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Rosa Torres Gorostiza | Un toque de queda predecible

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La lucha contra el crimen organizado no se gana con cronogramas anunciados, sino con inteligencia efectiva

Anunciar con trece días de anticipación un toque de queda de 16 días, sin que siquiera se haya publicado el decreto oficial, no parece una jugada estratégica sino un gesto político. Cuando el presidente de la República informa que la medida regirá del 15 al 30 de marzo en Guayas, El Oro, Santo Domingo y Los Ríos, el mensaje no solo llega a la ciudadanía: también llega a los grupos criminales. Y a ellos, más que advertirlos, se les estaría concediendo una ventaja. Es como decirles que tienen casi dos semanas para reorganizarse y trasladar sus operaciones a otras provincias donde no habrá restricciones.

En materia de seguridad, la reserva es una herramienta esencial. Las operaciones exitosas suelen depender del factor sorpresa, de la planificación silenciosa y de la ejecución precisa. En un país golpeado por la violencia, donde la población exige resultados concretos, la anticipación innecesaria puede convertirse en un error táctico. La lucha contra el crimen organizado no se gana con cronogramas anunciados, sino con inteligencia efectiva y decisiones firmes.

Si algo debe conocer la ciudadanía no es la fecha exacta de un operativo, sino las reglas claras bajo las cuales se está ejecutando la llamada segunda fase de seguridad. En particular, es legítimo exigir transparencia sobre los alcances de la participación extranjera, especialmente de Estados Unidos. ¿Cuál será su rol? ¿Habrá cooperación en inteligencia? ¿Se incorporará tecnología de punta en equipamiento y comunicaciones? La integración de sistemas modernos y capacidades técnicas avanzadas puede marcar la diferencia entre operativos simbólicos y acciones realmente contundentes.

No son los anuncios tempranos, ni la sobreexposición mediática, mucho menos los operativos con estética hollywoodense, los que devolverán la tranquilidad. La ciudadanía no necesita espectáculos; necesita resultados. Mientras los ministros insisten en mostrar una seguridad que muchos no ven ni sienten, el desafío sigue siendo recuperar la confianza pública con estrategias discretas, coherentes y eficaces. Porque en seguridad, menos ruido y más efectividad suele ser la fórmula correcta.