido décadas atrás. La obra propone así un diálogo entre generaciones y expone cómo los vínculos, incluso cuando se intentan cerrar, dejan huellas.
Un gran desafío
El proyecto surgió de manera inesperada. Durante una presentación teatral en Guayaquil, Giovanna Andrade distinguió entre el público la presencia de Ignasi Vidal. Tras la función conversaron. “Eres la actriz para una obra de teatro que escribí hace años y que desde el 2014 no la he producido y ahora que te veo quiero producirla”, recuerda que le dijo el dramaturgo. Ella aceptó con una condición: trabajar junto a Roberto Manrique.
El primer acercamiento al texto reveló el principal desafío. “Terminamos la primera lectura y nos dimos cuenta de que los mismos actores íbamos a tener que interpretar dos personajes. Ese fue realmente el primer bombazo, un reto increíble que sentimos como artistas”, cuenta Manrique. No existían pausas extensas para cambios de vestuario o preparación entre escenas. “Teníamos muchas dudas de cómo íbamos a hacer esos cambios, pero ahí entró la magia de la dirección”, añade.
En escena, Andrade encarna a Mariana en los años setenta y a Hanna en el presente; Manrique da vida a Daniel y a Andrés. La transición entre uno y otro ocurre a la vista del público, apoyada en variaciones físicas y en el ritmo interno de cada personaje.
Manrique describe el proceso como una renuncia al control previo. “Estábamos trabajando con un texto de un nivel tal que no requería que nosotros nos acerquemos con una decisión muy racional de cómo transitarlo. Llegábamos a cada ensayo sin mucha decisión tomada y realmente el texto hacía que Mariana, Daniel, Hanna y Andrés fueran emergiendo con su verdad”.
Andrade agrega que, más que un análisis psicológico exhaustivo para diferenciar a cada personaje, la construcción se dio desde la experiencia corporal y la escucha. “Es el texto el que nos llevaba hacia un lado y hacia otro. Nos iban pasando cosas en el cuerpo que los iban diferenciando”. Con el tiempo aparecieron detalles físicos concretos, pero el punto de partida fue la reacción en escena y el vínculo entre ambos intérpretes.
Entre la risa y el llanto
La obra es un drama que profundiza en el amor, sus vericuetos y sus consecuencias. “El ansia no surge de la ansiedad, sino de ansiar. Es el ansia que provoca el amor incontrolable, salvaje e irrefrenable, y que ahonda en el amor imposible, y también en el amor entre padres e hijos”, explica Manrique.
No obstante, en su primera temporada el equipo descubrió un elemento que no habían previsto del todo: el humor. “Nosotros hicimos este dramón, que tenía un par de momentos cómicos. Y teníamos dudas, porque nunca sabes cómo va a funcionar una obra hasta que la estrenas”, señala. Sin embargo, el público reaccionó con risas en momentos que no estaban concebidos únicamente como alivios breves. “Nos sorprendió por completo. Nos encantó porque enriqueció la experiencia emocional que el público recorre”.

Esa combinación de dolor y risa llevó al equipo a definir la propuesta, para esta segunda temporada, como una “comedia muy romántica y no tan comedia”. Andrade lo resume así: “Es tan romántico que incomoda, tan romántica que divierte. Es como la vida misma, una tragicomedia día a día”.
La puesta en escena apuesta por una estética contenida. Con dos intérpretes y una mesa como elementos centrales, el relato se construye a partir de la actuación y del imaginario compartido con el público. “Es muy cinematográfica, es como un cuadro que te mantiene ahí, es como si estuvieras viendo una escena de cine. Es el escenario perfecto para reír y llorar”, agregan.
El ansia se presenta el jueves 5, viernes 6 y sábado 7 de marzo a las 19:00 y el domingo 8 de marzo las 18:00 en El Teatro del centro comercial Scala Shopping, en Cumbayá. Adhesión: $ 25.
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