Ecuador

Pacientes con cancer en Ecuador
Pacientes oncológicos esperan diagnósticos y tratamientos continuos en medio de retrasos y brechas del sistema de salud en Ecuador.Cortesía

Cáncer en Ecuador: retrasos y falta de medicamentos que impactan la vida de pacientes

Paciente denuncia diagnósticos tardíos y gastos privados; expertos alertan que las demoras reducen opciones y calidad de vida

En el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer, que se conmemora este 4 de febrero, la historia de Gabriela Domínguez, paciente ecuatoriana con leucemia y cáncer de piel, expone los retrasos en el diagnóstico, la falta de continuidad en los tratamientos y las brechas del sistema de salud en Ecuador que afectan directamente la supervivencia y calidad de vida de los pacientes oncológicos.

Su experiencia refleja una realidad que se repite en miles de casos, donde el tiempo perdido entre consultas, exámenes y acceso a medicamentos marca la diferencia entre controlar la enfermedad o permitir que avance.

Gabriela recuerda que todo comenzó en 2023, tras un viaje a la playa. Al regresar a Guayaquil, notó pequeñas ampollas en la piel de sus piernas y otras partes del cuerpo. Acudió a un dermatólogo, quien atribuyó los síntomas a una dermatitis atópica sin solicitar exámenes complementarios. El tratamiento alivió temporalmente los brotes, lo que reforzó la idea de que no se trataba de algo grave.

Con el paso de los meses, los episodios se repitieron. Aparecieron inflamaciones en los ojos, manchas oscuras en el abdomen y axilas, además de brotes más extensos en la piel. Aun así, los diagnósticos se mantuvieron superficiales. “Nunca me mandaron exámenes, todo fue dermatitis”, relata Gabriela, quien confió en que los síntomas desaparecerían como antes.

Diagnóstico tardío: cuando el cáncer ya había avanzado

El giro ocurrió cuando un especialista decidió realizar biopsias ante la apariencia inusual de las manchas. El resultado confirmó cáncer de piel tipo micosis fungoide, una variante poco común que ya había comprometido la sangre. Posteriormente, nuevos estudios revelaron un diagnóstico aún más complejo: leucemia.

“Yo venía por una dermatitis y salí con dos cánceres”, recuerda. El impacto emocional fue inmediato, tanto para ella como para su familia, que inicialmente entró en una etapa de negación. El diagnóstico llegó cuando la enfermedad ya se encontraba en una fase avanzada.

En su primera consulta oncológica, la advertencia fue directa. “Si no haces algo pronto, te vas a morir”, le dijeron. La crudeza del mensaje dejó a su madre devastada y marcó el inicio de un tratamiento agresivo que cambiaría radicalmente su vida cotidiana.

Gabriela inició quimioterapia dentro del sistema público. Los efectos secundarios aparecieron rápidamente: quemaduras severas en la piel, descamación constante, dolor en las plantas de los pies, fatiga extrema y un deterioro físico que la obligó a permanecer en cama durante largos periodos.

Tratamientos que existen, pero no siempre funcionan

A pesar de completar seis ciclos de quimioterapia, los resultados no fueron los esperados. Los exámenes mostraron que el cáncer no solo no retrocedía, sino que había progresado. “Cadatratamiento me dañaba más y el tumor seguía creciendo”, afirma.

La opción médica fue intensificar las dosis y hospitalizarla periódicamente, una alternativa que ella decidió no aceptar. Convencida de que el tratamiento convencional no estaba funcionando, Gabriela renunció a continuar en Solca, donde le ofrecieron únicamente cuidados paliativos.

Ante ese escenario, optó por un tratamiento ortomolecular privado, sin cobertura del sistema público ni del seguro social. En pocos meses gastó alrededor de 8.000 dólares entre consultas, terapias y controles. “Hoy ya no tengo dinero, pero tengo vida”, dice.

Desde que inició ese tratamiento, su estado general comenzó a mejorar de forma progresiva, permitiéndole retomar actividades básicas y recuperar estabilidad física, aunque las secuelas de las quimioterapias siguen presentes.

Escasez de medicamentos y pérdida de oportunidades

Para Manuel Pineda, director médico de Roche Ecuador, el cáncer es una carrera contra el tiempo. “Un paciente oncológico compite contra el tiempo. El diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno marcan la diferencia entre curar o no”, explica.

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El especialista advierte que cuando un paciente es diagnosticado en etapas tempranas, pero no recibe el medicamento adecuado a tiempo por escasez o trámites administrativos, se pierde una oportunidad real de curación. “Cuando finalmente hay disponibilidad, la enfermedad ya avanzó”, señala.

Pineda subraya que la discontinuidad en los tratamientos no solo impacta en la salud del paciente, sino que genera mayores costos para el sistema. Un cáncer avanzado implica tratamientos más largos, más complejos y con peores resultados, además de una fuerte carga emocional y económica para las familias.

Estas fallas, añade, afectan con mayor fuerza a los sectores más vulnerables, que dependen casi exclusivamente del sistema público de salud.

Brechas estructurales en el sistema de salud

En Ecuador, cerca del 80 % de la población recibe atención médica a través del sistema público. Para Pineda, uno de los principales problemas es la falta de planificación basada en datos y gestión clínica. “Si no sabemos cuántos pacientes tenemos, en qué estadio están y qué tratamiento requieren, el sistema siempre va a reaccionar tarde”, explica.

La ausencia de información consolidada provoca desabastecimiento de medicamentos, retrasos en diagnósticos y tratamientos interrumpidos, ampliando las brechas entre quienes pueden pagar atención privada y quienes no.

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En este 4 de febrero, Gabriela intenta resignificar su experiencia. “No lo veo como un enemigo, lo veo como un amigo que llegó a enseñarme algo”, dice. Reconoce que el proceso no ha sido fácil, especialmente por los efectos visibles de la enfermedad que afectan su imagen y su autoestima.

Su historia, contada en el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer, pone rostro a una problemática que va más allá de cifras y discursos: la urgencia de diagnósticos oportunos, tratamientos continuos y un sistema que no llegue cuando ya es demasiado tarde.

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