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Paul E. Palacios | Cuánto resistirá Guayaquil

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Con la presión que está ejerciendo el Gobierno, ¿quién es el último responsable frente a la ciudadanía?

Esa es la pregunta que se hacen los guayaquileños. Guayaquil pasa por un momento crítico. Ya hace meses la ciudad empezó a sentir los estragos de la pelea del alcalde con el Gobierno; una pelea que implica más que los temas judiciales de los que se acusa al alcalde, y hoy a su círculo cercano.

Por 27 años, en manos de Febres-Cordero y Nebot, la ciudad pudo construir su institucionalidad, la cual, a pesar de las pobres administraciones posteriores, ha sobrevivido. Se pudo estructurar un sistema de recolección de residuos que la ha mantenido razonablemente limpia y alejada de epidemias ocasionadas por la basura. El sistema de agua potable funciona. Funcionan por el momento tanto el aeropuerto como los terminales terrestres. Con sus limitaciones, y con buses que deberían ser retirados por inadmisible contaminación, el transporte urbano está funcionando. El Cuerpo de Bomberos sigue siendo una institución que resuelve cuando se la necesita. Se va notando, sin embargo, el deterioro en la atención al público en ciertos servicios, cada vez más desorden provocado por la informalidad en las calles, y no se diga del control del tránsito, que a ratos parece que no existiera.

Pero el punto central es: ¿quién es el adulto en la habitación? Con la presión que está ejerciendo el Gobierno, ¿quién es el último responsable frente a la ciudadanía?

El Guayaquil de hoy no es el de hace 25 años: no hay cámaras de la producción visibles ante los grandes desafíos de la ciudad; quedan dos o tres medios de comunicación independientes; la sociedad civil, antes activa y lista a plantar batalla, hoy está más preocupada de cuidarse de la delincuencia. Salvo quizá por la prefecta de la provincia, no existe una cara visible de liderazgo, y menos los héroes de redes sociales, incapaces de resolver nada fuera del teclado.

Guayaquil resistirá sin desmoronarse en un caos, tanto como el Gobierno esté dispuesto a adoptar la inteligente posición de EE. UU. en Venezuela: es mejor coordinar en lo razonable, en lo inmediatamente posible, o el costo de no hacerlo será inimaginablemente caro.

Cuidado se destruye la ciudad.