
El valor de La Alborada: por qué sigue siendo el barrio más buscado del norte
Datos del mercado y análisis urbano explican su peso como barrio para vivir. Su rol como nodo urbano sostiene la demanda
La Alborada funciona como un engranaje clave del norte de Guayaquil. Con 14 etapas y una red de servicios que incluye comercios, centros educativos, salud y transporte, la ciudadela articula al menos siete vecindarios y sostiene un mercado propio de vivienda y alquiler. Datos del mercado, voces ciudadanas y un análisis confirman su peso como barrio para vivir y explican por qué, pese a la expansión de nuevos polos urbanos, el sector se mantiene entre las zonas más demandadas, especialmente por estudiantes universitarios y familias que priorizan la cercanía y la conectividad.
“Somos de Manta, mi hija estudia en la Juan Tanca Marengo y no podía escoger un mejor sitio para que ella viva y yo me sienta tranquila. No es que este barrio sea un remanso de paz, pero siento que es más seguro que otros y que los vecinos, como antes, aún tienen esa idea de ayuda barrial. Busqué la décima etapa porque los precios son buenos y por la cercanía con dos centros comerciales, una plaza gastronómica nueva y esa sensación de barrio que todavía se percibe. Sé que la Alborada, como la mayoría de Guayaquil, es blanco del delito, así que prioricé la cercanía a los servicios. La idea es que mi hija se mueva por tramos cortos mientras conoce la ciudad. Eran bonitas otras zonas como la vía a la costa, pero el tráfico y que sus vías sean oscuras en la noche me hicieron descartarlas”, le cuenta a EXPRESO la ciudadana Laura Robles.
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La Alborada resiste al tiempo y al mercado
La experiencia de Robles no es aislada. Para los expertos consultados, quienes llegan a la Alborada lo hacen, en su mayoría, por razones prácticas. El sector conserva atractivo por una combinación de factores que siguen pesando en la decisión de mudarse: costos todavía asequibles, servicios consolidados y una conectividad que reduce tiempos y dependencias.
Alejandra Mena
La oferta inmobiliaria acompaña esa dinámica. La presidenta de la Asociación de Corredores de Bienes Raíces del Guayas, Sue Murillo, argumenta que en esta ciudadela conviven departamentos modernos y casas familiares, “una mezcla que sostiene el interés tanto de quienes buscan vivienda como de pequeños inversionistas”. Y Samantha Gálvez, corredora de bienes raíces, coincide al asegurar que el barrio mantiene un valor estable y un margen de crecimiento que lo vuelve atractivo para invertir o alquilar.
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Para Murillo, esa combinación de asequibilidad, servicios y plusvalía estable explica por qué la Alborada sigue siendo un imán en el norte. “En zonas periféricas encuentras vivienda más barata, pero necesitas vehículo y los servicios son limitados. La Alborada ofrece cercanía a universidades, terminal terrestre, centros comerciales y transporte público. Eso atrae a familias jóvenes, estudiantes que se independizan y pequeños inversionistas. La demanda real asegura ocupación constante y retorno de inversión”, analiza.

Los datos del mercado respaldan esa percepción. Según datos del portal de clasificados inmobiliarios Plusvalía, publicados en marzo de 2025, la Alborada lideró el incremento anual de precios en Guayaquil con 28,1 %, seguida de Santa Cecilia (23,6 %) y el centro de la urbe (11,8 %).
Mientras sectores como Puerto Santa Ana, Isla Mocolí y Samborondón concentran los valores más altos por metro cuadrado, la Alborada combina precios todavía asequibles con un crecimiento sostenido. Casas familiares, construcciones multifamiliares y viviendas rentables consolidan al barrio como un polo confiable para residir e invertir.
Conectividad y servicios que atraen a familias y estudiantes
Ese dinamismo urbano, añade Murillo, se refleja en ejes como la avenida Rodolfo Baquerizo Nazur, donde conviven restaurantes, tiendas, bazares y servicios profesionales. Y si bien el comercio informal genera tensiones, no opaca la actividad económica del sector.
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“Sí me gustaría que haya más orden, no lo voy a negar. No obstante, pesa el hecho de que puedo recorrer el barrio a pie y resolver necesidades cotidianas sin largos desplazamientos. Tengo un hijo pequeño que estudia en el sector y al que llevo caminando. Solo uso el carro para desplazarme a mi trabajo, que queda en el centro”, detalla el residente Iván Castañeda, quien alquila una vivienda de tres dormitorios y baraja la opción de comprarla.

“El año pasado estuve alquilando en el sector de La Aurora (Daule), pero lidiar con el tránsito fue un problema enorme para mí. La seguridad, a la final, no me convenció. Decidí volver a la Alborada, donde viví toda mi vida con mis padres. Acá nos cuidamos entre vecinos. Siento más seguridad”, confiesa.
Propuestas para mejorar espacios y movilidad en el barrio
Los urbanistas consultados por EXPRESO coinciden en que ajustes puntuales podrían fortalecer aún más la cotización del sector. Para un reportaje anterior, el especialista Sergio Mendoza plantea la necesidad de crear corredores seguros, garantizar iluminación continua y controlar el ruido para reducir fricciones entre comercio y convivencia. “Sin estos cambios mínimos, la vida no vuelve. La gente simplemente no sale si camina entre sombras”. Y añade que los comités barriales han demostrado capacidad de organización y podrían responder de forma más preventiva con apoyo institucional.
Martha Llerena
Desde el ámbito cultural, Luis Alvarado pone también el foco en la recuperación del espacio público a través de festivales barriales, mercados gastronómicos ordenados, ferias artesanales y actividades comunitarias. “Hay parques grandes y zonas de parqueo donde es posible organizar eventos que comiencen temprano y terminen en la noche. La comunidad debe recuperar sus espacios”, dice.
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En la misma línea, hoy el arquitecto y especialista en planificación urbana Daniel Mejía plantea intervenir peatonales con iluminación, murales, áreas verdes y zonas de descanso. La aplicación del concepto de macromanzanas, la reducción del tráfico en calles internas y la habilitación de espacios bajo viaductos son acciones que podrían, a su criterio, mejorar la experiencia urbana.

“Volvería aún más atractivo al vecindario, sobre todo para parejas jóvenes con niños y adultos mayores que requieren facilidades y seguridad para caminar. Incentivaría otros medios de transporte, algo ya vital en Guayaquil. La Alborada sigue siendo un vecindario que vale oro, no solo por la tradición y el recuerdo de lo que fue, sino por el potencial que todavía tiene”, defiende.
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