Editorial | Sin seguridad y sin comercio bilateral

La política arancelaria, adoptada con el justificativo de presionar en materia de seguridad, no ha resuelto ese problema

La disputa arancelaria entre Ecuador y Colombia agrava la incertidumbre en un sector que, por su propia naturaleza, exige certezas. En estos días, industriales, transportistas y empleados contemplan con preocupación cómo se diluyen años de relaciones comerciales con el principal socio fronterizo del país. Contratos, precios acordados y plazos de cumplimiento quedan en el limbo.

Sin claridad sobre si la medida es temporal o permanente, los empresarios ven dificultad de firmar nuevos contratos o de honrar los ya existentes en un entorno donde los costos se disparan. Un perjuicio económico que hoy el Gobierno se niega a reconocer, pero que terminará aflorando en la inflación y el desempleo.

El llamado al diálogo que hicieron ayer los empresarios es sensato, pues son ellos los primeros en sentir los efectos de una política arancelaria que, adoptada con el justificativo de presionar en materia de seguridad, no ha resuelto ese problema sino que ha creado uno nuevo: un daño severo al comercio bilateral. El presidente Noboa debe reorientar su política. El acercamiento que prevé tener el próximo sábado con el mandatario estadounidense para hablar de seguridad, debe ser visto como una oportunidad para hallar alternativas en la lucha contra el crimen, sin que esto le pase factura a los ciudadanos.