Galápagos
Instituciones académicas, técnicas y vecinos de Bellavista trabajan juntos para aplicar la Técnica del Insecto Estéril y reducir la presencia del Aedes aegypti.Cortesía/USFQ

Técnica del Insecto Estéril avanza en Galápagos para frenar el dengue sin insecticida

El proyecto integra a la comunidad en cada fase del proceso, desde la socialización hasta las liberaciones

En la parroquia Bellavista, en la isla Santa Cruz, provincia de Galápagos, la salud pública se ha convertido en un ejercicio conjunto entre academia, Estado y comunidad. Desde julio de 2025 se implementa la Técnica del Insecto Estéril (TIE), un método biotecnológico que busca reducir de manera progresiva la población del Aedes aegypti, transmisor de dengue, zika y chikungunya, sin recurrir a insecticidas ni alterar el frágil ecosistema insular. El proyecto ha transformado a Bellavista en un escenario de investigación aplicada donde la ciencia sale del laboratorio para dialogar directamente con los ciudadanos.

Campañas educativas en Galápagos 

El componente académico y de vinculación social está liderado por la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), institución responsable de la comunicación científica y del trabajo comunitario. Diana Rosero, vocera del equipo en Santa Cruz, explica que la prioridad ha sido traducir la evidencia técnica en un lenguaje cotidiano. “Nuestro enfoque es acercar la ciencia de manera clara, accesible y participativa, para que las familias entiendan cómo funciona la técnica y confíen en ella”, señala. Talleres presenciales, materiales gráficos y campañas locales han permitido que la población no sea espectadora, sino parte activa del control vectorial.

Como base metodológica, la USFQ aplicó un diagnóstico CAP (Conocimientos, Actitudes y Prácticas) en 390 viviendas, cuyos resultados evidenciaron brechas informativas y acceso limitado a tecnologías digitales. El 74,1 % creía erróneamente que todos los mosquitos pican y el 67,2 % manifestaba temor constante por su presencia. Estos hallazgos orientaron una estrategia de educación cara a cara. “Primero debíamos desmontar mitos; sin comprensión no hay participación”, comenta Rosero, destacando que más de la mitad de los hogares tiene niños, convertidos en aliados naturales para replicar mensajes de prevención.

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La intervención educativa se extendió a escuelas y espacios comunitarios. Más de 250 estudiantes de la escuela Caupolicán Marín participaron en estaciones interactivas donde aprendieron a reconocer criaderos, diferenciar machos y hembras y observar de cerca mosquitos estériles para comprobar que no pican. 

La segunda encuesta CAP mostró avances: dos tercios de los encuestados ya identifican correctamente que solo la hembra transmite enfermedades y la mitad reconoce que el macho estéril es inofensivo. “La confianza crece cuando la información se vive, no solo se escucha”, añade la representante académica.

Galápagos
Niños y docentes participan en jornadas interactivas que enseñan a identificar criaderos y comprender el funcionamiento de la Técnica del Insecto Estéril.Cortesía/USFQ

Producción y control de la técnica de insecto estéril

El soporte técnico y científico del programa está a cargo del Instituto Nacional de Investigación en Salud Pública (INSPI), que coordina la producción y control de calidad de los insectos. La iniciativa cuenta con el cofinanciamiento del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y se ejecuta de manera articulada con la Agencia de Regulación y Control de la Bioseguridad y Cuarentena para Galápagos (ABG) y la Escuela Politécnica Nacional (EPN). Cada institución aporta capacidades específicas: regulación y operación territorial, soporte nuclear para la esterilización y respaldo académico-científico.

En la biofábrica del INSPI, en Quito, se producen hasta 200 mil mosquitos machos estériles por semana. Tras el proceso de irradiación y control entomológico, los insectos son trasladados a Galápagos, reposan un día y luego se liberan de forma sistemática, con participación comunitaria. Aproximadamente 120 mil machos se dispersan cada semana en Bellavista. 

Varsovia Cevallos, investigadora del INSPI, subraya el alcance sanitario: “Es una estrategia específica y ambientalmente responsable; no usamos químicos y reducimos el riesgo de brotes al disminuir la densidad del vector”. Los monitoreos muestran niveles de esterilidad superiores al 99 % y reducciones marcadas de ovitrampas positivas.

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Más allá de las cifras, el proyecto deja una enseñanza cívica: la innovación en salud pública solo prospera cuando se integra a la cultura local. Bellavista no es únicamente un piloto científico, sino un modelo de corresponsabilidad social donde universidad, Estado y vecinos comparten decisiones y resultados. 

Con liberaciones previstas hasta julio de 2026 y planes de expansión a otras zonas del país, la TIE se perfila como una política sostenible que combina rigor académico y compromiso ciudadano, demostrando que proteger la biodiversidad y cuidar la salud pueden ser objetivos complementarios.

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