La Alborada
Residentes de la primera etapa de La Alborada se reúnen en un parque del sector.FREDDY RODRÍGUEZ

La Alborada quiere despertar su alma de barrio y ser caminable a toda hora

Las familias sueñan con una ciudadela donde puedan transitar tranquilas y encontrar calles llenas de arte

En las mañanas y tardes, las principales vías de la ciudadela La Alborada se convierten en un corredor intenso de peatones y vehículos. Desde las 06:00, los expresos escolares recorren sus rutas para recoger a los estudiantes, mientras otros jóvenes esperan el bus rumbo a sus colegios.

Poco después, los feligreses comienzan a ingresar a la iglesia Nuestra Señora de la Alborada para la misa matutina. Afuera, el aroma del incienso flota sobre la acera, junto a vendedores que, desde temprano, se instalan frente a una entidad bancaria para ofrecer ropa, zapatos y artículos varios.

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Bancos, centros médicos, locales comerciales y restaurantes sostienen una actividad incesante durante todo el día. Esta franja de la ciudadela es, sin pausa, uno de los motores comerciales del norte guayaquileño.

Pero al caer la tarde, La Alborada muta. Termina la jornada laboral y el apuro por llegar a casa desata un concierto de bocinas. Son las 18:00 y los buses avanzan repletos; en varios paraderos, como el ubicado entre las avenidas Rodolfo Baquerizo Nazur y José María Egas -en evidente mal estado-, los usuarios deciden esperar otra unidad al verla completamente llena. Los bancos ya cerraron y la mayoría de negocios bajan sus puertas corredizas.

Los vendedores informales tratan de colocar los últimos productos del día, mientras en la Baquerizo Nazur aparecen quioscos de comida bajo luminarias que no siempre funcionan. En la misma vía, entre las avenidas Guillermo Pareja y Gabriel Roldós, las discotecas y restaurantes comienzan a recibir clientes, atraídos por promociones de comida y bebida.

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Ese ambiente contrasta con la realidad de los vecinos de la onceava etapa. A pocos metros de estos establecimientos, denuncian ruido, desorden y suciedad.

“Aunque pusieron rejas, amanecemos con todo sucio. Se ha vuelto peligroso entrar por la peatonal: hay gente bebiendo, gente borracha que reacciona mal. Pedimos seguridad, pedimos orden… pero no llega”, lamentó David Montesdeoca, morador de la zona.

Durante el día, los rastros de la noche saltan a la vista: botellas con restos de licor, colillas en maceteros y aceras, y malos olores.

Restaurantes en La Alborada: Temor entre propietarios

A unas cuadras, en la doceava etapa, la calle José Rodríguez Labandera reúne varios restaurantes que funcionan en horario nocturno. A las 19:30, el tráfico colapsa y la preocupación crece: “Ya nos pusieron dos bombas hace unos meses y la gente ha dejado de venir”, contó el dueño de un local, que evitó identificarse.

Aun así, algunos clientes mantienen la tranquilidad. Stefany Mogollón esperaba su hamburguesa en una mesa a la orilla de la acera.

“No hay razones para no salir. En cualquier lado hay inseguridad y no podemos vivir con miedo. Venimos con confianza”, dijo.

Restaurantes La Alborada
En la calle José Rodríguez Labandera, en la doceava etapa de La Alborada, se concentra un grupo de restaurantes de diversas temáticas, que acogen a comensales a diario.GERARDO MENOSCAL

En la primera etapa, Óscar Valdivieso, presidente de la agrupación Alborada Progresa, convive con otro problema: el deterioro del parque central, afectado por consumidores de droga y robos. A pesar de ello, impulsa acciones junto a otros comités barriales. Coordinan el uso de portones para permitir el ingreso de las rondas policiales y mantener comunicación directa con los guardias del sector.

“Se ha generado un poco más de conciencia entre los vecinos. Algunos criticaban los portones, pero son un punto de partida para mejorar la seguridad”, señaló.

Los problemas descritos -desorden nocturno, movilidad colapsada, inseguridad y deterioro urbano- evidencian la necesidad de un ordenamiento del espacio público más riguroso. Y no solo en la noche, también en la mañana. La gente quiere recuperar la vida en La Alborada, a toda hora. Todos los días.

OrdenEn varias etapas, vecinos conviven con el ruido de discotecas y bares. Ellos piden al Municipio revisar los usos de suelo y establecer sanciones a quienes alteran el orden público.

La Alborada: Corredores seguros y aprovechar espacios públicos para eventos culturales

El urbanista Sergio Mendoza plantea reforzar la presencia policial en horarios críticos, crear corredores seguros entre zonas comerciales y residenciales, y garantizar iluminación continua, además de exigir control de ruido a las autoridades para reducir las fricciones entre la vida comercial y la convivencia vecinal.

“Sin estos cambios mínimos, la vida no vuelve: la gente simplemente no sale si siente que camina entre sombras”, expuso. Señaló que la coordinación directa entre la comunidad y la Policía ya es un paso clave.

Los comités barriales ya han demostrado capacidad de organización. Si esta estructura comunitaria se fortalece con apoyo institucional, la respuesta ante incidentes sería más rápida y preventiva”, explicó.

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El gestor cultural Luis Alvarado también propuso fomentar festivales barriales, mercados gastronómicos ordenados, ferias artesanales o pequeños eventos culturales.

“Hay parques grandes en La Alborada, hay zonas de parqueos en los que se pueden hacer eventos nocturnos, o que empiecen temprano y terminen en la noche. La comunidad debe recuperar sus espacios”, dijo.

Para Lucy Merizalde, quien habita en el vecindario hace más de dos décadas, un punto vital a intervenir son los callejones y peatonales. Ella sueña con murales y áreas verdes, faroles y bancas que faciliten el encuentro de barrio.

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“Quiero vivir como viví en mi infancia en el sur y como vivieron aquí mis hijos: tardes y noches de peloteo; vecinos reunidos en las bancas, mingas y ferias de domingos, venta de comida y bingo en las calles o los mismos parques; novenas navideñas de las que participaban todos. Nuestras peatonales son tristes, muy grises. ¿Por qué no ayudarnos del arte y hacemos de este vecindario algo hermoso? La Alborada se conecta con todo el norte. Somos una zona que las autoridades deben mirar. Hay tanto por hacer aquí. Hay zonas donde además podríamos hacer corredores gastronómicos”, reflexionó.

Alborada: Macromanzanas y potenciar la parte baja de puentes

Sobre ese tema, varios urbanistas ya han planteado a EXPRESO, en reportajes anteriores, intervenir las peatonales de La Alborada con mayor iluminación, murales, áreas verdes y zonas de descanso.

Avenida Rodolfo Baquerizo Nazur La Alborada
Ciudadanos transitan por la avenida Rodolfo Baquerizo Nazur, en La Alborada.FREDDY RODRÍGUEZ

También han sugerido la aplicación de macromanzanas, un concepto urbano que agrupa cuatro o cinco cuadrantes para desviar el tráfico de paso hacia vías principales, mientras sus calles internas se peatonalizan para aprovechar mejor los espacios.

Además, expertos han propuesto habilitar la parte baja de los viaductos en la ciudadela para que sea amigable al peatón.

Con medidas articuladas en estos frentes, La Alborada podría recuperar equilibrio sin frenar la actividad que la ha convertido en el motor comercial del norte de Guayaquil. Y que pueda brillar en la noche tanto como en el día.

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